32 Habilidades que necesitamos aprender

Se habla mucho de que estamos en un cambio de paradigma, en la cuarta revolución industrial, en la era conceptual… Lo que sí es cierto es que, como dicen mis amigos mexicanos, el tapete se está moviendo. Los cambios disruptivos (estamos quemando un poco esta palabra) que están sufriendo los modelos de negocio van a tener, sin duda, un impacto profundo en los empleos de muchos trabajadores. Y aquí el camino se bifurca: Por un lado, los que piensan en lo desastroso que va a ser todo con miles de puestos de trabajo perdidos por culpa de la inteligencia artificial, la robótica, nanotecnología, biotecnología… y todas estas cosas de las que oímos mucho y sabemos poco. Por otro lado, los que piensan que es la era de las grandes oportunidades y, como ha ocurrido con las otras revoluciones que han sacudido nuestra sociedad, al final se crea más riqueza y prosperidad que la que había anteriormente.

Para prevenir el peor de los escenarios, donde el desarrollo tecnológico va acompañado de una falta de talento, desempleo masivo y una creciente desigualdad, repensar las competencias necesarias para esto va a ser crítico. Re-skilling y up-skilling, como dicen los anglosajones, va a ser la única manera de salir adelante. No podemos esperar a las siguientes generaciones para que conduzcan esta nave que se nos está yendo de las manos. Simplemente no hay tiempo para esperar que la próxima generación esté bien preparada y, además, como dicen los estudios, el 65% de los niños que entran en el colegio hoy, van a estar trabajando en puestos que hoy no existen. ¿Cómo los vamos a poder preparar para ello?

Parece ser, entonces, que la única posibilidad que tienen las empresas es tomar una iniciativa proactiva en la formación en habilidades y competencias nuevas de sus trabajadores. No solo las empresas, los individuos debemos ser muy conscientes de nuestra responsabilidad para formarnos a lo largo de toda nuestra vida y crecer para surfear estas olas que no van a dejar de venir. Aristóteles decía que el hombre solo es feliz cuando aprende, así pues, nos vamos a ver obligados a ser felices a través de un aprendizaje continuo. Hemos salido muy preparados técnicamente de las universidades, pero ¿nos han enseñado todas las habilidades que necesitamos para el mundo de hoy? Me temo que no.

No estamos en una carrera contra las máquinas, ellas no son mas que el canal a través del que tenemos que reconocer todo nuestro potencial. Esto solo puede ocurrir si somos mucho más rápidos entendiendo los cambios que vienen y asumiendo la responsabilidad de liderarnos y liderar nuestras empresas a través de este gran momento. Claro que es cierto que, como he dicho antes, los avances tecnológicos pasados han traído productividad, creación de empleo y prosperidad. Pero eso no quiere decir que fuera fácil o sin riesgos. Por eso, prepararse y anticiparse para las competencias que van a ser necesarias en esta transición, va a ser muy importante.

La pregunta obvia es: ¿Cuáles son esas destrezas y habilidades para las que nos tenemos que preparar? Según el World Economic Forum son estas:

WEF_skills

 

31 Para qué leer noticias

Este verano hará tres años que no leo noticias. Ni periódicos, ni telediarios, ni noticias en Internet… ¡Y sigo vivo!. Es inevitable oír en una cafetería que se cambió de presidente del gobierno, pero, no escucho ni las noticias de la radio. En este post voy a intentar justificarlo e invitarte a que hagas lo mismo. La pregunta básica es: ¿para qué leer noticias?

Antes pasaba horas leyendo o escuchando noticias y todavía más horas hablando de ellas con el único objetivo de estar bien informado. ¿Merecía la pena esa inversión en tiempo? Las noticias, por definición, tienen una fecha de caducidad muy rápida y, debido a que son baratas de distribuir y producir, su cualidad dudo mucho que se mantenga.

Cuando leía las noticias, a lo mejor a ti te pasa lo mismo, tenía una presión enorme por estar bien informado, estar al día del último chanchullo, de la penúltima gracia de Trump o la guerra que esté “de moda” (no intento banalizar las guerras, simplemente su manipulación de que salgan a la luz en los medios según a quién le interese), el problema es que hay demasiada información y eso se convierte en una pelea imposible de ganar.

Investigando he encontrado cuatro problemas en la forma en la que se consumen las noticias hoy en día:

Primero: Las noticias nos encuentran. Antes corríamos al quiosco o esperábamos la hora en punto de la radio para enterarnos de los últimos acontecimientos. Hoy con avisos, alertas, mensajes… las noticias nos encuentran, en tiempo real.

