16 Editar la vida

Es una suave mañana en el sur de España. A través de la ventana unas palmeras se mecen suavemente y sus verdes hojas empiezan a brillar con el sol. En la casa de enfrente un niño muy rubio corretea en pijama alrededor del árbol de Navidad. En plena excitación reclama la atención de un padre somnoliento que intenta estar a la altura. El tiempo pasa rápido y lento a la vez. Las Navidades se acercan con más rapidez año tras año y pasan ya tan fugaces que no da tiempo a sentirlas, como las siente el niño. Y también pasa el tiempo con una lentitud tal que te permite saborear los detalles, cada detalle, la gaviota que se posa atenta en una cornisa, la chica joven que sale a fumar a la terraza y observa distraída las nubes, el jardinero en su diálogo interno con las plantas, una toalla descuidadamente abandonada en una silla…

 Lejos de Madrid la vida pasa de otra manera, más hacia dentro. La disminución del ruido externo nos permite reflexionar más sobre dónde estamos, sobre si estamos donde preveíamos estar el año anterior. A veces, sin necesidad de estar al borde de la muerte, uno puede ver pasar su vida delante de los ojos, como si fuera una presentación de Power Point. Y de la misma manera que en ellas, se pueden ir eliminando aquellas diapositivas que están fuera de foco o que su contenido no ha sido el más acertado.

 La vida está marcada por decisiones que se toman bajo unas circunstancias concretas. Al hacer consciente el pasado trayéndolo al presente, soy capaz de pensar de nuevo lo que hice, para tomar como si fuera la primera vez esa decisión, pero esta vez desde la sabiduría que tengo ahora. Es un ejercicio no justificativo que lo hago desde la misma distancia con la que preparo una presentación en el trabajo, pero con la profundidad necesaria para tocar los momentos importantes. Aquellos momentos del año en los que desearía haber actuado de manera diferente.

 Curiosamente al editar la presentación, el Power Point cobra una vida nueva, más en paz, más armónico, más en consonancia con lo que soy en esencia. Al aprender de cada momento oscuro, no lo justifico, simplemente analizo lo que podría haber hecho de tal manera que quizá no habría producido el dolor que produje o no habría creado una incertidumbre innecesaria, o simplemente todo habría fluido de otra manera.

 Quizá no son grandes cambios, pero son valiosos, tan valiosos como la sonrisa de una anciana a la que has escuchado con ternura, la mirada de una hija a la que has abierto un poco el corazón, o la tranquilidad de una cabeza apoyada en tu hombro.

 El niño sigue correteando alrededor de su padre, absorto ya con los mensajes del móvil. A lo mejor, en su Power Point del próximo año, esta diapositiva tiene que replantearla de otra manera.

 

 

15 ¿Soy un psicópata?

Para terminar el año bien, he descubierto que soy un psicópata. Según un artículo publicado en Muy Interesante, hay 10 rasgos de la personalidad que califican a una persona como psicópata, y … ¡Acabo de constatar que los tengo todos!

1 Falta de empatía. Esto es no poder sentir lo que sienten los demás. Así es, cuando me cuentan un episodio emocional, lo primero es intentar no escucharlo, pero si lo hago, me cuesta la vida intentar entender las emociones que está sintiendo la persona. Ya tengo bastantes dificultades intentando entender las emociones que siento yo.

2 Poder de manipulación. Es la capacidad de reconocer de qué cuerda debes tirar para engañar, manipular… Si, mea culpa, me considero suficientemente inteligente (aunque no se si eso tiene alguna relación con la inteligencia) para tener ese conocimiento, y, porqué no, usarlo de vez en cuando. Persuasión, manipulación… ¿dónde está la línea?

3 Irresponsabilidad. Comportamiento impulsivo, irresponsable, sin admitir errores y con la capacidad de volverse iracundo si se les acusa de algo. Remito la contrastación de mi personalidad en este punto a mis padres y , ex jefes y ex parejas.

4 Narcisismo. Esto es verse a si mismo como más inteligente (repasar el punto 2 como prueba), más poderoso, mas valioso que cualquier otra persona. Bueno, como disculpa tengo que decir que soy de Bilbao.

