11 La felicidad

Imagínate que eres creyente. Imagínate que una mañana te despierta un luminoso resplandor en tu habitación. Abres los ojos y todavía medio dormido contemplas una presencia que cubierta de luz blanca se va materializando ante ti. Es Dios, y comienza a hablarte. Empieza a explicarte por qué ha venido y para qué quiere que le escuches. Después de unas frases relacionadas con tu desarrollo espiritual, te revela finalmente el motivo de tu existencia. Con una claridad que no deja lugar a dudas te presenta con palabras de oro el propósito de tu vida. Se marcha, y con Él la luz. En tu mente queda grabado exactamente cuál es el sentido de tu vida y cómo lo puedes conseguir. Dios se ha apoyado en los valores que tienes para argumentar porqué es ese tu destino y no otro.

Sus palabras te resuenan dentro. En lo más profundo de tu ser sabes que es así. La vida te ha ido dando pistas, situaciones en las que esos valores han salido a relucir, y con ellos instantes increíbles de felicidad. Pero luego diversas causas han hecho que los relegues enterrándolos con más o menos profundidad bajo las capas del día a día.

Te levantas de la cama, te duchas y te vistes ensimismado, todavía afectado por la visión y a la vez extrañamente tranquilo. Miras tu ropa, los objetos que te rodean, tu casa, y nada parece real, pues nada realmente apunta hacia la consecución de esa meta de vida que ahora se presenta límpida ante ti. Distintos momentos de tu pasado vienen a tu memoria hasta que todas las piezas del puzzle de tu existencia encajan en perfecta armonía.

Y ahora, ¿qué vas a hacer? ¿con qué sentido te vas a sentar delante del ordenador, o dar la clase, o atender a un cliente, o ponerte el uniforme de guarda jurado o conducir a tus hijos al colegio?

El temor de ver y reconocer nuestros grandes valores es que puede abrirse una bifurcación en el camino de nuestra ya trazada vida. Una vida encauzada, tranquila, quizás incluso agradable, donde tapábamos ese cierto vacío interior con el trabajo, la pareja, los hijos o el fútbol. Si hemos venido con un valor a esta vida, sabiéndolo, ¿cómo íbamos a ser capaces de no utilizarlo? Al sernos revelado, nuestra zona de confort revienta, el orden establecido se altera y con un nuevo mapa en la mano emprendemos el camino incierto de la felicidad.

Esto no quiere decir que conocer nuestros valores va a dar un giro de 180 grados a nuestra vida, lo que quiere decir es que tienen que estar incorporados en ella, y todo lo que nos aparte de los mismos tenemos que dejarlo de lado. Si, el valor implica compromiso, y ese es el motivo por el que los mantenemos olvidados en el inconsciente. ¿Serías capaz de escribir en un papel 6 valores que tengas?, 6 fortalezas positivas que corren transversalmente en tu vida de manera natural, que tu pareja, amigos, compañeros y jefes ven y son capaces de nombrarlos. Si has sido capaz, ¿puedes ahora buscar uno más? ¿puedes buscar ese valor diferencial que al activarlo puedes llegar a un grado de excelencia importante? Es ese valor que cuando lo utilizas pierdes la sensación de tiempo y espacio, pero también es ese valor que suele estar escondido. Nuestro valor diferencial es la llave para la felicidad, que jugamos a buscar mirando casi siempre en el lugar equivocado.

10 Aprendiendo de la web: Be responsive

Estamos rediseñando nuestra web en el Instituto Hune y una pregunta que se intercambia con frecuencia entre nuestra diseñadora Mayte y nuestro programador Raúl, es: “… pero, va a ser responsive, ¿no?” Un diseño web responsive es aquel que busca una correcta visualización de una misma página en distintos dispositivos, desde ordenadores a tabletas o teléfonos móviles. Es decir la web de Hune se redimensionará y colocará sus elementos de forma que se adapten al ancho de cada dispositivo permitiendo una perfecta visualización y una mejor experiencia de usuario. Se adaptará a todos los navegadores, todas las resoluciones de pantalla y todas las velocidades de conexión.

