04 La realidad real

Son las 7:35 de la mañana del domingo y acaba de arrancar el AVE con dirección a Málaga. Acompaño a Joaquina Fernández a una conferencia que va a pronunciar el Granada a las 11:00. Somos los dos únicos pasajeros de preferente y no puedo evitar la sensación de que han fletado el tren para nosotros. Comento en voz alta que así deben sentirse las personas con avión privado. Hay una tranquilidad agradable en el vagón y arrancamos en el silencio de un amanecer de perezosas nubes grises.

La conversación es cordial mientras repasamos y hacemos algunas modificaciones a la presentación. Luego disfrutamos del silencio. Levanto la mirada y en el monitor de televisión están poniendo una película Palestina, creo, por las imágenes y algunos subtítulos que voy leyendo. Enseguida me pregunto porqué las personas necesitamos distraernos. Para qué necesitamos periódicos, libros y revistas para un trayecto de apenas dos horas y media que invita a la reflexión.

Tengo ante mi cuatro ventanas al mundo, y cada una me va a mostrar un mapa del mismo a cual más distorsionado. Por un lado está la televisión con la película Palestina que me deja ver una realidad de odio territorialidad y represión tan lejana a la que vivo que solo puedo empatizar desde la postura un poco cínica del que tiene el estómago lleno y se compadece del hambre de los demás.

El teléfono me golpea: “Os recojo en la estación de Santa Ana, en Antequera” Esta segunda ventana digital, nos llama siempre con mucha fuerza y capacidad ilimitada de entretenimiento. Entremezcla el mundo de amigos y conocidos con el nuestro, con las noticias, juegos, música… Un laberinto infinito que nos mantiene terriblemente alejados de nosotros mismos.

La tercera ventana es literal. Los campos de olivos cordobeses pasan a 305 kilómetros por hora, una bandada de estorninos, una casa blanca solitaria custodiada por una palmera… Es una realidad que según la estoy contemplando la echo de menos, sustituida casi siempre por las otras dos. Noto que vamos perdiendo interés por ella en aras de la realidad virtual y la realidad aumentada, viviendo cada vez más una hiperrealidad que incapacita nuestra conciencia para distinguir la realidad de la fantasía.

Cierro los ojos. No para dormir. Es para asomarme a la ventana que más paz me da y a la que menos me asomo. Soy yo, son mis pensamientos y sentimientos. Ellos me hacen esbozar este post en el aire, me hacen darme cuenta de la admiración que siento por la mujer que sigue trabajando en su presentación, y me hacen respirar pausadamente en armonía con el leve traqueteo del tren. Con los ojos vueltos en sus cuencas me asomo a mi pasado queriendo comprender mi presente.

La conferencia ha sido brillante. Conozco a Joaquina desde hace más de 22 años y he asistido a innumerables presentaciones, clases y discursos. Sigo aprendiendo cada vez, y no solo de sus conocimientos, sobre todo de esa capacidad única de conectar desde dentro, de tender la vida en una bandeja de plata para acariciar con ella el corazón de todos los asistentes. Solo alguien con los ojos muy abiertos hacia dentro tiene esa capacidad.

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03 Tiriti Trump, Trump, Trump

Han pasado un par de días desde el triunfo de Donald Trump y mi móvil lleva esos dos días recibiendo un flujo continuo de mensajes con bromas y fotos del resultado electoral. Me imagino que tu tampoco habrás escapado del bombardeo. Esto me ha llevado a una triple reflexión:

Por un lado me admira el asombroso ingenio que somos capaces de desarrollar. Algunos de los mensajes son francamente divertidos, y dudo que estuvieran preparados a priori por si uno u otro candidato ganaba las elecciones. Me parece más bien que son actos espontáneos de ingenio que las personas crean en el momento y comparten en las redes. Fotomontajes, videos, gifts… Si aplicáramos toda esta ingeniería creativa a solucionar problemas en vez de reírnos de ellos, ¿dónde llegaríamos?

La segunda reflexión es un intento de averiguar si reírnos de situaciones potencialmente muy peligrosas es una forma de disminuir el miedo o es pura inconsciencia.