Segundo: Las noticias son muy baratas de producir, y cada vez más da igual si son verdaderas o no. Millones de blogs, diarios digitales, etc. necesitan producir cientos de noticias al día para tener algo de visibilidad en la cada vez más densa red. Eso hace que disminuya, y mucho la veracidad y calidad de estas.

Tercero: Los productores de noticias quieren secuestrar nuestros cerebros generándonos ansiedad para que estemos a la última que sale.

Cuarto: Los productores de noticias tienen muchísima competencia, así que han adoptado el modelo de dar noticias gratis. Pero siguen teniendo gastos de personal, de producción, etc… entonces la forma de acometerlos es a través de la publicidad. Y entonces se crea un doble interés. Por un lado, el que paga la publicidad puede querer manipular la noticia, y por otro lado, lo único que le interesa es cuántos clics han hecho sobre la página en la que está su anuncio. Esto último hace que las noticias cada vez sean más sensacionalistas buscando, no la verdad, sino la audiencia. (Así tenemos la televisión que tenemos).

A donde quiero llegar es que lo que estás leyendo hoy online no tiene ningún valor. No es importante para tu vida, no aporta a tu felicidad y no te va a ayudar a tomar mejores decisiones. Ni siquiera te va a ayudar a comprender el mundo o a conectar con otras personas de una manera más profunda y trascendente. Lo único que consigues es alterar tu estado emocional enfadándote por lo que lees y trasladarlo a tus amigos, conocidos y compañeros de trabajo.

El Corte Inglés está diseñado para que te pierdas un poco dentro y deambules por el edificio con la esperanza de que veas y compres muchas más cosas de las que necesitas. Por eso no hay ventanas (así pierdes la noción del tiempo y nunca se hace tarde) las salidas no están bien señalizadas y las escaleras parecen distribuidas arbitrariamente por la planta. Consiguen así que te quedes más tiempo y no vayas a otro sitio. Eso es exactamente lo que hace Facebook, casi tomando por asalto tu ordenador, para que no salgas de la Red.

Lo peor de todo es que, como ya sabemos que no podemos estar bien informados de todo, intentamos parecer que sí lo estamos. Estar bien informado no tiene nada que ver con regurgitar fragmentos de noticias que hemos ido cogiendo aquí y allá. Cuando consumes noticias, lo único que haces es dejar que alguien secuestre y manipule tu atención, y además les estás dejando pensar por ti. Tu atención y tu tiempo es muy importante, entonces, ¿por qué lo empleas en noticias que van a ser irrelevantes en cuestión de pocos días?

Mi humilde consejo es que leas solo aquello que resista al paso del tiempo, aquello que añada valor a tu vida, que te haga crecer y pensar por ti mismo. Lee aquellos libros que después de 20 años siguen saliendo nuevas ediciones.

No temas estar en silencio con tus pensamientos. No rellenes los tiempos muertos con el móvil. Hazte preguntas poderosas, profundas, y no dejes que el aburrimiento te mueva a distraerte.

Y para predicar con el ejemplo, si este blog no añade valor a tu vida, bórrate inmediatamente, habrá otros que sí lo hagan.

30 Grandeza espontánea

Acabo de ver uno de esos videos que se comparten en Facebook. Es un minuto de un partido de tenis entre Roger Federer y Alexander Zverev. Sirve Zverev. El primer set va muy ajustado. Por delante Federer 6 a 5 (nuestro héroe se va haciendo mayor). El caso es que Zverev sirve para adelantarse por dos puntos en el juego que, de ganarlo, igualaría el partido. Saca y el árbitro la canta fuera. El tiempo se congela unos segundos. Los dos jugadores quietos miran el lugar donde botó la bola. Federer con su enorme sonrisa sugiere a su oponente que pida el “ojo de halcón”. (Para los no puestos en el tenis, el “ojo de halcón” sirve para esclarecer, mediante alta tecnología, el bote de la bola para saber si ha entrado o salido fuera de la pista. El jugador tiene que reclamarlo cuando tiene dudas sobre la decisión arbitral y cada jugador únicamente puede pedirlo 3 veces en todo el partido). El joven Zverev se ríe, incrédulo, ante la sugerencia del gran maestro. Se mueve riéndose, se lleva las manos a la cabeza y por fin pide al árbitro la repetición. La bola entró, el punto es suyo. La sonrisa de Roger es para enmarcarla. A su edad le sigue gustando ganar, pero no a cualquier precio. Una lección a un imberbe principiante es mucho más valiosa que cualquier victoria.

