Verás.
El umbral es el lugar de la casa que nadie decora.
No le ponemos alfombra especial, no le damos nombre, no lo fotografiamos.
Y sin embargo, es el sitio más importante de tu hogar.
Porque el umbral no es dentro ni fuera.
Es los dos.
Cuando estás en el umbral, eres simultáneamente la persona que sale y la persona que llega.
Tienes un pie en lo conocido y otro en lo que todavía no sabes.
Eso, que en arquitectura es un milímetro de madera, en la vida puede durar meses.
O años.
¿Conoces a alguien así?
¿Alguien que lleva tiempo en el umbral de una decisión, de una relación, de una profesión, de una vida distinta?
Quizás ese alguien eres tú.
El problema del umbral no es estar en él.
El problema es creer que el umbral es la casa.
Que ese lugar de tránsito, ese espacio que no es de nadie, ese momento incómodo entre lo que eras y lo que vas a ser… es donde hay que instalarse.
No lo es.
El umbral duele porque fue diseñado para cruzarse.
No para habitarse.
Hay personas que esperan a tener todo claro antes de cruzar.
La claridad no llega antes del paso.
Llega durante.
A veces incluso después.
¿En qué umbral llevas demasiado tiempo parado?
(escrito y dibujado por un humano)
PD: esta entrada tiene algo diferente a todas las demás. El primero que lo adivine recibirá como regalo uno de mis libros.









