25 Piensa en ti

Hoy es un día muy especial. Como cuando pasa el cometa Halley, nace nuestro primer hijo o tenemos una revelación. Hoy puedes levantarte del ordenador desde el que estás leyendo este post, salir a la calle, entrar en la primera librería que veas y comprar “Piensa en ti”. Es el primer libro de Joaquina Fernández y ha visto la luz gracias a su valentía y entrega con un poco de presión colectiva, que ha cristalizado en este compartir con todos esa visión tan particular que tiene de la vida. Si conoces a Joaquina no hay mucho más que decir y ya habrás salido corriendo a comprar tu ejemplar. Si no la conoces solo te puedo decir que es la responsable del cambio de cientos de personas con su profunda mirada al alma.

Este libro es la primera oportunidad para que las personas que a lo mejor solo conocéis a la autora a través de los videos de Youtube, que muestran solo pequeños fragmentos de su mente lúcida, tengáis a vuestro alcance una parte completa de su pensamiento. Una invitación desde la luz a cambiar tu vida, no desde falsas expectativas o desde un contexto turbio, sino pensando en ti mismo. En ti como actor, guionista y director de una vida que te pertenece y que si deseas algún cambio en ella, solo lo puedes tu. Y es un movimiento consciente que Joaquina te enseña a diseñar, como se diseña un edificio, desde los cimientos, desde cada paso, desde el ser.

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Hay libros que cambian vidas. Libros que como llaves maestras abren algunas puertas cuyos goznes, oxidados por el paso del tiempo, se niegan a responder a tus forcejeos. Este es uno de ellos. Escrito por alguien que ha vivido lo que cuenta, que no pide nada que no haya realizado ella con anterioridad y que extiende una sabiduría sólida desde la experiencia personal. Aquí no vas a leer metáforas sino historias reales de superación y cambio. Pero no es un libro de historias, es el libro de tu historia.

Si quieres además una experiencia entrañable, ven este fin de semana a la Feria del Libro de Madrid. Estará firmando ejemplares en la caseta número 264 de Espasa Calpe, el domingo 4 de junio, de 12:00 a 14:00. Te sonreirá, te agradecerá haber comprado su libro y te preguntará: ¿eres feliz?

 

24 Salto cuántico

Un salto cuántico es un cambio de estado discontinuo que hace un electrón al saltar de un nivel menor a otro de mayor energía de modo prácticamente instantáneo. Lo interesante del fenómeno es que rompe con el principio filosófico de Newton de que la naturaleza no produce discontinuidades (saltos).

Hace unos días tuve una discontinuidad. Acudí una cena con un grupo de personas mayores. Todos hombres. Fue un encuentro muy agradable donde se hablaba mayoritariamente del pasado remoto, muy remoto.

Fue una reunión con un principio curioso debido a que las personas que íbamos apareciendo no éramos sino extraños, coincidiendo por primera vez en un momento espacio – temporal único. Nos mirábamos divertidos buscando en nuestros archivos mentales trazas de rostros vagamente familiares.

Nombres y apellidos cincelados en el pasado con la repetición diaria de listas alfabéticas, despejan sombras intentando arrojar luz sobre los desconocidos. Y llega el momento de las historias, las anécdotas que dejan en evidencia cómo picoteamos de manera arbitraria en el banquete de la vida,  trayendo al presente pasajes aparentemente insignificantes. Pero si lo son, ¿Para qué los retuvimos? La memoria hace una selección caprichosa y una evocación muchas veces incomprensible. Es difícil saber porqué recordamos algunas cosas en apariencia absurdas y olvidamos otras que en su momento parecieron transcendentes.

Las miradas se cruzan amistosas sin resentimientos, con el cariño que da la distancia de los hechos . Hemos cambiado mucho pero en el fondo hemos evolucionado tan poco. Reconozco en el brillo oculto de los ojos a los mismos niños prisioneros en unos cuerpos moldeados por ilusiones más o menos alcanzadas, batallas ganadas y perdidas, sueños olvidados o recuperados en el último momento, anhelos de amor o de éxito. Unos niños a los que la vida no les ha quitado las ganas de jugar, de reír, de compartir…

Cuando el tiempo se comprime y en un instante se va de la niñez a la edad madura, la vida pasa en fracciones de segundo, desplegada, para que el escrutinio de la conciencia la evalúe. ¿Cuánto de ese niño queda en mi? ¿Cómo de desgastada está mi alma ante los embates y caricias de la vida? El niño está y no está, como Argos, las piezas se han ido desgastando y han ido siendo sustituidas por otras. De las personas con las que estoy compartiendo mesa solo quedan recuerdos más emocionales que reales y la paradoja del tiempo me interroga de nuevo.