5 Mentirosos patológicos. Los psicópatas tienden a mentir continuamente y sus vidas conforman una tela de araña de engaños, falsedades y adulteraciones de la realidad. Esto reconozco que no lo hago mucho (o quizá esté mintiendo al escribirlo. Si soy un mentiroso compulsivo ¿cómo vas a saber si no te estoy mintiendo al decirte que no lo soy?

6 Encanto superficial. Los que me conocéis no dudareis ni un instante de mi encanto, buenas maneras, sentido del humor y afabilidad. Lo de superficial…

7 Falta de remordimientos. Esto es no sentirse culpable por lo que hacen o el dolor que infringen a otros. Yo duermo muy bien por la noche y eso a mi edad es, o que estoy muy satisfecho con mi vida y con mis actos, o una falta absoluta de conciencia.

8 Se aburren con facilidad. Por eso necesitan sobredosis de adrenalina. Mi dosis la consigo conduciendo en moto por Madrid, el resto del tiempo disimulo mi aburrimiento leyendo, escribiendo o viendo pelis.

9 Acoso o Bullyng. Los psicópatas disfrutan ejerciendo su poder sobre los más débiles. Quizá no de forma física, pero mental …

10 Poder y control. Todo debe hacerse de la manera que desean. Autoritarismo puro y duro, oui c’est moi.

Bromas aparte, (o quizá no es tan broma), resulta duro comprobar la delgada línea roja que nos separa de un psicópata. ¿Cómo lo llevas tu?

Para disfrutar de pura ironía británica, mezclada con inteligentes preguntas y reflexiones profundas, te invito a leer el libro de Jon Ronson ¿Es usted un psicópata?, un viaje a través de la industria de la locura, publicado por el Ediciones B. Como no podía ser de otra manera la conclusión es que hay muchos más psicópatas de los que nos gustaría creer.

14 Cartas de una muñeca

Hacia la mitad de la novela de Paul Auster, Brooklyn Follies, uno de los personajes cuenta una historia sobre Kafka. La historia parece ser cierta; he investigado un poco y aparece referenciada en una biografía de Kathi Diamant, sobre Dora Diamant (no hay parentesco entre ambas), amante de Kafka en el tiempo en que esto ocurrió.

Estamos en el último año de la vida del genial autor. En sus paseos por un parque de Berlín con Dora Diamant, se encuentra un día con una niña pequeña que llora desconsoladamente. Kafka le pregunta qué le ocurre, y ella contesta que ha perdido a su muñeca. La llamada del escritor surge rauda para explicarle a la niña lo que ha ocurrido: “Tu muñeca ha salido de viaje”, le dice. “¿Y tu cómo lo sabes?”, le pregunta la niña. “Porque me ha escrito una carta”, responde Kafka. La niña parece un poco recelosa “¿Tienes ahí la carta?”, pregunta. No, lo siento, me la he dejado en casa sin darme cuenta, pero mañana te la traigo.” La niña no sabe qué pensar, ¿es posible que este hombre misterioso esté diciendo la verdad?

Por supuesto Kafka vuelve inmediatamente a su casa y se sienta a escribir la carta. Dora le observa y ve la misma gravedad y tensión que cuando escribe su propia obra. La situación requiere un auténtico trabajo literario y está resuelto a hacerlo como es debido. Al día siguiente la niña le está esperando en el parque y como no sabe leer, Kafka lo hace en voz alta. Resulta que la muñeca estaba cansada de estar siempre en el mismo sitio y con las mismas personas y a pesar de que quería mucho a la niña, había decidido salir de viaje para ver mundo y conocer nuevos amigos. Le hacía falta un cambio de aires por lo que debían separarse durante un tiempo. Sin embargo, la muñeca promete que escribirá a la niña todos los días, manteniéndola al corriente de sus actividades.