Uso una de las frases que me ha llegado para apoyar mi tercera reflexión. “Si hay un idiota en el poder es porque quienes lo eligieron están bien representados” . Dejando de lado la descalificación, la frase no deja de mostrar una rotunda verdad. Nos indignamos ante ciertos representantes políticos en nuestra creencia de que no nos representan y resulta que sí, que ahí están, y en vez de iniciar un análisis interior para encontrar la respuesta al estado del mundo, nos enfadamos o simplemente no comprendemos. Es bastante obvio que el mundo y el sistema económico que lo sostiene no está yendo por el mejor camino. Cuando esto ocurre suelen pasar dos cosas o cambiamos el camino de forma voluntaria, o el camino nos agrede y nos obliga a cambiar. Le pasó al imperio romano, y al español, y al inglés… y al norteamericano?.

Mi amiga Cristina me pasó el enlace de este video sobre la Cuarta Revolución Industrial. Klaus Schwab, fundador del World Economic Forum, explica: “Una de las características de la Cuarta Revolución Industrial es que no cambia lo que hacemos, cambia lo que somos”. También se habla en el video de “la necesidad de un modelo económico diferente, un cambio en el sistema más allá del keynesianismo o el neoliberalismo hacia un nuevo sistema que satisfaga las necesidades básicas de todos los seres humanos del planeta, que respete los recursos, que sea más justo y que su objetivo principal no sea el crecimiento en si, sino optimizar el bienestar humano”. Son palabras de esperanza de Stewart Wallis, New Economic Foundation UK.

El resultado de las elecciones norteamericanas me hace pensar que hemos optado por el camino difícil y, la verdad, esto no tiene ninguna gracia.

02 Innovación por sustracción

Soy de los de Heráclito, de los que piensan que la vida es un devenir y el mundo esta en incesante cambio. Es algo que creo nos preocupa a las personas y a las empresas. He participado en cambios de cultura y procesos de innovación en y también he sido culpable de algunas técnicas que estoy a punto de criticar.

La pregunta que nos hacemos es ¿qué puedo hacer para añadir más innovación a mi empresa? Solo hay que googelear un poco para que aparezcan respuestas: listas de los 10 puntos de la innovación, los 4 pasos de no se qué, las 7 etapas para no se cuantos… Es decir, hay muchas formas de contestar esa pregunta pero en realidad está mal formulada. Qué tal si nos preguntamos ¿qué puedo dejar de hacer para que mi empresa sea más innovadora?

Generalmente, y de ahí el mea culpa anterior, cuando queremos innovar empezamos a hacer cosas (innovación por adición): creamos el día de la innovación, llenamos las paredes de la oficina con frases inspiracionales, colocamos paneles donde los trabajadores colocamos nuestras ideas, gastamos muchos posits… Esto rápidamente conduce a los premios a la innovación, a la mejor idea, a gamificar un poco algún proceso, al día de la innovación…

Sabemos que todo esto no funciona, entonces… ¿por qué lo hacemos? Creo que es porque así nuestra conciencia descansa al estar haciendo cosas; podemos hablar con otros de lo innovadores que somos e incluso les podemos enseñar los paneles de ideas. Cuando charlamos con amigos y nos preguntan lo que estamos haciendo de innovador en nuestra empresa podemos enumerar un montón de cosas que generalmente las personas involucradas dejan de hacer muy pronto y todo sigue como estaba.

Mies van der Rohe acuñó una frase que ha ido de boca en boca de diseñadores y arquitectos: “menos es más”. Reformulemos la pregunta: ¿Qué podemos dejar de hacer para que nuestra empresa sea más innovadora? Más que promover la innovación debemos preguntarnos qué es lo que la destruye. Creo que si paramos eso, la naturaleza creativa e innovadora que todos (si, todos, escribiré algún post sobre ello) aparecerá y se esparcirá de manera natural por nuestro entorno. Es imposible ser creativo con 10 reuniones diarias, 50 correos en la bandeja de entrada, sobrecarga de trabajo, horas de preparación en reportes y presentaciones que luego no se utilizan, justificaciones de cualquier cambio en cualquier cosa, jerarquías verticales inflexibles, miedo al error…