Confrontado con el paso de la vida me doy cuenta de que el tiempo es invisible, lo usamos y gastamos con demasiada ligereza. Cuando ocurren estos saltos cuánticos me doy cuenta del valor real que tiene y de su inevitable movimiento: avante, siempre avante, irreversible. Si tirara el dinero por la ventana, pensarías que estoy loco. Sin embargo puedo generar más dinero. ¿Y tiempo?

“Pequeña parte de la vida es la que vivimos: porque lo demás es espacio, y no vida, sino tiempo.”

Cartas a Paulino (De la brevedad de la vida) Lucio Anno Séneca

(Un abrazo a mis compañeros de La B del Pilar de 1961)

23 Las dos vidas

La mayoría de nosotros tenemos dos vidas: la que vivimos y la interior que no vivimos. Nuestra felicidad va a depender de cuán separadas están y cuanta resistencia ponemos para que la brecha que las separa no desaparezca. Casi siempre suele ser miedo, sin embargo, tener miedo es una buena señal. Cuanto más miedo tenemos a hacer algo concreto, más sabemos que eso es importante para nosotros y que lo deberíamos acometer.

¿Querías ser bombero o enfermera de pequeño? ¿Has pensado alguna vez en entregar tu vida a ayudar a otros? ¿Alguna vez has querido ser madre, o periodista, o inventor, o escritor? ¿Te habría gustado estudiar medicina para ayudar a restablecer la salud de otros? ¿Eres un emprendedor que trabaja en un banco, un pintor que dirige un negocio o una actriz que dirige RRHH en una multinacional?

“Desde muy temprana edad, tal vez a la edad de cinco o seis años, sabía que cuando yo creciera debería ser un escritor. Entre las edades de unos diecisiete y veinticuatro años traté de abandonar esta idea, pero lo hice con la conciencia de que estaba ofendiendo mi verdadera naturaleza y que tarde o temprano tendría que sentarme y escribir libros “.  George Orwell

Seguro que has oído alguna historia de alguien que fue diagnosticado de alguna grave enfermedad y cambió radicalmente su vida: dejó el trabajo y se dedicó los últimos años de su vida a lo que realmente le apasionaba, sea esto lo que fuere. Esas historias suelen acabar con que la enfermedad remite. ¿Necesitamos una prueba así para dedicarnos a nuestra pasión? No quiero decir que las enfermedades crónicas se curen simplemente haciendo uso de nuestro genio, poniendo nuestro valor al servicio del resto del mundo, pero, ¿debemos esperar a que la calavera nos mire desde sus cuencas vacías para que nuestras dos vidas formen una sola?

Mira en tu corazón, quizá todavía puedas oír la suave voz de tu genio. Es una voz familiar, la has escuchado decenas de veces. Antes era una voz potente y vigorosa, ahora puede que sea solo un murmullo, pero sigue ahí. Escúchala

22 Interpretación más respetuosa

Quizá el más famoso de los discursos de graduación en universidades estadounidenses sea el de Steve Jobs (para los que vivís en una burbuja lo podéis ver aquí) Sin embargo el que David Foster Wallace pronunció en la universidad de Keyton en 2005 tampoco tiene desperdicio. (Lo puedes ver completo aquí). Tanto es así que también se publicó como libro: “Esto es agua” (no, no es el “be water” de Bruce)

Es el único discurso de este tipo que dio en su vida, y en él acomete varios temas: aprender a pensar, el trascender de lo cotidiano, la Verdad, la vida… pero, sobre todo un aviso a los graduados de cómo no ver el mundo desde el punto de vista de uno mismo. Un punto de vista que todos tenemos instalado por defecto.

Tenemos la tendencia a ver todo desde nuestros ojos pero además lo hacemos desde nuestra mirada. Es decir, vamos conduciendo en un atasco saliendo o entrando de Madrid y nuestro pensamiento es ¿a dónde irán todos estos? ¿no podrían haber elegido otra hora para salir? Nos percibimos como perjudicados del problema y no tanto como causantes del mismo.

