26 Salgo a la vida

Llevo un par de meses sin abrir esta ventana y hoy me da miedo. Fuera está oscuro y llueve. Una lluvia continua de lágrimas de ojos que ya no dan mas de sí exigidos al máximo por los corazones desolados que los alimentan. Antes era distinto. Antes una resplandor continuo lo iluminaba todo. Era fácil sortear las piedras, no caer en los agujeros y saber el camino adecuado cuando éste se bifurcaba. Antes era siempre de día. Antes era incluso poco agradecido con esa fuente de luz porque estaba siempre ahí, luminiscente y presente cada segundo, todo el tiempo, sin interruptor de apagado, sin una fuente que la alimente, con un halo celestial que lo envolvía todo. Y yo me alimentaba, y todos nos nutríamos de ella.

Ahora tengo miedo. Ahora la única luz que hay es la que yo sea capaz de irradiar desde mi. Y no sé cuanta es. Y tengo miedo a las piedras, los agujeros y las bifurcaciones, y añoro esa luz que estará iluminando otros caminos y que quizá, con el mismo miedo que yo, intentando encontrar el suyo. Ojalá pudiera devolverle el favor y ser un pequeño faro en su camino, pero esto no funciona así.

Que bueno sería poder estar donde ella está, sentir su calor de nuevo, su eterna presencia, su aliento. Acompañarla en su camino, acompañarla en cualquier camino, acompañarla siempre.

Hablo solo en casa. Doy vueltas por el parking del centro comercial buscando mi coche. Miro el teléfono extrañado de no haber recibido ningún mensaje de ella. Se estrangula sola la garganta, convulsivamente, y busco un lugar solitario donde taparme la cara y sollozar egoístamente porque ya no está. No comprendo porqué las personas siguen entrando en la oficina, por qué comen, para qué sigue girando el mundo.

Este fin de semana he abrazado más personas que en los últimos tres años. Personas que amaban, que no comprendían, que apoyadas en mi hombro buscaban entre lágrimas reconocer un cuerpo que ya no está con nosotros. Y llega el dolor como una ola que nos arrastra irremisiblemente hacia lo más profundo de nuestro ser, y parece que nada puede parar esa fuerza inalterable que todo lo consume. Y no entienden por qué, y les parece injusto, y no se atreven a mirar hacia adelante porque, igual que yo, tienen miedo. El misterio de la vida es fascinante, el vacío que deja la muerte es aterrador. Te obliga a encontrarte a ti mismo.

“… el terror interior es mucho más verdadero y mucho más poderoso que cualquiera de nuestras etiquetas: las etiquetas cambian, el terror es constante. Y este terror tiene algo que ver con esa brecha irreducible entre el yo que uno inventa (El yo que uno cree que es, el cual es sin embargo, y por definición es un yo provisional) y el yo incierto que siempre tiene el poder de hacer pedazos al yo provisional.”                James Baldwin

Y salgo a la vida, inmensamente agradecido por el tiempo pasado y bendecido por las decenas de personas que olvidándose de su propio dolor intentan consolar el mío.

25 Piensa en ti

Hoy es un día muy especial. Como cuando pasa el cometa Halley, nace nuestro primer hijo o tenemos una revelación. Hoy puedes levantarte del ordenador desde el que estás leyendo este post, salir a la calle, entrar en la primera librería que veas y comprar “Piensa en ti”. Es el primer libro de Joaquina Fernández y ha visto la luz gracias a su valentía y entrega con un poco de presión colectiva, que ha cristalizado en este compartir con todos esa visión tan particular que tiene de la vida. Si conoces a Joaquina no hay mucho más que decir y ya habrás salido corriendo a comprar tu ejemplar. Si no la conoces solo te puedo decir que es la responsable del cambio de cientos de personas con su profunda mirada al alma.