Aquí es donde la historia toca el alma. Es increíble que uno de los más importantes autores del siglo XX, en sus últimos meses de vida, se tome la molestia de escribir una carta para consolar a una niña. Más aún, durante los siguientes 15 días irá todas las mañanas al parque a leerle las cartas a una criatura con la que se ha encontrado casualmente. La genialidad de Kafka puesta la servicio de la redacción de unas cartas escritas por una muñeca perdida. Dora dice que escribía cada frase prestando una tremenda atención al detalle, que la prosa era amena, precisa y absorbente. La muñeca crece, va al colegio, conoce gente; sigue dando pruebas de su afecto a la niña pero surgen cosas que la impiden volver. Finalmente la muñeca se casa. Describe al joven del que se enamora, la fiesta de pedida, la boda en el campo, y la casa donde van a vivir. Entonces, en la última línea, la muñeca se despide de su antigua y querida amiga.

“Para entonces la niña no echa de manos a la muñeca. Kafka le ha dado otra cosa con la que aliviar su desgracia. La niña tiene la historia, y cuando una persona es lo bastante afortunada para vivir dentro de una historia, las penas de este mundo desaparecen. Mientras la historia siga su curso, la realidad deja de existir.”

Metafórica historia donde las haya. ¿Cuál es la muñeca perdida de nuestra vida? ¿Quién es el Kafka? ¿Cómo es la historia que nos da calor en las noches de frío?

Muchos seguimos sentados en el banco del parque, esperando que la misteriosa persona nos vuelva a traer cartas. ¿Somos egoístas, o simplemente necesitados?

13 Pensamiento híbrido

La mezcla de conocimientos aparentemente no relacionados es la generatriz del pensamiento híbrido y, como tantas cosas, nace hace unos 2.500 años. En el siglo V y IV a.C., en la isla de Samos y en el resto de las colonias griegas del transitadísimo mar Egeo, surge una nueva forma de pensamiento que reflexiona y explica el mundo de una manera totalmente diferente. Dicho pensamiento sostiene que el mundo y todo lo que existe se compone de átomos, que los animales son evoluciones de formas más simples, que las enfermedades no son causadas por demonios o dioses, que la Tierra solo es un planeta más que gira en torno a una estrella muy lejana. Nació entonces el concepto de “cosmos” en oposición al de “caos”, es decir, la idea de que el universo es cognoscible, y por tanto analizable.  ¿Por qué surgen estas ideas tan avanzadas precisamente entonces?

Desde luego no es una casualidad. El mar Egeo era el centro de antiguos imperios, siempre cerrados a formas nuevas y prestos a la persecución de todo aquel que tuviera ideas diferentes. Sin embargo, en Jonia había muchas islas y ciudades recién colonizadas que, debido a su aislamiento relativo, propiciaban la diversidad y el surgimiento de nuevas ideas. La libre investigación se hizo posible porque ninguna concentración de poder aislada podía forzar a la conformidad, situándose ésta más allá de los imperios. Por tanto, había libertad, y también diversidad: en los puertos de Jonia se reunían mercaderes, navegantes y viajeros de África, Asia y Europa, y allí intercambiaban mercancías, leyendas e ideas, así como tradiciones, prejuicios, idiomas y dioses. Había una actitud abierta a experimentar y a cuestionarse los rituales y las viejas tradiciones. Surgían preguntas que conducían a otras nuevas, y las respuestas fueron construyendo un mundo racional y comprensible que aparcaba a los dioses y al misticismo.

El terreno estaba perfectamente abonado para que aparecieran personas como Tales de Mileto, que había viajado por Egipto y era conocedor de las ideas babilónicas sobre el origen de la Tierra; Anaximandro, que concluyó que el origen de la vida estaba en el agua, y el ingeniero Teodoro. También aparece Empédocles, y el gran Demócrito con sus átomos. Todos ellos utilizaron el pensamiento híbrido, nacido de la mezcla de saberes y conocimientos de orígenes dispares y fuentes consideradas muchas veces inapropiadas.

Es en las conversaciones interculturales, y sobre todo en la interdisciplinariedad, donde salta la chispa que conduce a la creatividad, a la innovación y al cambio. La innovación se da en mentes abiertas, capaces de romper esquemas y de hacer equipo con otras personas de formación y trayectoria diferente. Es precisamente a causa de estas diferencias que surgen sorpresas, pensamientos inesperados, algo híbrido y nuevo. Es el mestizaje entre conocimientos que nunca antes se había combinado lo que genera el descubrimiento. La hibridez surge del intercambio, de la fusión, del cruce.