“Todo lo que conforma mi experiencia inmediata apoya mi creencia profunda en el hecho de que y soy el centro absoluto del universo, la persona más real, nítida e importante que existe. Casi nunca pensamos en este egocentrismo tan básico y natural, debido al hecho de que es socialmente repulsivo, y sin embargo en gran medida todos lo padecemos, en el fondo. Es nuestra configuración por defecto que nos viene de fábrica al nacer”

 Parece algo obvio pero, ¿cuántas veces lo tomamos en consideración? Generalmente operamos en automático, especialmente en esas situaciones aburridas del día a día: la cola del supermercado, salas de espera diversas, en el coche… Miramos alrededor desde nosotros y pensamos que la viejecita, al volcar todo su monedero delante de la cajera para buscar los 43 céntimos que le hacen falta, lo hace a propósito para fastidiarnos; o el que se cuela en la caravana de coches justo delante de la posición que llevamos manteniendo media hora e inmediatamente nos enfadamos y pensamos que es un listillo que a sabiendas se quiere ahorrar toda la fila.

Hay otra forma de pensar. Es lo que los americanos llaman Most Respectful Interpretation (Interpretación más respetuosa). Es una opción que rompe con la forma habitual de nuestro pensamiento egocéntrico. ¿Y si el señor que se acaba de colar en la fila está intentando ir rápido al hospital porque le acaban de comunicar que han ingresado de urgencias a su mujer? ¿Y si el funcionario que parece que no nos atiende con la celeridad que necesitamos necesita ese tiempo extra para digerir una vida no muy satisfactoria?

Quizá las personas que se mueven en el mundo no lo hacen a nuestro alrededor, simplemente se mueven y, como nosotros, tienen una necesidad legítima de hacer lo que hacen.

21 El culo de dos caballos

Esta leyenda urbana lleva correteando por internet y es casi un clásico: Unos alumnos de postgrado canadienses recibieron el encargo de investigar el por qué del ancho de vía en los ferrocarriles del país. Empezaron su investigación y lo primero, claro, fue medir el ancho de vía: 4 pies y 8,5 pulgadas (1,43 metros). Descubrieron que era la misma medida que utilizaban los trenes norteamericanos, que habían sido diseñados por ingenieros ingleses quienes habían traído los planos de su país. La medida seguía siendo extraña. Al seguir buscando encontraros que los ingenieros que diseñaron el ferrocarril fueron los mismos que habían diseñado el tranvía y utilizaron los mismos métodos y herramientas. Siguiendo con la investigación descubrieron que los antiguos carromatos ingleses transitaban por unas rutas que medían 4 pies y 8,5 pulgadas, y averiguaron que esas rutas, en realidad habían sido diseñadas por los romanos hace 2.000 años, para que transitaran por ellas sus legiones. Y ¿por qué los romanos habían establecido un ancho de 4 pies y 8,5 pulgadas para todas las rutas del Imperio? Simplemente porque los carros romanos eran instrumentos de guerra tirados por dos caballos, que galopaban uno junto a otro y debían estar lo bastante espaciados para no estorbarse. 4 pies y 8,5 pulgadas es el ancho del culo de dos caballos.

En una prolongación de la historia, si observamos la nave espacial estadounidense en su plataforma de lanzamiento, veremos dos depósitos adicionales adjuntos al principal. Fueron fabricados por Thiokol en Utah y debían ser enviados por tren a Cabo Cañaveral atravesando un túnel bajo las montañas Rocosas. Dado que los depósitos debían pasar por ahí, y el túnel es apenas más ancho que las vías del tren, se dimensionaron con la medida del culo de dos caballos.

Escuché esta historia en la charla TEC que Ronald Shakespear impartió en Río de la Plata en 2013. Toda la charla es muy interesante y amena, especialmente su visión de la creatividad (o debería decir no creatividad). Pero me quedé pensando es esta historia de entre las muchas que cuenta. ¿Cuántas cosas hacemos por inercia, sin cuestionarnos ya su sentido, su lógica o su procedencia? Lo hacemos porque es más fácil, o porque siempre se ha hecho así. Nos cuesta cambiar y cuestionar el status quo. Sin embargo, solo haciéndolo podemos progresar, descubrir nuevos horizontes, encontrar el por qué de las cosas para, refutándolas, reformularlas.