Y me quedo reflexionando: Que fácil es pensar a priori cómo vas a actuar ante una circunstancia de la vida. Que fácil es elegir el “camino bueno”, el de los grandes, el de los héroes. Sin embargo, ¿lo hacemos cuando la situación ocurre en tiempo real?. ¿Lo hacemos instantáneamente, casi sin que nuestra razón entre en juego? Porque ahí, creo yo, que está la virtud. Ahí pienso que realmente podemos tomar la medida de lo que somos, de lo que hemos aprendido, de la esencia de la que estamos hechos. No de una reflexión consciente y generosa sobre nuestros actos, sino de la espontánea y generosa reacción ante una situación sorpresiva.

Cada día todos nos enfrentamos a decenas de decisiones. La mayoría pueden ser intranscendentes y las tomamos casi de manera inconsciente. Sin embargo, siempre hay algunas bifurcaciones en el discurrir del día que nos ponen a prueba. Más que ponernos a prueba lo que hacen es enseñarnos quienes somos realmente. ¿Puede más mi ambición por ganar un punto, o mi sentido de la justicia? ¿Con qué frecuencia pienso que la decisión que estoy tomando es buena para otro, para la sociedad, para el mundo… o solo para mí?

Son esos actos de grandeza espontánea los que me van a medir como persona y los que me muestran quién soy. No los hago porque quedan bien, ni para sentirme bien, ni porque es lo correcto… Los hago porque soy yo.

Federer es el anti – postureo, por eso le admiramos.

29 Por qué preferimos lo complejo

Haciendo un ejercicio de Lego Serious Play, constaté una vez más que a las personas nos gusta la complejidad muy por encima de lo sencillo. El trabajo era simple: construir una torre con piezas de Lego en 5 minutos y utilizando únicamente dos colores. Los resultados fueron (y siempre lo son cuando hago este ejercicio) tremendamente creativos, divertidos, espectaculares… y muy complejos. La pregunta con la que finalizo suele ser la misma: ¿Por qué os complicáis la vida? ¿Por qué nadie pone cuatro ladrillitos de lego uno encima de otro y ya está la torre?

Por algún motivo misterioso, los humanos rechazamos lo sencillo y preferimos lo complejo. Nos ocurre cuando decoramos nuestras casas, al hacer una presentación de Power Point o cuando tenemos que resolver algún reto, por pequeño que éste sea.

Quizá sea porque nosotros mismos somos sistemas complejos: Tenemos unos 100 trillones de células que se combinan para formar un todo y desde luego somos mucho más que la suma de las mismas. Somos impredecibles, conscientes y diferentes. De tal manera que cuando nos encomiendan una tarea elegimos la complejidad.

En nuestra búsqueda del éxito, la felicidad, el amor… nuestras canciones favoritas, películas, novelas y poesías son complejas. Incluso cuando ansiamos la simplicidad vamos hacia lo complicado. Si algo es sencillo, lo vemos como aburrido y fácil. Los psicólogos lo han demostrado muchas veces, las personas preferimos un grado medio de complejidad: si la tarea es sencilla nos aburrimos y si es demasiado compleja quedamos confusos. Además, cuanto más expertos nos hacemos en algo, más complejidad queremos.

Si hay algo sencillo en este mundo es el té o el café. Agua caliente y unas hierbas o unos granos molidos. Sin embargo nos encantan los rituales complejos y vamos a Starbucks y tenemos, según el Huffpost, literalmente 80.000 formas de combinar estas bebidas. Esto parece demostrar que vamos buscando la combinación perfecta. Por lo visto, es muy diferente el café instantáneo de la cafetera, a la exquisita selección de tipo de café, molido a mano, y utilizando una cafetera muy especial para que se produzca la magia. Es irrelevante si el café sabe o no mejor, el caso es que elaboramos complicados rituales alrededor de cosas sencillas, porque valoramos lo complejo.

El problema con estas soluciones complejas que nos encantan es que las probabilidades de que alguna de sus partes falle, colapsando el sistema son muy altas. Cuantas más variables estén implicadas, más posibilidades de fracaso tendremos. Y con él llega la frustración y la desesperación.

También es compleja nuestra comunicación y en muchos casos nos cuesta la vida decir las cosas de manera directa, sencilla y clara. Parecemos más inteligentes complicando muestro lenguaje y llenándolo de tecnicismos, y lo único que conseguimos con ello es alienar a nuestros oyentes. Muchos de los grandes pensadores del pasado, Platón, Marco Aurelio, Séneca, Buda… eran conocidos por su comunicación directa y su habilidad para condensar gran sabiduría en pocas palabras.