Hay hoy en día una creciente necesidad de innovar, y es en la intersección de las distintas áreas de conocimiento donde se aloja este proceso. Hasta ahora la mayoría de las empresas nos hemos dedicado a desarrollar una serie de productos y servicios enmarcados dentro de una misma disciplina, apuntando a un mismo mercado. Trazamos una dirección y la seguimos sin desviarnos apenas, siguiendo una lógica cartesiana que se convierte a su vez en nuestro carcelero para la innovación. Con el pensamiento híbrido se abre un nuevo camino basado en lo ecléctico, en lo mestizo, en conectar piezas nunca antes puestas en consonancia.

12 El espejo

Hay un magnetismo especial en los espejos. Estamos acostumbrados a vernos en fotos, videos … Sin embargo la mirada en el espejo es diferente, es confrontante. Solemos estar solos y aunque a veces disimulamos haciendo cosas, afeitarnos, maquillarnos, mirar cómo nos quedan unos pendientes que acabamos de comprar, siempre hay ese instante en que no hacemos nada. Ese instante en el que nos miramos con ojos inquisidores y nos preguntamos quienes somos.

La respuesta no siempre es agradable y a veces la intentamos maquillar de diferentes maneras, sin embargo, la mirada que nos devuelve nuestro reflejo es la del otro Yo que sabe, que puede ser amable pero las más de las veces es implacable. ¿Cuánta diferencia existe entre el personaje tridimensional que se relaciona con otros y con el mundo, y ese otro ser que solo existe cuando observo mi rostro quieto.

Desgraciadamente (o afortunadamente ya que su final fue un poco trágico) no nos solemos tratar con la amabilidad con la que lo hacía Narciso ante las aguas inflexibles del lago. No es fácil mantener los ojos quietos pupila contra pupila. Y eso, ¿por qué?. ¿No será que seguimos preguntando si somos los más bellos del reino cuando ya hace tiempo que fuimos destronados? ¿No será que ese espejo como el Aleph borgiano contiene el universo todo, sin olvidar ni una sola de las partículas que lo componen?

¿Y si el miedo fuera ha que existe un cierto punto en el espejo desde el cual desaparecen las dicotomías que hemos arrastrado como creencias durante nuestra vida? Pensamos que todas las cosas tienen un opuesto: si el Cielo existe tiene que haber también un infierno; recuerdo el pasado por lo tanto tiene que llegar un futuro; hay cosas que puedo decir y otras son incomunicables… Es mediante estas contradicciones como construimos lo que percibimos y lo que pensamos que es real. Y así estos opuestos nos obligan a elegir, y tomar una decisión permite que uno de los objetivos en conflicto se convierta en la mira de tus esfuerzos.

Pero mira de nuevo al espejo, la decisión ya la has tomado, todo lo que ves está basado en lo que has aprendido y tus decisiones en la vida son el resultado de ello, pues se basan en lo que has aceptado como la verdad con respecto a lo que eres y a lo que son tus necesidades. Lo que ves es la verdad, y la verdad no se puede aprender sino tan solo reconocer. En este reconocimiento reside su aceptación, y al aceptarte, te conoces.

 

Prófugo de mi ser, que me despuebla

la antigua certidumbre de mí mismo,

busco mi sal, mi nombre, mi bautismo,

las aguas que lavaron mi tiniebla.

 

Me dejan tacto y ojos sólo niebla,

niebla de mí, mentira y espejismo:

¿qué soy, sino la sima en que me abismo,

y qué, si no el no ser, lo que me puebla?

 

El espejo que soy me deshabita:

un caer en mí mismo inacabable

al horror del no ser me precipita.

 

Y nada queda sino el goce impío

de la razón cayendo en la inefable

y helada intimidad de su vacío.

 

Octavio Paz (La caída)

 

 

 

 

 

11 La felicidad

Imagínate que eres creyente. Imagínate que una mañana te despierta un luminoso resplandor en tu habitación. Abres los ojos y todavía medio dormido contemplas una presencia que cubierta de luz blanca se va materializando ante ti. Es Dios, y comienza a hablarte. Empieza a explicarte por qué ha venido y para qué quiere que le escuches. Después de unas frases relacionadas con tu desarrollo espiritual, te revela finalmente el motivo de tu existencia. Con una claridad que no deja lugar a dudas te presenta con palabras de oro el propósito de tu vida. Se marcha, y con Él la luz. En tu mente queda grabado exactamente cuál es el sentido de tu vida y cómo lo puedes conseguir. Dios se ha apoyado en los valores que tienes para argumentar porqué es ese tu destino y no otro.