Llevado esta a nuestra vida personal ocurre un poco de lo mismo, repetimos patrones de conducta aprendidos sin cuestionar que puede haber otras formas de hacerlo, pensarlo o sentirlo. Pienso que una personas creativa en su vida personal y profesional aprende mirando todo con los ojos curiosos de un niño para el que todo es nuevo, todo es cuestionable. No olvidemos a ese niño en la edad de los porqués que reta continuamente a sus padres y maestros sobre la esencia misma de las cosas. ¿Por qué las mesas son rectangulares? ¿Por qué cuando sea mayor no puedo ser una cebra? ¿por qué sois vosotros mis padres?

 *La historia original parece ser que apareció por primera vez en la revista Pour la Science en una columna de Didier Nordon de título “Bloc-Notes”

20 Perseguir un sueño

El fracaso te acechará mientras persigas metas inalcanzables. Si buscas la permanencia en lo pasajero, el amor donde no se encuentra, la seguridad en medio del peligro y la inmortalidad en las tinieblas del sueño de muerte. ¿Cómo puedes triunfar cuando la contradicción es el marco de tu búsqueda? El tema es que las metas que no tienen sentido son inalcanzables. Siento con frecuencia que voy detrás de lo imaginario y me doy cuenta de que es una búsqueda de lo que no es nada.

La semana pasada leí en una pared de la incubadora de empresas en el TEC de Monterrey: “Hay personas que sueñan cosas, y personas que están despiertas y las hacen realidad”. Me pareció una frase maravillosa que aterriza lo aparentemente obvio y rebaja la sobrevalorada frase: persigue tus sueños. No estoy diciendo que no haya que perseguir los sueños, lo que quiero decir es que si los sueños están en las nubes, no podemos correr por las nubes tras ellos. Debemos correr por la superficie de la tierra alzando los ojos de tanto en tanto para no perder la ilusión.

Esa forma abstracta de perseguir sueños quizá nos venga de la maniquea frase “El sueño americano” , pero no nos olvidemos que Norteamérica era un sueño del siglo XVI cuando los pioneros ingleses intentaban persuadir a sus conciudadanos para que se movieran hacia las colonias, cuando se vendían parcelas de 640 acres (1 acre = 4.000 m2) a 1 dólar y el expansionismo hacia el Pacífico estaba en pleno auge. Ahora estamos en la época del muro. Y, para no abandonar el continente, ¿perseguía Luther King una meta inalcanzable?.

Es fácil poner ejemplos que nos hagan distinguir objetivos alcanzables de los que no lo son, la dificultad está, como tantas veces, en esas zonas grises que se yuxtaponen en la periferia de los dos extremos. Si yo quisiera ser el primer hombre sin experiencia previa y sin equipo en escalar el Everest, sin duda todos reconoceríamos una meta imposible. De la misma manera, si mi objetivo fuera leer todos los días un párrafo para reforzar mis hábitos de lectura, sería un objetivo excesivamente fácil de alcanzar.

Entonces, ¿cómo saber si mi sueño es suficientemente retador, sin que sea frustrantemente inalcanzable?

Son tres las áreas que debemos chequear, y si están alineadas… ¡a por ello!. En primer lugar: ¿está relacionado mi sueño con mis conocimientos, con lo que yo sé, he estudiado, tengo la experiencia?, en definitiva, ¿está dentro de mis competencias?

Segunda cuestión: ¿me apasiona, es ilusionante, me motiva, es algo en lo que invertiría todo mi tiempo? Si la respuesta es afirmativa, pasa a la última cuestión: ¿Es acorde con mi personalidad? Hay un proverbio chino muy poco Zen pero muy realista que reza: “si no sabes sonreír, no abras tienda” Muchas veces nuestra mayor contradicción es no saber quienes somos y buscar un sueño que en realidad no está en nosotros.

19 Dos caminos para el cambio

Pensamos con frecuencia que cambiar es duro y difícil. En realidad todo empieza con una intención que abre dos caminos:

El camino de Lao Tzu: “El viaje de mil millas comienza con un solo paso”

El camino de Zenón: El movimiento es imposible. Paradoja de la dicotomía: Un móvil no puede recorrer una distancia finita, pues para ello primero deberá alcanzar antes la mitad de esa distancia. Pero antes aún, debe alcanzar la mitad de esa mitad, y así sucesivamente. Como no se pueden recorrer infinitas magnitudes, el movimiento es imposible.

