Verás. Creo que, en general, tenemos un problema de inmediatez.
Y no es la nostalgia esa de llegar del verano con los carretes de fotos y esperar 3 días a que nos los revelaran (oh sorpresa, dos están velados)
El tema tampoco es que vaya todo muy rápido como se dice con frecuencia.
Lo que observo es que cada vez queremos comprimir más el tiempo. Ya no es disfrutar del camino, sino llegar. Y llegar cuanto antes.
Nos hacemos de Amazon Prime y ya las entregas al día siguiente nos parecen que tardan mucho.
Nos gustaría pensar en lo que queremos y que apareciera. Así, sin más. (Vamos a tener que esperar un poco para eso, pero llegará)
Nos desencantamos en la primera cita con las parejas de Tinder y nos defraudan los amigos de Facebook que no dan “likes” a todo lo que publicamos.
También queremos solucionar nuestros complicados problemas a la velocidad que lo hacen en las series de Netflix,
y hacemos cursos gratuitos de Youtube que nos prometen saber de todo en un par de semanas.
Hasta el microondas tarda mucho en descongelar las croquetas.
Queremos casi desesperadamente acortar los plazos entre el deseo y la obtención de este.
Y se nos olvida que la profundidad de la amistad, los lazos del amor o la sabiduría de las enseñanzas requieren tiempo, mucho tiempo.
Necesitan un pensamiento a mucho más largo plazo.
Parece que andamos mirándonos los zapatos en vez de fijar la vista en el horizonte que se dibuja a lo lejos.
Eso de conseguir metas a corto está bien, siempre y cuando estén trazando las líneas maestras del largo.
Incluso el largo plazo es corto sin el propósito que lo convertiría en eterno.
Por eso la amistad, el amor o la vida no están en el tiempo.
Insisto, ven y hablaremos de todo esto:
(escrito por un humano)