Sus palabras te resuenan dentro. En lo más profundo de tu ser sabes que es así. La vida te ha ido dando pistas, situaciones en las que esos valores han salido a relucir, y con ellos instantes increíbles de felicidad. Pero luego diversas causas han hecho que los relegues enterrándolos con más o menos profundidad bajo las capas del día a día.

Te levantas de la cama, te duchas y te vistes ensimismado, todavía afectado por la visión y a la vez extrañamente tranquilo. Miras tu ropa, los objetos que te rodean, tu casa, y nada parece real, pues nada realmente apunta hacia la consecución de esa meta de vida que ahora se presenta límpida ante ti. Distintos momentos de tu pasado vienen a tu memoria hasta que todas las piezas del puzzle de tu existencia encajan en perfecta armonía.

Y ahora, ¿qué vas a hacer? ¿con qué sentido te vas a sentar delante del ordenador, o dar la clase, o atender a un cliente, o ponerte el uniforme de guarda jurado o conducir a tus hijos al colegio?

El temor de ver y reconocer nuestros grandes valores es que puede abrirse una bifurcación en el camino de nuestra ya trazada vida. Una vida encauzada, tranquila, quizás incluso agradable, donde tapábamos ese cierto vacío interior con el trabajo, la pareja, los hijos o el fútbol. Si hemos venido con un valor a esta vida, sabiéndolo, ¿cómo íbamos a ser capaces de no utilizarlo? Al sernos revelado, nuestra zona de confort revienta, el orden establecido se altera y con un nuevo mapa en la mano emprendemos el camino incierto de la felicidad.

Esto no quiere decir que conocer nuestros valores va a dar un giro de 180 grados a nuestra vida, lo que quiere decir es que tienen que estar incorporados en ella, y todo lo que nos aparte de los mismos tenemos que dejarlo de lado. Si, el valor implica compromiso, y ese es el motivo por el que los mantenemos olvidados en el inconsciente. ¿Serías capaz de escribir en un papel 6 valores que tengas?, 6 fortalezas positivas que corren transversalmente en tu vida de manera natural, que tu pareja, amigos, compañeros y jefes ven y son capaces de nombrarlos. Si has sido capaz, ¿puedes ahora buscar uno más? ¿puedes buscar ese valor diferencial que al activarlo puedes llegar a un grado de excelencia importante? Es ese valor que cuando lo utilizas pierdes la sensación de tiempo y espacio, pero también es ese valor que suele estar escondido. Nuestro valor diferencial es la llave para la felicidad, que jugamos a buscar mirando casi siempre en el lugar equivocado.

10 Aprendiendo de la web: Be responsive

Estamos rediseñando nuestra web en el Instituto Hune y una pregunta que se intercambia con frecuencia entre nuestra diseñadora Mayte y nuestro programador Raúl, es: “… pero, va a ser responsive, ¿no?” Un diseño web responsive es aquel que busca una correcta visualización de una misma página en distintos dispositivos, desde ordenadores a tabletas o teléfonos móviles. Es decir la web de Hune se redimensionará y colocará sus elementos de forma que se adapten al ancho de cada dispositivo permitiendo una perfecta visualización y una mejor experiencia de usuario. Se adaptará a todos los navegadores, todas las resoluciones de pantalla y todas las velocidades de conexión.