Si has elegido el primer camino lo único que tienes que hacer es centrarte en ese primer paso. Para ello podemos apoyarnos en Kaizen, un método japonés de gestión de la calidad, con una historia muy curiosa que puedes leer aquí. Kaizen se traduce como “mejora continua”. Se compone de varios pasos que nos permiten analizar variables críticas del proceso de producción y buscar su mejora en forma diaria con la ayuda de equipos multidisciplinarios. Se trata de mejorar la calidad y reducir costos de producción con sencillas modificaciones diarias.

Cuatro pasos: 1. Planificar – 2. Hacer – 3. Verificar – 4. Actuar

Primero venos qué queremos cambiar, lo desglosamos en pequeños cambios y trazamos una estrategia diaria para acometerlos. Realizamos las pequeñas acciones que hemos definido; chequeamos que efectivamente está funcionando y finalmente hacemos pequeños ajustes y el cambio se va produciendo.

El segundo camino (suele estar más transitado, por cierto) es la excusa perfecta para no hacer ningún cambio. Nuestra vida es un sistema homeostático. Es decir, somos un sistema con una gran capacidad de mantener una condición interna estable compensando los cambios del entorno. O lo que es lo mismo, nos aferramos a lo conocido y confortable. Este camino está apoyado por la creencia de que para conseguir grandes cambios hay que hacer grandes cosas, que solo conseguiremos resultados haciendo grandes y espectaculares cambios. Esto es cierto en algunas, pocas, ocasiones. La mayoría de las veces se requerirán solamente pequeñas modificaciones en nuestros hábitos para conseguir grandes logros. (Aquí entra la teoría de los 21 días para conseguir un cambio verdadero con la adquisición de un nuevo hábito)

¿Por qué no aprender de los dos caminos? Empezar con el pensamiento de Lao Tzu, y luego tirar de Zenón para desglosar cada paso en partes muy pequeñas que se puedan acometer sin esfuerzo.

Ejemplo práctico: imagínate que el cambio que quieres dar es convertirte en una persona más productiva:

  1. Haz una lista de las actividades que te llevan mucho tiempo pero que no aportan ni son estimulantes para ti (ver tv, leer frases huecas en Facebook, navegar sin rumbo en la web, lecturas que no te enseñan nada…)
  2. Haz una lista de aquellas actividades que te gustaría intentar y sientes que son más productivas que las que haces ahora (cada día añade un nuevo elemento a la lista)
  3. Ahora que ya tienes las tareas que quieres empezar a realizar, ¡A por ello!, pero de forma suave, poco a poco. Por ejemplo si quieres empezar un diario, comprométete a escribir solo tres frases al día. Si decides tomar clases de yoga, a lo mejor puedes empezar por sentarte en el vestíbulo del centro de yoga y ver a los estudiantes entrar y salir
  4. Cada día anota el nombre de una persona que sientas que está viviendo una vida productiva, y apunta una cosa que esta persona está haciendo de manera diferente a como lo haces tu.

No sé, quizá esto te ayude con esa resolución de año nuevo que solemos tardar 4 en cumplir.  🙂

18 Confianza

Voy a comenzar con un aforismo que quizá sea cuestionable: La confianza es un elemento clave para que cualquier sociedad pueda funcionar. Ese es el motivo por el que preferimos hacer negocios o relacionarnos con amigos y familiares. También es uno de los pilares que se ha tambaleado con la crisis económica. La pérdida de confianza en las Instituciones Públicas tradicionales ha hecho que la crisis económica se convirtiera también en una crisis de valores.

Los ciudadanos confiamos cada vez menos en el sistema y en los agentes que lo gobiernan. Y ha ocurrido en el ámbito público y privado. Creo que esto ha sido muy bueno y muy necesario para que se produzcan los grandes cambios que están ocurriendo a toda velocidad y en todo el mundo. Pensamos que los cambios son debidos a la tecnología, a Internet, a la globalización y, si, son las herramientas que utilizamos para los cambios; son el bolígrafo que escribe, pero no el cerebro que le dicta lo que tiene que escribir.

La falta de confianza en las instituciones públicas y privadas ha hecho que las personas nos giremos y nos busquemos unos a otros pidiéndonos ayuda mutua. Y hemos empezado a buscar mecanismos para reconstruir la confianza entre nosotros. El hiper-consumismo del “y yo mas”, se va transformando en consumo responsable y economía colaborativa. Qué duda cabe que internet lo favorece, pero en realidad ha nacido en un intento de restablecer la confianza entre personas. No es nada nuevo, cuando hemos necesitado dinero se lo hemos pedido a un familiar, en los viajes con los amigos hemos compartido gasolina, habitación de hotel y hemos hecho fondos comunes para los gastos.

