06 Capturar el vuelo de los pájaros

Cuando estaba en el colegio, con 9 o 10 años, teníamos en clase un periquito verde con la cabeza amarilla al que sentíamos nuestra mascota. La responsabilidad de cuidarle corría a mi cargo. Limpiaba la jaula, rellenaba el comedero con el mejor alpiste, mantenía fresca el agua y cuando todos los demás compañeros habían abandonado la clase, abría la puerta de su prisión para que volara libre por el aula.

Me embelesaba viéndole verle volar. Me fascinaba ver como, con unos breves aleteos conseguía cruzar toda la clase, haciendo quiebros y giros imposibles, esquivando muebles, lámparas y un crucifijo grande que colgaba del techo. Yo corría a la pizarra y lo dibujaba una y otra vez, intentando capturar su vuelo. Mi frustración era grande cuando solo conseguía dibujar el pájaro pero nunca conseguía representar su vuelo. El pájaro de tiza me miraba estático mientras el real trazaba curvas en el aire.

Pasaron los años y en un viaje a la costa del Pacífico en el México profundo se repitió la historia. El sol apenas despuntaba y sentado en la arena contemplaba los cambios de color en la espuma blanca de las olas. Ante mis ojos pasó el ave más elegante que jamás he visto. A escasos centímetros de las olas, un gran pelícano café planeaba en círculos quizá buscando algún banco de peces. Sin ningún movimiento perceptible de sus alas se mantenía suspendido en el aire durante minutos. Aprovechando la brisa marina jugaba con las olas el viento y los peces.

Cogí mi cámara de fotos y descargué el carrete entero sobre el bello animal, queriendo de nuevo capturar ese majestuoso vuelo. Cuando recogí las fotos reveladas, las miré una y cien veces para encontrar aquella en la que estaba capturado ese vuelo que tanto me había impresionado. En todas ellas, sin excepción, aparecía el pelícano, estático, como disecado, en ninguna estaba su vuelo. Con el tiempo fui aprendiendo a no querer capturar el alma de los animales.

En la iglesia de San Juan Chamula, Chiapas, es un delito penado con cárcel hacer fotos en su interior. Los habitantes tzotziles mantienen las tradiciones mayas y piensan que las fotografías romperán el misticismo de la iglesia. Un lugar profundamente espiritual donde no hay bancadas, y los chamulas se hincan de rodillas en el suelo cubierto de ramas de pino y rezan. También he ido aprendiendo a no querer capturar el alma de las cosas.

Tasunka Witko es uno de los nativos americanos más famosos de la historia. Este gran jefe sioux dejó por su pueblo hasta la última gota de su sangre. “…Todo el mundo le amaba. Sus ojos atravesaban las cosas. Cuando el pueblo se dolía de hambre, dejaba de comer…”. Gran estratega acabó con el orgulloso general Custer en Little Bighorn. Caballo Loco nunca fue fotografiado mientras vivía, nunca permitió que se le hiciera una sola foto ni aún después de muerto. (Las que circulan por internet no hay ninguna prueba de que efectivamente fuera él).

Estoy aprendiendo ahora a no querer capturar el alma de las personas, a disfrutar de ellas de los momentos, los silencios y las caricias y los pensamientos, sin querer guardarlas, sin pretender que pasen a ser otra cosa que lo que son, aprovechando el momento sin querer guardarlo para una situación postrera que puede no llegar nunca.

Autor: Jon Elejabeitia

CEO & Founder NEXTYOU, Arquitecto

7 comentarios en “06 Capturar el vuelo de los pájaros”

  1. Hola Jon, hoy te pongo un sobresaliente. Hoy tu narración me ha encantado, muy bello. Te hago una pregunta: ¿No será que has equivocado la técnica a utilizar?. Si lo que buscas es mostrar o capturar el alma, ¿no sería la herramienta el cine? te permite reflejar el movimiento, el sentimiento y el pensamiento. Tiene toda la belleza de la foto, del dibujo, pero con contenido. El cine me parece la solución a lo que tu buscas. Un saludo.

  2. Que bueno Jon… A veces existen momentos mucho más sublimes en el alma que el objetivo de la cámara. Estarás conmigo que finalmente has logrado captar el vuelo de ese pájaro que tanto te maravillo, y que efectivamente llevas dentro. Un abrazo.

  3. Que bonita reflexión y que profundo eras ya desde pequeño. Pienso como tu el alma es libre y se resiste a ser retenida. Se puede sentir, palpar pero nunca atrapar. El alma como Don Quijote lleva sus propias andanzas y es voluble porque crece constantemente.

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