Claro que el mundo es complejo, sin embargo no lo ricemos más de lo que ya está. La solución a la búsqueda continua de complejidad la ideó el fraile Franciscano Guillermo de Ockham, y se llama principio de parsimonia o “navaja de Ockham”. Estipula lo siguiente: “En igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable”. A nivel práctico nos dice que cuando tengamos dos teorías sobre un mismo asunto, es muy probable que la más sencilla sea la correcta. Pienso que nos acercaríamos hacia una felicidad más sencilla y más real si la aplicáramos a todas esas tramas e hipótesis sobre nuestras relaciones, trabajos, jefes, amigos y parejas…

En el clásico experimento La superstición de las palomas, Skinner nos muestra como un grupo de palomas a las que se da de comer de forma aleatoria, acaban creando patrones que creen que son los que les proporcionan la comida. Una da vueltas en círculo, otra pega su cabeza a una de las esquinas de la caja… ninguna de esas conductas tiene relación con que les caiga la comida, pero esperar es demasiado sencillo, tiene que haber algo detrás.

Quizá la complejidad de todo este post me la habría ahorrado simplemente citando a Confucio: La vida es realmente muy sencilla, pero nos empeñamos en hacerla complicada.

28 Reconocer al maestro

La noche de Reyes cené con un grupo de personas y me recordaron el sentido que tiene este día: el reconocimiento al maestro. En nuestra cultura lo normal es escuchar: “A ver qué me traen los Reyes”, pero, ¿nos paramos a pensar si hemos sido maestros de alguien como para merecer ese reconocimiento? No se trata de ser bueno o malo, si no de si he dejado huella o no.

Más allá de si existieron o no (solo el evangelio de Mateo habla de ellos sin precisar sus nombres ni que fueran tres) es una escena simbólica de reconocimiento y agradecimiento al maestro. ¿Quién es nuestro maestro? Para mi es aquella persona que va un paso por delante y dos peldaños por arriba. Alguien en el que reconocemos una sabiduría de vida que muestra con integridad de una manera natural. No alecciona, simplemente es, y en ese “ser” reside su valor.

Aprendemos de todos, aprendemos de los libros, aprendemos de los grandes maestros de la historia… sin embargo pienso que lo que nos ayuda es tener un maestro cercano, conocido, que recorra un camino que es posible para nosotros, a quien podamos emular y que nos muestre quienes somos. Porque el camino que muestra el maestro es un camino interior, un camino de autodescubrimiento apuntalado por el conocimiento exterior.

¿Quién es tu maestro? No busques más allá de las estrellas, es alguien cercano, alguien que cuando entornas los ojos aparece, alguien que, tocando el alma, ha cambiado tu vida.

Decía Mark Twain que en la vida hay dos momentos importantes, el día que naces y el día que comprendes para qué has nacido. El maestro es quien nos ayuda a responder a esa segunda pregunta. Agradecemos a nuestras madres el primer día y agradecemos al maestro el segundo.

Mi agradecimiento lo hago en tres dimensiones: Agradezco y reconozco su guía en el mundo, su ayuda para tomar decisiones, para dibujar estrategias y para ganar batallas (oro). Agradezco la apertura de visión al camino espiritual y a la comprensión de la transcendencia de la vida (incienso). Reconozco la caducidad de la vida y la permanencia de lo aprendido (mirra).

Gracias Joaquina, maestra siempre.

27 Camino al andar

El budismo nació en el noroeste de la India en el siglo V a. C. debido a la necesidad que tenían los campesinos de asimilar el caos que generaban los monzones y las inundaciones. La riqueza conseguida con duro esfuerzo durante todo el año se podía llegar a perder en un solo día debido a la variabilidad extrema del ecosistema con los múltiples ríos de la zona desbordándose caóticamente sin piedad alguna.

En este contexto las enseñanzas de Siddharta ofrecían paz interior: aceptar lo impredecible tornando la mirada hacia el interior como la única manera de transformar la frustración en resiliencia.

Hoy vivimos en una sociedad golpeada por VUCA (volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad) donde las lluvias torrenciales de la innovación tecnológica, los cambios sociales y económicos nos obligan a manejar el caos en muchos y simultáneos frentes.