No se tu, pero a mi me da la sensación de que mi web me acaba de adelantar por la derecha, ¿cómo de responsive soy yo? Tanto el objetivo de la web como mi objetivo personal son el mismo: que las personas aprovechen la página, que tengan una experiencia de usuario grata, y accedan a los contenidos que nosotros queremos. Y esto es aplicable a cualquier empresa: que los consumidores aprovechen los productos o servicios que ofrecemos, que tengan la mejor experiencia de usuario y que accedan a nuestros contenidos. Y desde luego es aplicable a las relaciones interpersonales, donde deberíamos cuidar lo que aportamos, mimar la experiencia de estar con nosotros y permitir un fácil acceso a quienes somos (y no me refiero al nombre y apellido, sino a quienes somos de verdad)

¿Me adapto yo a todos los navegadores y sistemas operativos? En cierto plano todos las personas somos iguales, sin embargo en otros planos somos tan distintos que puede llegar a poner los pelos de punta. Si yo fuera responsive, disfrutaría de esas diferencias que nos hacen tan tremendamente interesantes: nuestro diferente temperamento, carácter, cultura, educación, genética… la diversidad nos enriquece como personas y nos aúna como seres humanos. Las primeras diferencias las vemos en nuestro exterior, nuestros navegadores: si somos hombre o mujer, raza, altura, color de ojos… pero lo que es realmente diferenciador es nuestro sistema operativo: cómo pensamos, como concebimos el mundo, nuestros valores y creencias, nuestra percepción de nosotros mismos y nuestro contexto inmediato…

¿Me adapto a todas las dimensiones y todas las resoluciones de pantalla? Si soy una persona intuitiva, soñadora, creativa, que ve las cosas de manera global… ¿me adecuo a las personas más racionales, analíticas, lógicas y que ponen foco en los detalles? Mi padre era ingeniero, sus amigos eran ingenieros, su vida era “ingeniero” Eso, gracias a Dios va cambiando en lo personal y sobre todo en lo profesional. Ahora los ingenieros trabajan con biólogos, diseñadores, artistas, preguntan a los usuarios y piensan más allá de los objetos tendiendo un puente hacia las personas. ¿Lo hago yo? ¿cómo de diversos son mis amigos en este mundo tan globalizado?

¿Me adapto a todas las velocidades de conexión? Hay personas que somos analíticas, que necesitamos tiempo para ver las cosas desde varios puntos de vista, que sopesamos las decisiones con miedo a cometer errores, que valoramos la precisión sobre la eficiencia… Pero también hay personas de acción , de resultados, cuyo objetivo es precisamente llegar a la meta cuanto antes para acometer un nuevo reto. Nuestros anchos de banda son distintos, ¿cómo de capaz soy de empatizar con el “lento” o intentar comprender al “rápido”?

Los estudios dicen que las personas esperamos de media 5 segundos para desistir del acceso a una web. Ese es aproximadamente el tiempo que nos damos unos a otros antes de entrar a juzgar, valorar o criticar a una persona. Mi propósito, como el de mi web, es que mi contenido a partir de hoy sea correcto, conciso, claro y breve para que sea fácil de “descargar”, pero lo suficientemente enriquecedor para que ayude correctamente a la comprensión de quién soy. Voy a adaptar mi contenido para no ofrecer información innecesaria que no aporte valor a las relaciones. La forma es crucial, la velocidad es importante, pero el contenido es el rey, de tal manera que la experiencia de usuario de las personas con las que me relacione sea óptima, sobre todo para ellos.

Be responsive my friend.

09 No recuerdos

Su padre le contaba como la abuela, después de la comida del domingo, les preguntaba a los cinco hermanos qué querían de postre. Yo plátano, yo una pera, para mi ciruelas, contestaban. Muy bien, replicaba ella, pues manzana para todo el mundo que es lo que hay. Su madre recordaba el miedo que le tenían los compañeros de colegio de su tío, pues cuando se metían con él, ella llegaba corriendo y los agresores salían despavoridos: ¡que viene la gorda!, ¡que viene la gorda!.