Esto ocurre porque sabemos que nuestro hermano nos va a devolver el dinero prestado o nuestros amigos van a ser justos en el reparto de las provisiones; porque confiamos en ellos. ¿Qué pasaría si confiáramos en todo el mundo?, ¿qué pasaría si Rousseau tuviera razón y tomáramos conciencia de que el hombre es bueno por naturaleza? ¿No te parecería brillante salir ya del pensamiento de Hobbes, según el cual el hombre es malo por naturaleza ya que siempre privilegia su propio bien por encima del de los demás?

Creo que está ocurriendo. Creo que el siglo XXI nos trae el maravilloso concepto espiritual de que todos somos uno, de que, si ayudo a mi vecino me estoy ayudando a mi, de amar al prójimo como a ti mismo. De esto va la economía colaborativa: yo te llevo en mi coche a Valencia y compartimos gastos, aunque no te conozca (blablacar); me quedo a dormir esta noche en tu habitación de invitados porque no quedan hoteles disponibles y te compenso económicamente (airbnb); le quiero prestar dinero a un desconocido porque creo que tiene un proyecto alucinante y los bancos no le escuchan (crawdfunding); tengo muchos conocimientos y los quiero compartir con todo aquel que los pueda necesitar (Wikipedia)

Las plataformas de consumo colaborativo son el espacio donde podemos estrechar la mano de un desconocido y mirándole a los ojos testificar que somos lo mismo. Confiar es esperar con seguridad y credulidad que algo suceda o que alguien se comporte como se desea. Como dice Laurence Cornu, extraído de Wikipedia, La confianza es una hipótesis sobre la conducta futura del otro. Es una actitud que concierne al futuro, en la medida en la que este futuro depende de la acción de un otro. Es una especie de apuesta que consiste en no inquietarse del no control del otro y del tiempo.

El principal mecanismo de generación de confianza es la reputación. Y según lo expuso Rachel Botsman en su libro What’s mine is yours, en 2012: la reputación será la nueva moneda en las relaciones económicas por venir. Se prevé que en la próxima década el poder y la influencia se va a trasladar de los ricos y poderosas a quienes tengan la mejor reputación y la red más confiable.

Una última reflexión. A diferencia del dinero, la reputación no se gasta cuando la usas, es más, si la utilizas bien crecerá. Sin embargo, sí se puede perder de golpe. No se puede medio confiar en alguien.

17 El sentido de la vida

No hay conflicto que no entrañe una simple pregunta: ¿quién soy? Las elecciones que hacemos en nuestra vida me parece que no son sino un intento de aclarar la incertidumbre de quienes somos. Si miras con extrañeza esta pregunta es que de alguna manera te has negado a reconocerte a ti mismo. Juguemos un poco con las palabras. Si no sabes la respuesta a esta pregunta, es señal de que no quieres ser lo que eres; sin embargo si aceptas la transcendencia de la vida, estás vivo porque, en realidad, has aceptado quién eres, simplemente has decidido que desconoces la única certeza por la cual vives.

Así es como nos volvemos inseguros ante la vida y nuestro lugar en ella. A veces siento como que mi mente está dividida en dos partes: la que conoce la verdad y la que no. ¿Cuál de las dos pone en duda lo que soy? Casi siempre la duda recae sobre la parte que huye del compromiso alejándose de la búsqueda de un sentido a la vida. Porque saberlo implicaría dirigirme sin excusa en esa dirección.

Para muchas religiones la vida tiene un sentido escatológico, su sentido está ligado a otras vidas y a la adoración de Dios en esta para conseguir un futuro póstumo mejor. Es como hacer un poco la pelota para que en la siguiente vida Dios me de un trabajo mejor. Aquí estarían sobre todo las tres religiones de los libros: Biblia, Corán y Torá. También algunas religiones orientales consideran la vida como algo preparatorio para la siguiente. La incomodidad de estas posiciones es que en realidad parece que no estoy viviendo la vida, que no estoy sino viviendo sin libertad la actual en aras de ganarme la siguiente.