No se tu, pero a mi me da la sensación de que mi web me acaba de adelantar por la derecha, ¿cómo de responsive soy yo? Tanto el objetivo de la web como mi objetivo personal son el mismo: que las personas aprovechen la página, que tengan una experiencia de usuario grata, y accedan a los contenidos que nosotros queremos. Y esto es aplicable a cualquier empresa: que los consumidores aprovechen los productos o servicios que ofrecemos, que tengan la mejor experiencia de usuario y que accedan a nuestros contenidos. Y desde luego es aplicable a las relaciones interpersonales, donde deberíamos cuidar lo que aportamos, mimar la experiencia de estar con nosotros y permitir un fácil acceso a quienes somos (y no me refiero al nombre y apellido, sino a quienes somos de verdad)

¿Me adapto yo a todos los navegadores y sistemas operativos? En cierto plano todos las personas somos iguales, sin embargo en otros planos somos tan distintos que puede llegar a poner los pelos de punta. Si yo fuera responsive, disfrutaría de esas diferencias que nos hacen tan tremendamente interesantes: nuestro diferente temperamento, carácter, cultura, educación, genética… la diversidad nos enriquece como personas y nos aúna como seres humanos. Las primeras diferencias las vemos en nuestro exterior, nuestros navegadores: si somos hombre o mujer, raza, altura, color de ojos… pero lo que es realmente diferenciador es nuestro sistema operativo: cómo pensamos, como concebimos el mundo, nuestros valores y creencias, nuestra percepción de nosotros mismos y nuestro contexto inmediato…

¿Me adapto a todas las dimensiones y todas las resoluciones de pantalla? Si soy una persona intuitiva, soñadora, creativa, que ve las cosas de manera global… ¿me adecuo a las personas más racionales, analíticas, lógicas y que ponen foco en los detalles? Mi padre era ingeniero, sus amigos eran ingenieros, su vida era “ingeniero” Eso, gracias a Dios va cambiando en lo personal y sobre todo en lo profesional. Ahora los ingenieros trabajan con biólogos, diseñadores, artistas, preguntan a los usuarios y piensan más allá de los objetos tendiendo un puente hacia las personas. ¿Lo hago yo? ¿cómo de diversos son mis amigos en este mundo tan globalizado?

¿Me adapto a todas las velocidades de conexión? Hay personas que somos analíticas, que necesitamos tiempo para ver las cosas desde varios puntos de vista, que sopesamos las decisiones con miedo a cometer errores, que valoramos la precisión sobre la eficiencia… Pero también hay personas de acción , de resultados, cuyo objetivo es precisamente llegar a la meta cuanto antes para acometer un nuevo reto. Nuestros anchos de banda son distintos, ¿cómo de capaz soy de empatizar con el “lento” o intentar comprender al “rápido”?

Los estudios dicen que las personas esperamos de media 5 segundos para desistir del acceso a una web. Ese es aproximadamente el tiempo que nos damos unos a otros antes de entrar a juzgar, valorar o criticar a una persona. Mi propósito, como el de mi web, es que mi contenido a partir de hoy sea correcto, conciso, claro y breve para que sea fácil de “descargar”, pero lo suficientemente enriquecedor para que ayude correctamente a la comprensión de quién soy. Voy a adaptar mi contenido para no ofrecer información innecesaria que no aporte valor a las relaciones. La forma es crucial, la velocidad es importante, pero el contenido es el rey, de tal manera que la experiencia de usuario de las personas con las que me relacione sea óptima, sobre todo para ellos.

Be responsive my friend.

09 No recuerdos

Su padre le contaba como la abuela, después de la comida del domingo, les preguntaba a los cinco hermanos qué querían de postre. Yo plátano, yo una pera, para mi ciruelas, contestaban. Muy bien, replicaba ella, pues manzana para todo el mundo que es lo que hay. Su madre recordaba el miedo que le tenían los compañeros de colegio de su tío, pues cuando se metían con él, ella llegaba corriendo y los agresores salían despavoridos: ¡que viene la gorda!, ¡que viene la gorda!.

Él, sin embargo, era un hombre sin recuerdos. Sí, recordaba la primera vez que subió en moto o una vez cuando acarició la áspera trompa de un elefante. Se acordaba de pasear por la rosaleda y de un concurso de pintura que ganó a los 8 años. Sin embargo, nunca estaba seguro si eran recuerdos reales o forzados a través de mirar fotografías antiguas. Las guardaba en una gran caja de cartón marrón de bordes desgastados, en un altillo del armario de la entrada. Solía buscar dentro, sacar una foto al azar y, a partir de ella construir una historia. Seguramente al principio tenían esas historias alguna conexión con una realidad congelada en blanco y negro. Pero llevaba demasiados años jugado como para distinguir ahora dónde empezaba lo que realmente mostraba la foto, dónde lo que su madre le había contado sobre ello, y dónde lo que la imaginación, siguiendo su propio camino, le mostraba. Lo que había comenzado como un juego pasando luego a obsesión, se había convertido en una sustancia capaz de borrar la aparentemente indeleble tinta del pasado.