Él, sin embargo, era un hombre sin recuerdos. Sí, recordaba la primera vez que subió en moto o una vez cuando acarició la áspera trompa de un elefante. Se acordaba de pasear por la rosaleda y de un concurso de pintura que ganó a los 8 años. Sin embargo, nunca estaba seguro si eran recuerdos reales o forzados a través de mirar fotografías antiguas. Las guardaba en una gran caja de cartón marrón de bordes desgastados, en un altillo del armario de la entrada. Solía buscar dentro, sacar una foto al azar y, a partir de ella construir una historia. Seguramente al principio tenían esas historias alguna conexión con una realidad congelada en blanco y negro. Pero llevaba demasiados años jugado como para distinguir ahora dónde empezaba lo que realmente mostraba la foto, dónde lo que su madre le había contado sobre ello, y dónde lo que la imaginación, siguiendo su propio camino, le mostraba. Lo que había comenzado como un juego pasando luego a obsesión, se había convertido en una sustancia capaz de borrar la aparentemente indeleble tinta del pasado.

Seguía añadiendo imágenes a la caja y poco a poco las historias fuero siendo de tiempos más recientes. Inconscientemente al principio y luego con científico interés, se propuso que el tiempo se solapase sobre sí mismo. La estrategia consistía en provocar que los días fueran exactamente iguales. Haciéndolos idénticos unos a otros el tiempo se pararía y las historias de las fotos adelantarían eventualmente a su realidad.

Le resultó fácil en su ya rutinaria vida conseguir hacer todos los días lo mismo y a la misma hora. Compró varios juegos de la misma ropa, que se ponía independientemente del clima, y en su trabajo era casi inevitable la monotonía. Solo había pequeños detalles imposibles de controlar, un saludo, una mirada, alguien en el ascensor o un día de lluvia, pero eran pocos y fáciles de eliminar.

Lo acabó consiguiendo. Perfeccionó la técnica de tal manera que incluso decoró las habitaciones de su casa de manera idéntica para no diferenciarlas entre sí, dominando de una vez el tiempo y el espacio.

Al final ocurrió. Un día notó que no tenía que forzar las situaciones, que ya ni siquiera necesitaba la ayuda de las fotografías para inventarse su propia vida. Las historias manaban en un fluir continuo. Pronto no necesitó salir de casa, ni levantarse de la cama, ni abrir los ojos.

Así le encontraron. En la cama, sonriente.

08 La permanencia del cambio

Jasón fue educado por un Centauro hasta que cumplió los 20 años, y a esa edad se dirigió a Yolcos para reclamar a su tío el trono que por herencia le pertenecía. Estas cosas de reclamar tronos evidentemente no son tan fáciles, así que el tío Pelias le puso una misión, a priori imposible de cumplir, como condición a su reinado: Viajar hasta la Cólquida y traerle de allí la piel de un carnero fabuloso que había salvado la vida de uno de los antepasados del susodicho tío. Esta piel, que era de oro, se encontraba depositada en un árbol custodiado por dos toros que arrojaban fuego por la boca y una serpiente que nunca dormía.

Lo primero que hizo Jasón fue contactar con un nutrido grupo de amigos, entre los que se encontraban lo mejor del momento: Hércules, Orfeo, Polifemo, Castor, Euritión… y así hasta 50 héroes que le acompañarían en su arriesgado viaje. También Atalanta, la gran heroína rebelde les acompañó en la travesía.

Ya tenemos la tripulación. Ahora nuestro héroe necesitaba un navío que estuviese a la altura, tanto de la misión como de tan ilustres marineros. Así nació Argo. Construido de la madera de roble procedente del oráculo de Dódona. Como buen Google Car de la época, tenía los dones del habla y de la profecía. En él partieron nuestros amigos y, como en todo poema épico que se precie, les ocurrieron un sin fin de aventuras: se aliaron con las mujeres de la isla de Lemnos; lucharon contra las Harpías, esos monstruos voladores con cara de mujer, garras y alas; superaron el peligro de las Rocas Azules, dos peñascos flotantes que chocaban entre si aplastando a todos los que pretendían pasar entre ellas; y finalmente llegaron a la Cólquida. Jasón entonces, tirando de sus encantos, enamoró a la hija del rey Eetes, que tenía el plus de ser hechicera, lo cual siempre es bueno para librarse de dos toros escupidores de fuego y una serpiente que nunca duerme. Finalmente, tras sortear tempestades, superar el asedio de las Sirenas y el ataque de los monstruos Escila y Caribdis, llegaron de vuelta a Yolcos llevando con ellos el preciado Vellocino de Oro.

Como os podéis imaginar el viaje no duró dos ni tres días y a lo largo de las intensas batallas Argo iba poco a poco perdiendo su madera original, siendo sustituida por la de los diversos lugares por los que fueron pasando, de tal manera, que al final del trayecto, el barco que llegó se seguía llamando y era igual que Argo, pero no quedaba del original ni una sola pieza. Lo más curioso es que, a pesar de ello, no había perdido ninguna de sus propiedades.

