Verás. Esto de mirar atrás nuestro inconsciente lo tiene registrado como peligroso.
Y así está reflejado en la mitología:
Orfeo recibió el mandato de no volverse a mirar a Eurípides, o de lo contrario ella moriría. (él lo hace y ella expira)
A los griegos se les dijo que no miraran a la cara de Medusa con sus cabellos de serpientes, o se convertirían en piedra.
También en la Biblia. Dios le dice a Lot y a su familia que no miren atrás a la destrucción de Sodoma y Gomorra bajo pena de convertirse en estatuas de sal (su esposa mira y se convierte)
Mirar atrás significa mirar el pasado y hacerlo significa mirar dentro.
Y parece que tenemos miedo también a eso.
Se instruyó a Pandora a que jamás abriese su famosa caja; por supuesto ella desobedece y todos los problemas ocultos se desatan sobre el mundo.
Vale, pues se trata de superar eso.
Mirar dentro puede desatar todos los males, vicios, dolores y sufrimientos que puede haber dentro,
Pero mantener la tapa de la olla apretada no evita la presión que hay dentro.
Además, dentro también está lo vocacional, lo creativo… un tesoro oculto de experiencias, memorias y capacidades.
Verás. La teoría de juegos* los clasifica en dos categorías:
Juegos finitos y juegos infinitos.
Los primeros son los típicos: ajedrez, fútbol, bridge, Fortnite…
Los caracteriza que tienen unas reglas concretas que conocen todos los participantes, hay un objetivo claro, hay un inicio, medio y final, se juegan en un lugar o tablero concreto y, sobre todo, al final hay un ganador y un perdedor.
Luego están los mucho más interesantes juegos infinitos.
En ellos hay jugadores conocidos y desconocidos, no hay reglas fijas, se puede cambiar la forma en la que se juega en cada momento, no hay un horizonte temporal y, además, no se puede ganar.
¿Entonces? Te preguntarás sabiamente ¿cómo se juega a un juego infinito?
Pues esa es la cuestión.
Estás jugando a varios y a lo mejor no les estás prestando la atención que merecen.
La amistad, por ejemplo, es un juego infinito, al que estás jugando.
No hay reglas, los jugadores cambias, no está acotada en el tiempo…
¿Lo estás jugando conscientemente, o simplemente te dejas llevar?
Porque ahí está el problema, nuestra mentalidad entrenada con los años nos lleva a ver todo como juegos finitos: la amistad se acaba, igual que el amor o la felicidad.
Quizá, si cambiáramos la mentalidad con la que jugamos de finita a infinita viviríamos la vida de otra manera.
Ahí está el meollo de la cuestión porque… ¿cuál crees que es el juego infinito más importante?
Una pista: lo estás jugando.
Sí, la vida misma es un juego infinito.
Si te interesa saber jugarlo, el jueves 1 de octubre empiezo una serie de encuentros con el objetivo de entenderlo.
Verás. Me voy a tomar la licencia en esta entrada de dar un salto diferente, uniendo creatividad y amor.
Es solo mi opinión. A lo mejor la IA no está de acuerdo.
Creo que la creatividad y la motivación nos dan la posibilidad de acceder a nuestro amor y a nuestra felicidad.
Este amor está compuesto por el amor al padre y el perdón a la madre.
En este contexto entiendo el padre como la esencia creadora y a la madre como la dadora de la vida física.
La felicidad, por otro lado, está compuesta del amor a la madre y el perdón al padre.
Entendiendo el amor a la madre como la aceptación de los esfuerzos y los retos vitales, y el perdón al padre por no habernos materializado con los mismos dones que a otros (hermanos)
Así, el amor y la felicidad son dos elementos que surgen del reconocimiento y la aceptación de nuestros progenitores (más tarde de nuestros maestros, jefes…)
Las cualidades que encontramos en nuestros aprendizajes son dos: absorber conceptos nuevos, y concretar su utilización.
Cuando hemos entendido los conceptos nuevos como un beneficio y no un peligro, nos motivamos a experimentarlos en plenitud y decidimos lo mejor en cada momento.
El rencor al padre y a la madre impide esta comprobación.