Es como si estuviera corriendo los 100 metros lisos en las Olimpiadas pero no queriendo vencer sino solo entrenando para ganar en los siguientes Juegos, dentro de 4 años. Un poco raro ¿no?. Ya que estoy corriendo, ¿por qué no ir a tope?, ¿por qué no intentar ganar?, ¿para qué voy a esperar 4 años si lo puedo hacer ahora? Si soy un velocista el sentido de mi trabajo sería ganar esa carrera, pero ¿es ese también el sentido de mi vida? Hay cosas a las que se les ve fácilmente el fin último para lo que fueron creadas, de tal manera que existen en función de esa utilidad: el ordenador, una cuchara, un perro de porcelana… ¿piensas que ocurre lo mismo con los seres humanos? ¿Ves una relación directa entre quién eres y el sentido de tu vida?

Algunos pensadores han contemplado la vida como una escuela de aprendizaje. Para Platón la vida tenía sentido como búsqueda del conocimiento verdadero, un acercamiento a la idea, que proporciona dos cosas a la vez, felicidad y sabiduría. ¿Es lo mismo encontrar el sentido de la ida que encontrar la felicidad?. ¿Si alguien nos dijera el sentido de nuestra vida, le haríamos caso?, ¿entre ese conocimiento que supuestamente daría sentido a nuestra vida, está incluido el autoconocimiento?

Pido perdón por la cantidad de preguntas, pero tengo algunas más: ¿qué piensas que es la vida, sino lo que eres? ¿qué otra cosa sino tu podría estar viva en tu lugar?

La última y definitiva pregunta: ¿Y si el mundo fuera en realidad ese lugar donde, los que no nos conocemos a nosotros mismos, venimos a cuestionar lo que somos?

“Si tuviera que volver a comenzar mi vida, intentaría encontrarte encontrarme antes… ”

Cita manipulada de El Principito

16 Editar la vida

Es una suave mañana en el sur de España. A través de la ventana unas palmeras se mecen suavemente y sus verdes hojas empiezan a brillar con el sol. En la casa de enfrente un niño muy rubio corretea en pijama alrededor del árbol de Navidad. En plena excitación reclama la atención de un padre somnoliento que intenta estar a la altura. El tiempo pasa rápido y lento a la vez. Las Navidades se acercan con más rapidez año tras año y pasan ya tan fugaces que no da tiempo a sentirlas, como las siente el niño. Y también pasa el tiempo con una lentitud tal que te permite saborear los detalles, cada detalle, la gaviota que se posa atenta en una cornisa, la chica joven que sale a fumar a la terraza y observa distraída las nubes, el jardinero en su diálogo interno con las plantas, una toalla descuidadamente abandonada en una silla…

 Lejos de Madrid la vida pasa de otra manera, más hacia dentro. La disminución del ruido externo nos permite reflexionar más sobre dónde estamos, sobre si estamos donde preveíamos estar el año anterior. A veces, sin necesidad de estar al borde de la muerte, uno puede ver pasar su vida delante de los ojos, como si fuera una presentación de Power Point. Y de la misma manera que en ellas, se pueden ir eliminando aquellas diapositivas que están fuera de foco o que su contenido no ha sido el más acertado.

 La vida está marcada por decisiones que se toman bajo unas circunstancias concretas. Al hacer consciente el pasado trayéndolo al presente, soy capaz de pensar de nuevo lo que hice, para tomar como si fuera la primera vez esa decisión, pero esta vez desde la sabiduría que tengo ahora. Es un ejercicio no justificativo que lo hago desde la misma distancia con la que preparo una presentación en el trabajo, pero con la profundidad necesaria para tocar los momentos importantes. Aquellos momentos del año en los que desearía haber actuado de manera diferente.

 Curiosamente al editar la presentación, el Power Point cobra una vida nueva, más en paz, más armónico, más en consonancia con lo que soy en esencia. Al aprender de cada momento oscuro, no lo justifico, simplemente analizo lo que podría haber hecho de tal manera que quizá no habría producido el dolor que produje o no habría creado una incertidumbre innecesaria, o simplemente todo habría fluido de otra manera.

 Quizá no son grandes cambios, pero son valiosos, tan valiosos como la sonrisa de una anciana a la que has escuchado con ternura, la mirada de una hija a la que has abierto un poco el corazón, o la tranquilidad de una cabeza apoyada en tu hombro.

 El niño sigue correteando alrededor de su padre, absorto ya con los mensajes del móvil. A lo mejor, en su Power Point del próximo año, esta diapositiva tiene que replantearla de otra manera.