Es lunes, espero que así sea mi semana, mi travesía por la Navidad, el paso por la Semana Blanca y la Semana Púrpura para llegar al verano cambiado pero sin haber perdido ninguna de mis propiedades. Y así un año tras otro, esperando no encontrar nunca el Vellocino de Oro que ponga fin a la aventura y sin embargo buscándolo ansiadamente. Engañándome con un propósito para disfrutar de un camino en continuo cambio, en una transformación modelada por las mil experiencias que nos hacen grandes y que dan sentido a nuestra vida.

07 el algoritmo de aprender

En la demanda de divorcio Mary Louise Bell expuso: “Él comienza a trabajar con problemas de cálculo en su cabeza tan pronto como se despierta. Hacía cálculo mientras conducía su coche, mientras estaba sentado en la sala de estar, y mientras estaba acostado en la cama por la noche.”

Esta queja era espetada contra una de las mentes mas brillantes del siglo pasado. Y es que, efectivamente, Richard Feynman no paraba de calcular, de aprender, de aportar. Solo los nombres de las distintas formulaciones en las que participó hacen de este personaje un portento: teoría de la electrodinámica y mecánica cuántica, física de la superfluidez del helio, modelo Parton para la física de partículas, diagramas de Feynman… También ayudó a desarrollar la bomba atómica, introdujo el concepto de nanotecnología, y ganó el Premio Nobel de Física en 1965. Además era ocurrente, divertido, aficionado a tocar los bongos y tremendamente excéntrico.

Sin embargo una cabeza tan compleja y privilegiada nos donó a los mortales de a pie un algoritmo para aprender. En el fondo, de eso se trata la vida, de aprender. En el Instituto de Tecnología de California donde daba clases, se le conocía como el “gran explicador” debido a que su principio rector era que no poder explicar algo que entendiera un alumno de primer curso, quería decir que ese tema aún no estaba suficientemente entendido. Se oponía al aprendizaje memorístico o a cualquier forma de aprender que antepusiera la forma a la razón.

Su técnica de aprendizaje es tan simple como efectiva y nos ayuda tanto a aprender nuevos contenidos como a identificar conceptos que todavía no manejamos muy bien.

Paso 1: Enséñaselo a un niño

Toma una página en blanco y escribe como título el concepto que quieres aprender. Escribe todo lo que sepas de ese tema, pero como si se lo estuvieras contando a un niño de 8 años. El objetivo es que no nos escondamos detrás de nombres técnicos y realmente averigüemos con cuanta profundidad manejamos el tema

Paso 2: Revisión

En el paso anterior habrás notado brechas en tu conocimiento. Conceptos que no has conectado del todo bien o ideas que quedan sueltas. O simplemente has olvidado cosas importantes. Eso es bueno, acabas de descubrir los límites de tu conocimiento. Vuelve ahora y busca la información que rellene esos huecos y tu aprendizaje real habrá comenzado.

Paso 3: Organiza y simplifica

Reúne todas las nuevas notas que has recogido del paso anterior al buscar más información y organízalas de manera fluida en una historia. Léelas en voz alta. Si todavía suena confuso quiere decir que tu entendimiento del tema todavía necesita trabajo.

Paso 4: Compártelo

Este paso es muy bueno y opcional. Si realmente quieres estar seguro de que has comprendido perfectamente el tema , cuéntaselo a alguien. Lo ideal es que sea una persona que sabe un poco de la materia. Cuando sabemos algo tenemos confianza en nosotros, pero cuando lo compartimos adquirimos la seguridad.

La inteligencia, como la creatividad, es un proceso de aprendizaje continuo. La idea de este ejercicio es no solo aprender cosas nuevas sino testar nuestros conocimientos en aquellas materias que pensando que las dominamos con soltura, a lo mejor no es tanto así.

El primer principio es que uno no se debe engañar a sí mismo y uno es la persona más fácil de engañar”        Richard Feynman

06 Capturar el vuelo de los pájaros

Cuando estaba en el colegio, con 9 o 10 años, teníamos en clase un periquito verde con la cabeza amarilla al que sentíamos nuestra mascota. La responsabilidad de cuidarle corría a mi cargo. Limpiaba la jaula, rellenaba el comedero con el mejor alpiste, mantenía fresca el agua y cuando todos los demás compañeros habían abandonado la clase, abría la puerta de su prisión para que volara libre por el aula.