Os invito a ir añadiendo cosas a esta lista. Cosas que haces a diario y que matan tu ilusión (o la de tu equipo), tu motivación… y así no hay quien sea creativo. La innovación por sustracción no es fácil. Resulta más sencillo decorar una casa con un montón de muebles, cuadros y accesorios que poner un solo mueble, único e irrepetible que es simplemente perfecto para esa esquina. Pero para encontrarlo, hay que eliminar todo lo demás. Nuestros cerebros necesitan tiempo para pensar e ilusión para implementar nuevas formas de hacer las cosas, nuevos productos o servicios para nuestros clientes, para mirar hacia delante con la certeza de que las cosas cambian y somos los protagonistas de esas transformaciones.

Mirando también dentro de la caja, ¿qué nos hace tener una vida con algún grado de monotonía? ¿qué hace que la visión de nuestra pareja al cabo de los años esté sin chispa? ¿por qué tendemos a innovar poco en nuestra vida personal? O mejor dicho, ¿qué podríamos dejar de hacer para tener una vida personal más innovadora?

Estoy terminando de escribir este post cuando la noticia me golpea: Donald Trump ha ganado las elecciones. Mi ánimo, junto con las bolsas de medio mundo, se desploma. ¿Qué es lo que estamos haciendo tan mal?

01 Desde la caja

La dificultad que tienen los neurocientíficos es que solo pueden estudiar el cerebro y la mente humana desde sus propios cerebros y mentes, lo cual implica una dificultad importante. (Añadida a la dificultad de fallos espectaculares como el que reveló EL País este verano). Es como si quisiéramos psicoanalizarnos a nosotros mismos y pretender ser objetivos. Con esto en mente arranco este blog en una noche fría de mediados de otoño. ¿Para qué? Quizá sea solo para estudiar el contenido de mi caja, o para compartir pensamientos y descubrimientos que hago a lo largo de la semana y que pienso pueden ser útiles para ti. A lo mejor tan solo quiero ver mi ego reflejado fuera de mi y multiplicado en pantallas de ordenadores que no son los míos. Lo que en realidad me gustaría es tener una conversación (con: juntos + vertere: girar, cambiar, dar muchas vueltas) contigo.

Sea como fuere espero que con las lecturas que irán apareciendo, Dios sabe con qué frecuencia, sean divertidas, lo pasemos bien, sean útiles y aprendamos algo. Pensar fuera de la caja (think outside the box) es una expresión muy inglesa que me gusta por lo paradójica: Funciona cuando la metáfora de la caja se aplica a lo conocido, lo establecido, lo mensurable, y deja de funcionar cuando es nuestro ser el que es la caja. La imposibilidad de pensar desde fuera de nosotros. Si, la empatía está muy bien, y todo eso, pero realmente no podemos pensar desde fuera de nuestra mente, nuestra genética, nuestros aprendizajes…

La buena noticia es que la caja es ilimitada, puede crecer y crecer. Hacia dentro investigando en el autoconocimiento de quienes somos, y hacia fuera explorando el contexto en el que vivimos. A mi, siempre me ha interesado el espacio liminal entre esos dos mundos, la línea difusa que marca la periferia de uno y el límite no muy definido del otro.

“Más y más se le borraron al viajero las fronteras entre su interior y el exterior, entre lo que creaba y lo que había realmente delante de sus ojos, hasta que finalmente no pudo distinguir lo uno de lo otro y vivió su propio espíritu como algo externo y los objetos como su interior. De pronto tuvo la sensación de verse a sí mismo, su propia figura sentada allí, en el cochecito, por dentro y por fuera al mismo tiempo, como si ella tampoco fuese otra cosa que una forma surgida casualmente, en la que su espíritu creador veía un ser. Pero precisamente de esta manera aquel ser se volvía realidad. Aquello le asustó, pero fue un susto placentero.”

Michael Ende, El espejo en el espejo. Alfaguara, 1986, p.169