Nacemos con unas cualidades que al combinarlas con el entorno propician construcciones novedosas y con un halo diferenciador.
Cuando reconocemos nuestro verdadero poder y las ideas que tenemos, ponemos el primer peldaño.
Al aceptar que la diversidad que nos rodea no siempre nos agrada, hemos puesto el segundo.
Aprender de los que son como nosotros y de los diferentes sin olvidar nuestra identidad, es el tercer paso imprescindible.
Experimentar de todo ello y sacar conclusiones para obedecernos en todo momento, es el paso definitivo.
Verás. Muchos de nosotros buscamos hacer cosas interesantes, diferentes, en muchos casos ajenas a nuestra realidad.
Esto nos lleva a que, si no lo encontramos, es que no llegó desde fuera o no hemos encontrado los medios para hacerlo.
Entonces nuestro discurso es la búsqueda de algo que nos resuelva llegar a cumplir nuestro destino.
Y nos frustramos porque no le encontramos sentido o porque nos hemos equivocado en la forma de encontrar sentido y las cosas que nos hemos puesto en el camino no están funcionando como pensábamos.
Puede que no te resulte apetecible conocerte, pero a través de cómo solucionamos nuestros problemas vamos viendo pistas de quiénes somos.
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Una emoción resuelta, una motivación activada o un liderazgo comprometido nos llevan al sentido de nuestra vida.
Estoy seguro de que te resulta fácil solucionar los problemas de los demás y ver el sentido de sus vidas.
¿Por qué no queremos encontrar una solución a nuestros problemas y sí las encontramos para los demás?
Quizá porque nos alimentamos del problema y lo convertimos en nuestro sentido, en vez de darnos cuenta de que nuestro sentido es la solución.
Parece que si no tenemos problemas no existimos para los demás.
La conclusión sería que pensamos en negativo porque si no, creemos que no existiríamos.
Sin embargo, pienso que el sentido de nuestra vida es resolver el problema que generamos cada día por nuestra propia existencia.
Si hoy he enfermado, el sentido de mi vida es curarme; no estar sano. Porque cuando pienso que estoy sano, no asumo que estoy enfermo.
Y asumir que estoy enfermo no es negativo. Es decidir aplicar mi fuerza sobre lo que hoy tengo viéndome sano; pero sobre lo que hoy tengo.
El sentido de la vida es un problema que necesita solución ahora, y si no se conoce, el sentido de la vida es conocer nuestro problema.
Utilizamos el problema para hipotecar nuestra realidad, lo que somos, en aras de lo que creemos que tenemos que ser.
Por eso, debemos conocernos a nosotros mismos y así saber qué herramientas tenemos para llegar a donde queremos.
Al posponer la solución de nuestros problemas vamos deshabilitándonos.
Desde saber quienes somos podremos liderar lo que hacemos en el camino.
Verás. Un caballo blanco pintado a rayas no es una cebra*
Por mucho que queramos humanizar a la IA, construir robots antropomórficos, bots con voces naturales, o hacer condescendiente a GPT… no son cebras, son caballos pintados a rayas.
La mejor película que he visto sobre IA es (aquí redoble de tambor); El indomable Will Hunting (Good Will Hinting, Gus Van Sant 1997)
Si no la has visto, ya estás tardando.
Va de un chaval superdotado y problemático con una inteligencia memorística increíble que malgasta a manos llenas.
En la icónica escena del banco su terapeuta, Robin Williams, le cuestiona su conocimiento de la vida:
“Sabes todo sobre la vida de Miguel Ángel… pero nunca has estado en la Capilla Sixtina.
Si te pregunto sobre el amor, me recitarás un soneto de Shakespeare, pero nunca has mirado a los ojos de una mujer y te has sentido vulnerable”
Esa es la IA: el caballo blanco que nunca será cebra por mucho que cada vez sean más perfectas las rayas que vamos pintando sobre su lomo.
No tiene recuerdos, solo datos. Unos mordiscos a nuestros pasados, nuestras investigaciones, nuestra creatividad, que roba con descaro y nosotros se lo compramos como suyos.
Pero no lo son.
Si le preguntas qué se siente si te caes por un barranco, nos hablará de la caída, del impacto final y el shock, y terminará con las consecuencias físicas y psicológicas.