Me embelesaba viéndole verle volar. Me fascinaba ver como, con unos breves aleteos conseguía cruzar toda la clase, haciendo quiebros y giros imposibles, esquivando muebles, lámparas y un crucifijo grande que colgaba del techo. Yo corría a la pizarra y lo dibujaba una y otra vez, intentando capturar su vuelo. Mi frustración era grande cuando solo conseguía dibujar el pájaro pero nunca conseguía representar su vuelo. El pájaro de tiza me miraba estático mientras el real trazaba curvas en el aire.

Pasaron los años y en un viaje a la costa del Pacífico en el México profundo se repitió la historia. El sol apenas despuntaba y sentado en la arena contemplaba los cambios de color en la espuma blanca de las olas. Ante mis ojos pasó el ave más elegante que jamás he visto. A escasos centímetros de las olas, un gran pelícano café planeaba en círculos quizá buscando algún banco de peces. Sin ningún movimiento perceptible de sus alas se mantenía suspendido en el aire durante minutos. Aprovechando la brisa marina jugaba con las olas el viento y los peces.

Cogí mi cámara de fotos y descargué el carrete entero sobre el bello animal, queriendo de nuevo capturar ese majestuoso vuelo. Cuando recogí las fotos reveladas, las miré una y cien veces para encontrar aquella en la que estaba capturado ese vuelo que tanto me había impresionado. En todas ellas, sin excepción, aparecía el pelícano, estático, como disecado, en ninguna estaba su vuelo. Con el tiempo fui aprendiendo a no querer capturar el alma de los animales.

En la iglesia de San Juan Chamula, Chiapas, es un delito penado con cárcel hacer fotos en su interior. Los habitantes tzotziles mantienen las tradiciones mayas y piensan que las fotografías romperán el misticismo de la iglesia. Un lugar profundamente espiritual donde no hay bancadas, y los chamulas se hincan de rodillas en el suelo cubierto de ramas de pino y rezan. También he ido aprendiendo a no querer capturar el alma de las cosas.

Tasunka Witko es uno de los nativos americanos más famosos de la historia. Este gran jefe sioux dejó por su pueblo hasta la última gota de su sangre. “…Todo el mundo le amaba. Sus ojos atravesaban las cosas. Cuando el pueblo se dolía de hambre, dejaba de comer…”. Gran estratega acabó con el orgulloso general Custer en Little Bighorn. Caballo Loco nunca fue fotografiado mientras vivía, nunca permitió que se le hiciera una sola foto ni aún después de muerto. (Las que circulan por internet no hay ninguna prueba de que efectivamente fuera él).

Estoy aprendiendo ahora a no querer capturar el alma de las personas, a disfrutar de ellas de los momentos, los silencios y las caricias y los pensamientos, sin querer guardarlas, sin pretender que pasen a ser otra cosa que lo que son, aprovechando el momento sin querer guardarlo para una situación postrera que puede no llegar nunca.

05 ¿Cuán creativo eres?

La pregunta en sí no es muy creativa, lo que es sorprendente son las respuestas que obtengo cuando la formulo. Más del 80% de los alumnos a los que hago esta pregunta en distintos foros y ponencias contestan directamente con el número que nos enseñaron los árabes. ¿Por qué? ¿Qué número has puesto tu?

Cuando queremos analizar alguna característica de las personas (o de cualquier animal de una misma especie, no seamos tan acaparadores), lo primero que hacemos es tomar medidas de un gran número de individuos. Después estos valores se representan matemáticamente y el resultado es una curva en forma de campana de Gauss (distribución normal). La importancia de esta distribución es que aparece constantemente en la naturaleza o en la actitud de las personas.

Por ejemplo, si midiéramos el IQ (no creo que el IQ mida la inteligencia, pero nos vale para el ejemplo) de los españoles, tendríamos a un 15% con una inteligencia débil o insuficiente (IQ entre 55 y 85); otro 15% con inteligencia superior o superdotados (IQ entre 115 y 145); y casi todos nosotros, el 70%, estamos en la media (IQ entre 85 y 115). También hay algunos genios: Bobby Fisher 187, Galileo Galilei 185, o Einstein 160.