Seguía añadiendo imágenes a la caja y poco a poco las historias fuero siendo de tiempos más recientes. Inconscientemente al principio y luego con científico interés, se propuso que el tiempo se solapase sobre sí mismo. La estrategia consistía en provocar que los días fueran exactamente iguales. Haciéndolos idénticos unos a otros el tiempo se pararía y las historias de las fotos adelantarían eventualmente a su realidad.

Le resultó fácil en su ya rutinaria vida conseguir hacer todos los días lo mismo y a la misma hora. Compró varios juegos de la misma ropa, que se ponía independientemente del clima, y en su trabajo era casi inevitable la monotonía. Solo había pequeños detalles imposibles de controlar, un saludo, una mirada, alguien en el ascensor o un día de lluvia, pero eran pocos y fáciles de eliminar.

Lo acabó consiguiendo. Perfeccionó la técnica de tal manera que incluso decoró las habitaciones de su casa de manera idéntica para no diferenciarlas entre sí, dominando de una vez el tiempo y el espacio.

Al final ocurrió. Un día notó que no tenía que forzar las situaciones, que ya ni siquiera necesitaba la ayuda de las fotografías para inventarse su propia vida. Las historias manaban en un fluir continuo. Pronto no necesitó salir de casa, ni levantarse de la cama, ni abrir los ojos.

Así le encontraron. En la cama, sonriente.

08 La permanencia del cambio

Jasón fue educado por un Centauro hasta que cumplió los 20 años, y a esa edad se dirigió a Yolcos para reclamar a su tío el trono que por herencia le pertenecía. Estas cosas de reclamar tronos evidentemente no son tan fáciles, así que el tío Pelias le puso una misión, a priori imposible de cumplir, como condición a su reinado: Viajar hasta la Cólquida y traerle de allí la piel de un carnero fabuloso que había salvado la vida de uno de los antepasados del susodicho tío. Esta piel, que era de oro, se encontraba depositada en un árbol custodiado por dos toros que arrojaban fuego por la boca y una serpiente que nunca dormía.

Lo primero que hizo Jasón fue contactar con un nutrido grupo de amigos, entre los que se encontraban lo mejor del momento: Hércules, Orfeo, Polifemo, Castor, Euritión… y así hasta 50 héroes que le acompañarían en su arriesgado viaje. También Atalanta, la gran heroína rebelde les acompañó en la travesía.

Ya tenemos la tripulación. Ahora nuestro héroe necesitaba un navío que estuviese a la altura, tanto de la misión como de tan ilustres marineros. Así nació Argo. Construido de la madera de roble procedente del oráculo de Dódona. Como buen Google Car de la época, tenía los dones del habla y de la profecía. En él partieron nuestros amigos y, como en todo poema épico que se precie, les ocurrieron un sin fin de aventuras: se aliaron con las mujeres de la isla de Lemnos; lucharon contra las Harpías, esos monstruos voladores con cara de mujer, garras y alas; superaron el peligro de las Rocas Azules, dos peñascos flotantes que chocaban entre si aplastando a todos los que pretendían pasar entre ellas; y finalmente llegaron a la Cólquida. Jasón entonces, tirando de sus encantos, enamoró a la hija del rey Eetes, que tenía el plus de ser hechicera, lo cual siempre es bueno para librarse de dos toros escupidores de fuego y una serpiente que nunca duerme. Finalmente, tras sortear tempestades, superar el asedio de las Sirenas y el ataque de los monstruos Escila y Caribdis, llegaron de vuelta a Yolcos llevando con ellos el preciado Vellocino de Oro.