Si te has caído alguna vez por un barranco, ¿es eso lo que sentiste? O no son más que datos.
Como cebras reales tenemos alma, conciencia, una voz interior que a veces llamamos intuición…
El mundo del conocimiento ya ha pasado, llega el mundo de la sabiduría.
La diferencia está en que ahora el conocimiento enciclopédico lo tiene la IA, lo que nos diferencia es la sabiduría de saber aplicado y haberlo aplicado en nuestra vida real.
Tanto la IA como nosotros somos inteligentes, pero solo nosotros somos sabios.
(escrito por un humano)
* La frase original es del brillante arquitecto Louis Kahn: “A stripe painted horse is not a zebra” en su ensayo filosófico “Order Is” Utilizó esta metáfora para explicar la diferencia entre la naturaleza profunda (verdad esencial) y el diseño superficial (mero estilo). Sostenía que un espacio u objeto tiene una «voluntad de ser» fundamental —su naturaleza estructural subyacente— y que ninguna cantidad de rayas pintadas en un caballo puede alterar su verdadera identidad original.
Verás. Si leíste la entrada de ayer, a lo mejor averiguaste cuál es la diferencia con el resto de las entradas.
Si no la leíste, puedes hacerlo ahora antes de que desvele el misterio.
Veo por redes cómo se ridiculizan algunas preguntas que se le hace a la IA (ChatGPT específicamente)
Por ejemplo:
«Tengo que ir a lavar el coche y el lavadero de coche está a 100 metros de mi casa. ¿Qué me recomiendas, ir andando o ir en coche?»
Respuesta de ChatGPT: «Ve andando. Son solo 100 metros. Tardas 1 -2 minutos…»
Nos da risa, sin embargo, no despreciemos a la IA.
La entrada de ayer fue escrita 100% con Inteligencia Artificial.
La ilustración también. (quizá es donde más se note que no es mía)
Pero el texto…
El texto da miedo. Es bueno.
No es brillante, pero es bueno.
Yo solo le pedí que mirara mis entradas del blog y escribiera una 100% nueva con mi estilo, los temas y la profundidad que le doy a cada entrada y que también la ilustrara.
Y ahí está el resultado.
¿Qué te parece?
¿Notaste la diferencia?
¿Olía algo a chamusquina?
O pensaste «mira, Jon está mejorando su estilo narrativo»
Verás. Cada día tomamos conciencia por la experiencia propia o por los medios de comunicación de frágil equilibrio que hace posible la vida en la tierra.
La dificultad es aún mayor cuando además de sobrevivir queremos hacerlo en condiciones óptimas de salud y bienestar.
El tema es que sobre este equilibrio inciden multitud de energías, obvias algunas de ellas y sutiles la mayoría, aunque no menos nocivas.
Y esas energías afectan a nuestra persona y a nuestra vivienda.
En muchos casos somos nosotros mismos los potenciadores del, a veces inconsciente, daño que nos hacemos y hacemos a los demás.
Estas energías se pueden dividir en tres grandes grupos:
Energías que provienen de la naturaleza: Radiación cósmica, presión atmosférica, radiación solar; orografía del terreno, situación geográfica; alteraciones telúricas, grietas, fallas, fisuras; Líneas geomagnéticas, niveles freáticos, aguas subterráneas y corrientes telúricas, entre las más importantes
Energías creadas por el hombre mediante un trabajo de tipo técnico: Satélites, microondas de radio y telecomunicaciones, líneas de alta tensión, campos electromagnéticos y contaminación eléctrica; contaminación acústica; contaminación electromagnética con electrodomésticos, materiales de construcción, pinturas y disolventes
Energías que afectan a nuestros cuerpos sutiles especialmente y emanan de personas directamente: males de ojo, maldiciones, egrégores (varias personas se ponen de acuerdo y actúan uniformemente con un pensamiento), máscaras africanas, brujería, generadores de energía espiritual como los mandalas, talismanes maoístas o letras hebreas son algunas de ellas.
Tu casa está atravesada por muchas de estas energías. En el taller del día 14 vamos a ver qué se puede hacer para que no te afecten a la salud y a la paz de tu hogar.