Esto mismo sucedería si midiéramos el peso, la altura, el grado de felicidad… de la población de cualquier país del mundo: el 70% de personas están en la media, entonces… ¿Por qué no ocurre lo mismo cuando medimos la creatividad? ¿Cómo es que rompemos las normas matemáticas con esta codiciada competencia humana? He encontrado tres causas y si a alguien se le ocurre alguna más os ruego que la compartáis.

Por un lado unimos la creatividad a las Bellas Artes: pintura, escultura, música, poesía… Por otro lado la vinculamos a estallidos de genialidad: personas que sin ningún esfuerzo crean cosas nuevas que se les ocurren en un flujo constante de ideas. Por último la creatividad nos compromete, y eso puede requerir un esfuerzo extra que no estamos dispuestos a realizar.

Refutación de las dos primeras y alabanza a la segunda: Por supuesto que los artistas son personas creativas, pero desde luego no son los únicos. Inventores, emprendedores, abogados, jardineros, personas que mantienen vivas sus relaciones durante años… todos son creativos, lo cual no quiere decir que sean genios. Si nos acostumbramos a ver la creatividad como un proceso (y muy duro a veces) y no como una chispa divina, nos daremos cuanta que cualquiera lo puede hacer.

Yo no sé juzgar si este blog es bueno o no. Lo que sí se es que no me levanto por la mañana, me siento en el ordenador y en 10 minutos tengo listo el siguiente post. En cada una de las entradas pienso en lo que te puede interesar, luego defino la necesidad o problema que quiero acometer, más adelante busco ideas e investigo para probar diferentes formas de contártelo. Finalmente repaso muchas veces lo escrito para ver si se entiende, si es ameno y si es útil.

Escribir esta página es un proceso, un método cuyo ingrediente principal no es otro que el compromiso. Y con él toco el tercer punto. En general la creatividad ha sido empujada al inconsciente por nuestros padres, el sistema educativo, el tipo de trabajo que hacemos… Se nos ha potenciado mucho más el orden, la estructura, la inteligencia lógico-matemática, lo racional… En aras de lo intuitivo, lo creativo, la expresión de nuestro ser.

Es el momento de romper la creencia de que los creativos son unos pocos seres tocados por la mano de Dios. Tú también lo eres, todos lo somos, solo tenemos que buscar un método, creer en el proceso y poner el esfuerzo en el compromiso de hacerlo (Picasso hizo 45 bocetos previos al Guernica). De esta manera aflorará el ser creativo que lleva años dentro de ti esperando la oportunidad de renacer. Solo necesitas comprometerte con ella, buscar en qué area de tu vida la puedes aplicar (ya te avanzo que en todas) y dedicarle tiempo. Este blog existe porque pienso que puede servir a alguien a desarrollarse y eso es lo que me hace caminar en él.

Ejercicio de creatividad: Esta noche, cuando vayas a lavarte los dientes, utiliza la mano contraria: si eres diestro, la zurda, y viceversa. Vas a explorar tu boca y dentadura de forma diferente, vas a ser más consciente del proceso, vas a pensar realmente en lo que estás haciendo y lo tendrás que hacer con delicadeza para no hacerte daño. Vivirás el presente absoluto… y todo eso simplemente cambiando un cepillo de mano… ¿A qué otros sitios puedes llevar esta idea?

04 La realidad real

Son las 7:35 de la mañana del domingo y acaba de arrancar el AVE con dirección a Málaga. Acompaño a Joaquina Fernández a una conferencia que va a pronunciar el Granada a las 11:00. Somos los dos únicos pasajeros de preferente y no puedo evitar la sensación de que han fletado el tren para nosotros. Comento en voz alta que así deben sentirse las personas con avión privado. Hay una tranquilidad agradable en el vagón y arrancamos en el silencio de un amanecer de perezosas nubes grises.

La conversación es cordial mientras repasamos y hacemos algunas modificaciones a la presentación. Luego disfrutamos del silencio. Levanto la mirada y en el monitor de televisión están poniendo una película Palestina, creo, por las imágenes y algunos subtítulos que voy leyendo. Enseguida me pregunto porqué las personas necesitamos distraernos. Para qué necesitamos periódicos, libros y revistas para un trayecto de apenas dos horas y media que invita a la reflexión.