Este libro es la primera oportunidad para que las personas que a lo mejor solo conocéis a la autora a través de los videos de Youtube, que muestran solo pequeños fragmentos de su mente lúcida, tengáis a vuestro alcance una parte completa de su pensamiento. Una invitación desde la luz a cambiar tu vida, no desde falsas expectativas o desde un contexto turbio, sino pensando en ti mismo. En ti como actor, guionista y director de una vida que te pertenece y que si deseas algún cambio en ella, solo lo puedes tu. Y es un movimiento consciente que Joaquina te enseña a diseñar, como se diseña un edificio, desde los cimientos, desde cada paso, desde el ser.

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Hay libros que cambian vidas. Libros que como llaves maestras abren algunas puertas cuyos goznes, oxidados por el paso del tiempo, se niegan a responder a tus forcejeos. Este es uno de ellos. Escrito por alguien que ha vivido lo que cuenta, que no pide nada que no haya realizado ella con anterioridad y que extiende una sabiduría sólida desde la experiencia personal. Aquí no vas a leer metáforas sino historias reales de superación y cambio. Pero no es un libro de historias, es el libro de tu historia.

Si quieres además una experiencia entrañable, ven este fin de semana a la Feria del Libro de Madrid. Estará firmando ejemplares en la caseta número 264 de Espasa Calpe, el domingo 4 de junio, de 12:00 a 14:00. Te sonreirá, te agradecerá haber comprado su libro y te preguntará: ¿eres feliz?

 

24 Salto cuántico

Un salto cuántico es un cambio de estado discontinuo que hace un electrón al saltar de un nivel menor a otro de mayor energía de modo prácticamente instantáneo. Lo interesante del fenómeno es que rompe con el principio filosófico de Newton de que la naturaleza no produce discontinuidades (saltos).

Hace unos días tuve una discontinuidad. Acudí una cena con un grupo de personas mayores. Todos hombres. Fue un encuentro muy agradable donde se hablaba mayoritariamente del pasado remoto, muy remoto.

Fue una reunión con un principio curioso debido a que las personas que íbamos apareciendo no éramos sino extraños, coincidiendo por primera vez en un momento espacio – temporal único. Nos mirábamos divertidos buscando en nuestros archivos mentales trazas de rostros vagamente familiares.

Nombres y apellidos cincelados en el pasado con la repetición diaria de listas alfabéticas, despejan sombras intentando arrojar luz sobre los desconocidos. Y llega el momento de las historias, las anécdotas que dejan en evidencia cómo picoteamos de manera arbitraria en el banquete de la vida,  trayendo al presente pasajes aparentemente insignificantes. Pero si lo son, ¿Para qué los retuvimos? La memoria hace una selección caprichosa y una evocación muchas veces incomprensible. Es difícil saber porqué recordamos algunas cosas en apariencia absurdas y olvidamos otras que en su momento parecieron transcendentes.

Las miradas se cruzan amistosas sin resentimientos, con el cariño que da la distancia de los hechos . Hemos cambiado mucho pero en el fondo hemos evolucionado tan poco. Reconozco en el brillo oculto de los ojos a los mismos niños prisioneros en unos cuerpos moldeados por ilusiones más o menos alcanzadas, batallas ganadas y perdidas, sueños olvidados o recuperados en el último momento, anhelos de amor o de éxito. Unos niños a los que la vida no les ha quitado las ganas de jugar, de reír, de compartir…

Cuando el tiempo se comprime y en un instante se va de la niñez a la edad madura, la vida pasa en fracciones de segundo, desplegada, para que el escrutinio de la conciencia la evalúe. ¿Cuánto de ese niño queda en mi? ¿Cómo de desgastada está mi alma ante los embates y caricias de la vida? El niño está y no está, como Argos, las piezas se han ido desgastando y han ido siendo sustituidas por otras. De las personas con las que estoy compartiendo mesa solo quedan recuerdos más emocionales que reales y la paradoja del tiempo me interroga de nuevo.