En occidente llevamos decenas de años sentados en el cómodo sillón de la prosperidad utilizando una creencia que se va quedando obsoleta a pasos agigantados: El futuro puede ser previsto, simulado y gestionado. Hasta ahora ha funcionado bien, nos ha permitido planificar y crear modelos económicos sostenibles que nos han hecho superar guerras y crisis. Sin embargo hoy todo es diferente, y la palabra disrupción parece ser la que mejor define (a parte de estar muy de moda) el nuevo “orden”.

Nos encontramos entonces como personas y como organizaciones desarrollando estrategias para alcanzar unos objetivos que ya no están claros. Con los que ya no podemos utilizar la lógica y la racionalidad para diseñar las distintas etapas que nos conducirán al éxito. Ni siquiera podemos recurrir a la experiencia ante la enorme novedad de los escenarios. Estamos ante objetivos difusos donde se requiere toda nuestra imaginación, creatividad, e intuición para formular hipótesis y conjeturas que nos iluminen un camino incierto.

No deja de ser igual al camino interior incierto que muchos buscamos un tanto a ciegas en aras de conseguir la felicidad, la paz interior o encontrar un sentido trascendente a nuestras vidas. Hoy lo que necesitamos es trazar mapas en tiempo real, tener un sentido de orientación, más que una clara idea de dirección. Será mejor estar abierto a los cambios ya que no podremos tener muy claro a dónde queremos llegar. El camino exterior refleja lo que interiormente hemos tenido siempre, seguramente para tomar conciencia de la importancia de trabajar ambos.

El poeta lo dejó dicho: “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”

26 Salgo a la vida

Llevo un par de meses sin abrir esta ventana y hoy me da miedo. Fuera está oscuro y llueve. Una lluvia continua de lágrimas de ojos que ya no dan mas de sí exigidos al máximo por los corazones desolados que los alimentan. Antes era distinto. Antes una resplandor continuo lo iluminaba todo. Era fácil sortear las piedras, no caer en los agujeros y saber el camino adecuado cuando éste se bifurcaba. Antes era siempre de día. Antes era incluso poco agradecido con esa fuente de luz porque estaba siempre ahí, luminiscente y presente cada segundo, todo el tiempo, sin interruptor de apagado, sin una fuente que la alimente, con un halo celestial que lo envolvía todo. Y yo me alimentaba, y todos nos nutríamos de ella.

Ahora tengo miedo. Ahora la única luz que hay es la que yo sea capaz de irradiar desde mi. Y no sé cuanta es. Y tengo miedo a las piedras, los agujeros y las bifurcaciones, y añoro esa luz que estará iluminando otros caminos y que quizá, con el mismo miedo que yo, intentando encontrar el suyo. Ojalá pudiera devolverle el favor y ser un pequeño faro en su camino, pero esto no funciona así.

Que bueno sería poder estar donde ella está, sentir su calor de nuevo, su eterna presencia, su aliento. Acompañarla en su camino, acompañarla en cualquier camino, acompañarla siempre.

Hablo solo en casa. Doy vueltas por el parking del centro comercial buscando mi coche. Miro el teléfono extrañado de no haber recibido ningún mensaje de ella. Se estrangula sola la garganta, convulsivamente, y busco un lugar solitario donde taparme la cara y sollozar egoístamente porque ya no está. No comprendo porqué las personas siguen entrando en la oficina, por qué comen, para qué sigue girando el mundo.

Este fin de semana he abrazado más personas que en los últimos tres años. Personas que amaban, que no comprendían, que apoyadas en mi hombro buscaban entre lágrimas reconocer un cuerpo que ya no está con nosotros. Y llega el dolor como una ola que nos arrastra irremisiblemente hacia lo más profundo de nuestro ser, y parece que nada puede parar esa fuerza inalterable que todo lo consume. Y no entienden por qué, y les parece injusto, y no se atreven a mirar hacia adelante porque, igual que yo, tienen miedo. El misterio de la vida es fascinante, el vacío que deja la muerte es aterrador. Te obliga a encontrarte a ti mismo.

“… el terror interior es mucho más verdadero y mucho más poderoso que cualquiera de nuestras etiquetas: las etiquetas cambian, el terror es constante. Y este terror tiene algo que ver con esa brecha irreducible entre el yo que uno inventa (El yo que uno cree que es, el cual es sin embargo, y por definición es un yo provisional) y el yo incierto que siempre tiene el poder de hacer pedazos al yo provisional.”                James Baldwin

Y salgo a la vida, inmensamente agradecido por el tiempo pasado y bendecido por las decenas de personas que olvidándose de su propio dolor intentan consolar el mío.