Tengo ante mi cuatro ventanas al mundo, y cada una me va a mostrar un mapa del mismo a cual más distorsionado. Por un lado está la televisión con la película Palestina que me deja ver una realidad de odio territorialidad y represión tan lejana a la que vivo que solo puedo empatizar desde la postura un poco cínica del que tiene el estómago lleno y se compadece del hambre de los demás.

El teléfono me golpea: “Os recojo en la estación de Santa Ana, en Antequera” Esta segunda ventana digital, nos llama siempre con mucha fuerza y capacidad ilimitada de entretenimiento. Entremezcla el mundo de amigos y conocidos con el nuestro, con las noticias, juegos, música… Un laberinto infinito que nos mantiene terriblemente alejados de nosotros mismos.

La tercera ventana es literal. Los campos de olivos cordobeses pasan a 305 kilómetros por hora, una bandada de estorninos, una casa blanca solitaria custodiada por una palmera… Es una realidad que según la estoy contemplando la echo de menos, sustituida casi siempre por las otras dos. Noto que vamos perdiendo interés por ella en aras de la realidad virtual y la realidad aumentada, viviendo cada vez más una hiperrealidad que incapacita nuestra conciencia para distinguir la realidad de la fantasía.

Cierro los ojos. No para dormir. Es para asomarme a la ventana que más paz me da y a la que menos me asomo. Soy yo, son mis pensamientos y sentimientos. Ellos me hacen esbozar este post en el aire, me hacen darme cuenta de la admiración que siento por la mujer que sigue trabajando en su presentación, y me hacen respirar pausadamente en armonía con el leve traqueteo del tren. Con los ojos vueltos en sus cuencas me asomo a mi pasado queriendo comprender mi presente.

La conferencia ha sido brillante. Conozco a Joaquina desde hace más de 22 años y he asistido a innumerables presentaciones, clases y discursos. Sigo aprendiendo cada vez, y no solo de sus conocimientos, sobre todo de esa capacidad única de conectar desde dentro, de tender la vida en una bandeja de plata para acariciar con ella el corazón de todos los asistentes. Solo alguien con los ojos muy abiertos hacia dentro tiene esa capacidad.

03 Tiriti Trump, Trump, Trump

Han pasado un par de días desde el triunfo de Donald Trump y mi móvil lleva esos dos días recibiendo un flujo continuo de mensajes con bromas y fotos del resultado electoral. Me imagino que tu tampoco habrás escapado del bombardeo. Esto me ha llevado a una triple reflexión:

Por un lado me admira el asombroso ingenio que somos capaces de desarrollar. Algunos de los mensajes son francamente divertidos, y dudo que estuvieran preparados a priori por si uno u otro candidato ganaba las elecciones. Me parece más bien que son actos espontáneos de ingenio que las personas crean en el momento y comparten en las redes. Fotomontajes, videos, gifts… Si aplicáramos toda esta ingeniería creativa a solucionar problemas en vez de reírnos de ellos, ¿dónde llegaríamos?

La segunda reflexión es un intento de averiguar si reírnos de situaciones potencialmente muy peligrosas es una forma de disminuir el miedo o es pura inconsciencia.

Uso una de las frases que me ha llegado para apoyar mi tercera reflexión. “Si hay un idiota en el poder es porque quienes lo eligieron están bien representados” . Dejando de lado la descalificación, la frase no deja de mostrar una rotunda verdad. Nos indignamos ante ciertos representantes políticos en nuestra creencia de que no nos representan y resulta que sí, que ahí están, y en vez de iniciar un análisis interior para encontrar la respuesta al estado del mundo, nos enfadamos o simplemente no comprendemos. Es bastante obvio que el mundo y el sistema económico que lo sostiene no está yendo por el mejor camino. Cuando esto ocurre suelen pasar dos cosas o cambiamos el camino de forma voluntaria, o el camino nos agrede y nos obliga a cambiar. Le pasó al imperio romano, y al español, y al inglés… y al norteamericano?.