Confrontado con el paso de la vida me doy cuenta de que el tiempo es invisible, lo usamos y gastamos con demasiada ligereza. Cuando ocurren estos saltos cuánticos me doy cuenta del valor real que tiene y de su inevitable movimiento: avante, siempre avante, irreversible. Si tirara el dinero por la ventana, pensarías que estoy loco. Sin embargo puedo generar más dinero. ¿Y tiempo?

“Pequeña parte de la vida es la que vivimos: porque lo demás es espacio, y no vida, sino tiempo.”

Cartas a Paulino (De la brevedad de la vida) Lucio Anno Séneca

(Un abrazo a mis compañeros de La B del Pilar de 1961)

23 Las dos vidas

La mayoría de nosotros tenemos dos vidas: la que vivimos y la interior que no vivimos. Nuestra felicidad va a depender de cuán separadas están y cuanta resistencia ponemos para que la brecha que las separa no desaparezca. Casi siempre suele ser miedo, sin embargo, tener miedo es una buena señal. Cuanto más miedo tenemos a hacer algo concreto, más sabemos que eso es importante para nosotros y que lo deberíamos acometer.

¿Querías ser bombero o enfermera de pequeño? ¿Has pensado alguna vez en entregar tu vida a ayudar a otros? ¿Alguna vez has querido ser madre, o periodista, o inventor, o escritor? ¿Te habría gustado estudiar medicina para ayudar a restablecer la salud de otros? ¿Eres un emprendedor que trabaja en un banco, un pintor que dirige un negocio o una actriz que dirige RRHH en una multinacional?

“Desde muy temprana edad, tal vez a la edad de cinco o seis años, sabía que cuando yo creciera debería ser un escritor. Entre las edades de unos diecisiete y veinticuatro años traté de abandonar esta idea, pero lo hice con la conciencia de que estaba ofendiendo mi verdadera naturaleza y que tarde o temprano tendría que sentarme y escribir libros “.  George Orwell

Seguro que has oído alguna historia de alguien que fue diagnosticado de alguna grave enfermedad y cambió radicalmente su vida: dejó el trabajo y se dedicó los últimos años de su vida a lo que realmente le apasionaba, sea esto lo que fuere. Esas historias suelen acabar con que la enfermedad remite. ¿Necesitamos una prueba así para dedicarnos a nuestra pasión? No quiero decir que las enfermedades crónicas se curen simplemente haciendo uso de nuestro genio, poniendo nuestro valor al servicio del resto del mundo, pero, ¿debemos esperar a que la calavera nos mire desde sus cuencas vacías para que nuestras dos vidas formen una sola?

Mira en tu corazón, quizá todavía puedas oír la suave voz de tu genio. Es una voz familiar, la has escuchado decenas de veces. Antes era una voz potente y vigorosa, ahora puede que sea solo un murmullo, pero sigue ahí. Escúchala

22 Interpretación más respetuosa

Quizá el más famoso de los discursos de graduación en universidades estadounidenses sea el de Steve Jobs (para los que vivís en una burbuja lo podéis ver aquí) Sin embargo el que David Foster Wallace pronunció en la universidad de Keyton en 2005 tampoco tiene desperdicio. (Lo puedes ver completo aquí). Tanto es así que también se publicó como libro: “Esto es agua” (no, no es el “be water” de Bruce)

Es el único discurso de este tipo que dio en su vida, y en él acomete varios temas: aprender a pensar, el trascender de lo cotidiano, la Verdad, la vida… pero, sobre todo un aviso a los graduados de cómo no ver el mundo desde el punto de vista de uno mismo. Un punto de vista que todos tenemos instalado por defecto.

Tenemos la tendencia a ver todo desde nuestros ojos pero además lo hacemos desde nuestra mirada. Es decir, vamos conduciendo en un atasco saliendo o entrando de Madrid y nuestro pensamiento es ¿a dónde irán todos estos? ¿no podrían haber elegido otra hora para salir? Nos percibimos como perjudicados del problema y no tanto como causantes del mismo.