Como os podéis imaginar el viaje no duró dos ni tres días y a lo largo de las intensas batallas Argo iba poco a poco perdiendo su madera original, siendo sustituida por la de los diversos lugares por los que fueron pasando, de tal manera, que al final del trayecto, el barco que llegó se seguía llamando y era igual que Argo, pero no quedaba del original ni una sola pieza. Lo más curioso es que, a pesar de ello, no había perdido ninguna de sus propiedades.

Es lunes, espero que así sea mi semana, mi travesía por la Navidad, el paso por la Semana Blanca y la Semana Púrpura para llegar al verano cambiado pero sin haber perdido ninguna de mis propiedades. Y así un año tras otro, esperando no encontrar nunca el Vellocino de Oro que ponga fin a la aventura y sin embargo buscándolo ansiadamente. Engañándome con un propósito para disfrutar de un camino en continuo cambio, en una transformación modelada por las mil experiencias que nos hacen grandes y que dan sentido a nuestra vida.

07 el algoritmo de aprender

En la demanda de divorcio Mary Louise Bell expuso: “Él comienza a trabajar con problemas de cálculo en su cabeza tan pronto como se despierta. Hacía cálculo mientras conducía su coche, mientras estaba sentado en la sala de estar, y mientras estaba acostado en la cama por la noche.”

Esta queja era espetada contra una de las mentes mas brillantes del siglo pasado. Y es que, efectivamente, Richard Feynman no paraba de calcular, de aprender, de aportar. Solo los nombres de las distintas formulaciones en las que participó hacen de este personaje un portento: teoría de la electrodinámica y mecánica cuántica, física de la superfluidez del helio, modelo Parton para la física de partículas, diagramas de Feynman… También ayudó a desarrollar la bomba atómica, introdujo el concepto de nanotecnología, y ganó el Premio Nobel de Física en 1965. Además era ocurrente, divertido, aficionado a tocar los bongos y tremendamente excéntrico.

Sin embargo una cabeza tan compleja y privilegiada nos donó a los mortales de a pie un algoritmo para aprender. En el fondo, de eso se trata la vida, de aprender. En el Instituto de Tecnología de California donde daba clases, se le conocía como el “gran explicador” debido a que su principio rector era que no poder explicar algo que entendiera un alumno de primer curso, quería decir que ese tema aún no estaba suficientemente entendido. Se oponía al aprendizaje memorístico o a cualquier forma de aprender que antepusiera la forma a la razón.

Su técnica de aprendizaje es tan simple como efectiva y nos ayuda tanto a aprender nuevos contenidos como a identificar conceptos que todavía no manejamos muy bien.

Paso 1: Enséñaselo a un niño

Toma una página en blanco y escribe como título el concepto que quieres aprender. Escribe todo lo que sepas de ese tema, pero como si se lo estuvieras contando a un niño de 8 años. El objetivo es que no nos escondamos detrás de nombres técnicos y realmente averigüemos con cuanta profundidad manejamos el tema

Paso 2: Revisión

En el paso anterior habrás notado brechas en tu conocimiento. Conceptos que no has conectado del todo bien o ideas que quedan sueltas. O simplemente has olvidado cosas importantes. Eso es bueno, acabas de descubrir los límites de tu conocimiento. Vuelve ahora y busca la información que rellene esos huecos y tu aprendizaje real habrá comenzado.

Paso 3: Organiza y simplifica

Reúne todas las nuevas notas que has recogido del paso anterior al buscar más información y organízalas de manera fluida en una historia. Léelas en voz alta. Si todavía suena confuso quiere decir que tu entendimiento del tema todavía necesita trabajo.

Paso 4: Compártelo

Este paso es muy bueno y opcional. Si realmente quieres estar seguro de que has comprendido perfectamente el tema , cuéntaselo a alguien. Lo ideal es que sea una persona que sabe un poco de la materia. Cuando sabemos algo tenemos confianza en nosotros, pero cuando lo compartimos adquirimos la seguridad.

La inteligencia, como la creatividad, es un proceso de aprendizaje continuo. La idea de este ejercicio es no solo aprender cosas nuevas sino testar nuestros conocimientos en aquellas materias que pensando que las dominamos con soltura, a lo mejor no es tanto así.

El primer principio es que uno no se debe engañar a sí mismo y uno es la persona más fácil de engañar”        Richard Feynman