Mi amiga Cristina me pasó el enlace de este video sobre la Cuarta Revolución Industrial. Klaus Schwab, fundador del World Economic Forum, explica: “Una de las características de la Cuarta Revolución Industrial es que no cambia lo que hacemos, cambia lo que somos”. También se habla en el video de “la necesidad de un modelo económico diferente, un cambio en el sistema más allá del keynesianismo o el neoliberalismo hacia un nuevo sistema que satisfaga las necesidades básicas de todos los seres humanos del planeta, que respete los recursos, que sea más justo y que su objetivo principal no sea el crecimiento en si, sino optimizar el bienestar humano”. Son palabras de esperanza de Stewart Wallis, New Economic Foundation UK.

El resultado de las elecciones norteamericanas me hace pensar que hemos optado por el camino difícil y, la verdad, esto no tiene ninguna gracia.

02 Innovación por sustracción

Soy de los de Heráclito, de los que piensan que la vida es un devenir y el mundo esta en incesante cambio. Es algo que creo nos preocupa a las personas y a las empresas. He participado en cambios de cultura y procesos de innovación en y también he sido culpable de algunas técnicas que estoy a punto de criticar.

La pregunta que nos hacemos es ¿qué puedo hacer para añadir más innovación a mi empresa? Solo hay que googelear un poco para que aparezcan respuestas: listas de los 10 puntos de la innovación, los 4 pasos de no se qué, las 7 etapas para no se cuantos… Es decir, hay muchas formas de contestar esa pregunta pero en realidad está mal formulada. Qué tal si nos preguntamos ¿qué puedo dejar de hacer para que mi empresa sea más innovadora?

Generalmente, y de ahí el mea culpa anterior, cuando queremos innovar empezamos a hacer cosas (innovación por adición): creamos el día de la innovación, llenamos las paredes de la oficina con frases inspiracionales, colocamos paneles donde los trabajadores colocamos nuestras ideas, gastamos muchos posits… Esto rápidamente conduce a los premios a la innovación, a la mejor idea, a gamificar un poco algún proceso, al día de la innovación…

Sabemos que todo esto no funciona, entonces… ¿por qué lo hacemos? Creo que es porque así nuestra conciencia descansa al estar haciendo cosas; podemos hablar con otros de lo innovadores que somos e incluso les podemos enseñar los paneles de ideas. Cuando charlamos con amigos y nos preguntan lo que estamos haciendo de innovador en nuestra empresa podemos enumerar un montón de cosas que generalmente las personas involucradas dejan de hacer muy pronto y todo sigue como estaba.

Mies van der Rohe acuñó una frase que ha ido de boca en boca de diseñadores y arquitectos: “menos es más”. Reformulemos la pregunta: ¿Qué podemos dejar de hacer para que nuestra empresa sea más innovadora? Más que promover la innovación debemos preguntarnos qué es lo que la destruye. Creo que si paramos eso, la naturaleza creativa e innovadora que todos (si, todos, escribiré algún post sobre ello) aparecerá y se esparcirá de manera natural por nuestro entorno. Es imposible ser creativo con 10 reuniones diarias, 50 correos en la bandeja de entrada, sobrecarga de trabajo, horas de preparación en reportes y presentaciones que luego no se utilizan, justificaciones de cualquier cambio en cualquier cosa, jerarquías verticales inflexibles, miedo al error…

Os invito a ir añadiendo cosas a esta lista. Cosas que haces a diario y que matan tu ilusión (o la de tu equipo), tu motivación… y así no hay quien sea creativo. La innovación por sustracción no es fácil. Resulta más sencillo decorar una casa con un montón de muebles, cuadros y accesorios que poner un solo mueble, único e irrepetible que es simplemente perfecto para esa esquina. Pero para encontrarlo, hay que eliminar todo lo demás. Nuestros cerebros necesitan tiempo para pensar e ilusión para implementar nuevas formas de hacer las cosas, nuevos productos o servicios para nuestros clientes, para mirar hacia delante con la certeza de que las cosas cambian y somos los protagonistas de esas transformaciones.

Mirando también dentro de la caja, ¿qué nos hace tener una vida con algún grado de monotonía? ¿qué hace que la visión de nuestra pareja al cabo de los años esté sin chispa? ¿por qué tendemos a innovar poco en nuestra vida personal? O mejor dicho, ¿qué podríamos dejar de hacer para tener una vida personal más innovadora?

Estoy terminando de escribir este post cuando la noticia me golpea: Donald Trump ha ganado las elecciones. Mi ánimo, junto con las bolsas de medio mundo, se desploma. ¿Qué es lo que estamos haciendo tan mal?