“Todo lo que conforma mi experiencia inmediata apoya mi creencia profunda en el hecho de que y soy el centro absoluto del universo, la persona más real, nítida e importante que existe. Casi nunca pensamos en este egocentrismo tan básico y natural, debido al hecho de que es socialmente repulsivo, y sin embargo en gran medida todos lo padecemos, en el fondo. Es nuestra configuración por defecto que nos viene de fábrica al nacer”

 Parece algo obvio pero, ¿cuántas veces lo tomamos en consideración? Generalmente operamos en automático, especialmente en esas situaciones aburridas del día a día: la cola del supermercado, salas de espera diversas, en el coche… Miramos alrededor desde nosotros y pensamos que la viejecita, al volcar todo su monedero delante de la cajera para buscar los 43 céntimos que le hacen falta, lo hace a propósito para fastidiarnos; o el que se cuela en la caravana de coches justo delante de la posición que llevamos manteniendo media hora e inmediatamente nos enfadamos y pensamos que es un listillo que a sabiendas se quiere ahorrar toda la fila.

Hay otra forma de pensar. Es lo que los americanos llaman Most Respectful Interpretation (Interpretación más respetuosa). Es una opción que rompe con la forma habitual de nuestro pensamiento egocéntrico. ¿Y si el señor que se acaba de colar en la fila está intentando ir rápido al hospital porque le acaban de comunicar que han ingresado de urgencias a su mujer? ¿Y si el funcionario que parece que no nos atiende con la celeridad que necesitamos necesita ese tiempo extra para digerir una vida no muy satisfactoria?

Quizá las personas que se mueven en el mundo no lo hacen a nuestro alrededor, simplemente se mueven y, como nosotros, tienen una necesidad legítima de hacer lo que hacen.

21 El culo de dos caballos

Esta leyenda urbana lleva correteando por internet y es casi un clásico: Unos alumnos de postgrado canadienses recibieron el encargo de investigar el por qué del ancho de vía en los ferrocarriles del país. Empezaron su investigación y lo primero, claro, fue medir el ancho de vía: 4 pies y 8,5 pulgadas (1,43 metros). Descubrieron que era la misma medida que utilizaban los trenes norteamericanos, que habían sido diseñados por ingenieros ingleses quienes habían traído los planos de su país. La medida seguía siendo extraña. Al seguir buscando encontraros que los ingenieros que diseñaron el ferrocarril fueron los mismos que habían diseñado el tranvía y utilizaron los mismos métodos y herramientas. Siguiendo con la investigación descubrieron que los antiguos carromatos ingleses transitaban por unas rutas que medían 4 pies y 8,5 pulgadas, y averiguaron que esas rutas, en realidad habían sido diseñadas por los romanos hace 2.000 años, para que transitaran por ellas sus legiones. Y ¿por qué los romanos habían establecido un ancho de 4 pies y 8,5 pulgadas para todas las rutas del Imperio? Simplemente porque los carros romanos eran instrumentos de guerra tirados por dos caballos, que galopaban uno junto a otro y debían estar lo bastante espaciados para no estorbarse. 4 pies y 8,5 pulgadas es el ancho del culo de dos caballos.

En una prolongación de la historia, si observamos la nave espacial estadounidense en su plataforma de lanzamiento, veremos dos depósitos adicionales adjuntos al principal. Fueron fabricados por Thiokol en Utah y debían ser enviados por tren a Cabo Cañaveral atravesando un túnel bajo las montañas Rocosas. Dado que los depósitos debían pasar por ahí, y el túnel es apenas más ancho que las vías del tren, se dimensionaron con la medida del culo de dos caballos.

Escuché esta historia en la charla TEC que Ronald Shakespear impartió en Río de la Plata en 2013. Toda la charla es muy interesante y amena, especialmente su visión de la creatividad (o debería decir no creatividad). Pero me quedé pensando es esta historia de entre las muchas que cuenta. ¿Cuántas cosas hacemos por inercia, sin cuestionarnos ya su sentido, su lógica o su procedencia? Lo hacemos porque es más fácil, o porque siempre se ha hecho así. Nos cuesta cambiar y cuestionar el status quo. Sin embargo, solo haciéndolo podemos progresar, descubrir nuevos horizontes, encontrar el por qué de las cosas para, refutándolas, reformularlas.

Llevado esta a nuestra vida personal ocurre un poco de lo mismo, repetimos patrones de conducta aprendidos sin cuestionar que puede haber otras formas de hacerlo, pensarlo o sentirlo. Pienso que una personas creativa en su vida personal y profesional aprende mirando todo con los ojos curiosos de un niño para el que todo es nuevo, todo es cuestionable. No olvidemos a ese niño en la edad de los porqués que reta continuamente a sus padres y maestros sobre la esencia misma de las cosas. ¿Por qué las mesas son rectangulares? ¿Por qué cuando sea mayor no puedo ser una cebra? ¿por qué sois vosotros mis padres?

 *La historia original parece ser que apareció por primera vez en la revista Pour la Science en una columna de Didier Nordon de título “Bloc-Notes”

20 Perseguir un sueño

El fracaso te acechará mientras persigas metas inalcanzables. Si buscas la permanencia en lo pasajero, el amor donde no se encuentra, la seguridad en medio del peligro y la inmortalidad en las tinieblas del sueño de muerte. ¿Cómo puedes triunfar cuando la contradicción es el marco de tu búsqueda? El tema es que las metas que no tienen sentido son inalcanzables. Siento con frecuencia que voy detrás de lo imaginario y me doy cuenta de que es una búsqueda de lo que no es nada.

La semana pasada leí en una pared de la incubadora de empresas en el TEC de Monterrey: “Hay personas que sueñan cosas, y personas que están despiertas y las hacen realidad”. Me pareció una frase maravillosa que aterriza lo aparentemente obvio y rebaja la sobrevalorada frase: persigue tus sueños. No estoy diciendo que no haya que perseguir los sueños, lo que quiero decir es que si los sueños están en las nubes, no podemos correr por las nubes tras ellos. Debemos correr por la superficie de la tierra alzando los ojos de tanto en tanto para no perder la ilusión.

Esa forma abstracta de perseguir sueños quizá nos venga de la maniquea frase “El sueño americano” , pero no nos olvidemos que Norteamérica era un sueño del siglo XVI cuando los pioneros ingleses intentaban persuadir a sus conciudadanos para que se movieran hacia las colonias, cuando se vendían parcelas de 640 acres (1 acre = 4.000 m2) a 1 dólar y el expansionismo hacia el Pacífico estaba en pleno auge. Ahora estamos en la época del muro. Y, para no abandonar el continente, ¿perseguía Luther King una meta inalcanzable?.

Es fácil poner ejemplos que nos hagan distinguir objetivos alcanzables de los que no lo son, la dificultad está, como tantas veces, en esas zonas grises que se yuxtaponen en la periferia de los dos extremos. Si yo quisiera ser el primer hombre sin experiencia previa y sin equipo en escalar el Everest, sin duda todos reconoceríamos una meta imposible. De la misma manera, si mi objetivo fuera leer todos los días un párrafo para reforzar mis hábitos de lectura, sería un objetivo excesivamente fácil de alcanzar.

Entonces, ¿cómo saber si mi sueño es suficientemente retador, sin que sea frustrantemente inalcanzable?

Son tres las áreas que debemos chequear, y si están alineadas… ¡a por ello!. En primer lugar: ¿está relacionado mi sueño con mis conocimientos, con lo que yo sé, he estudiado, tengo la experiencia?, en definitiva, ¿está dentro de mis competencias?

Segunda cuestión: ¿me apasiona, es ilusionante, me motiva, es algo en lo que invertiría todo mi tiempo? Si la respuesta es afirmativa, pasa a la última cuestión: ¿Es acorde con mi personalidad? Hay un proverbio chino muy poco Zen pero muy realista que reza: “si no sabes sonreír, no abras tienda” Muchas veces nuestra mayor contradicción es no saber quienes somos y buscar un sueño que en realidad no está en nosotros.