41 La casa de la infancia

A lo mejor en estos días de vacaciones has tenido la oportunidad de visitar tu casa familiar. Aquella casa del pueblo en la que creciste, o una casa que compraron tus padres en la playa en la que has pasado todas tus vacaciones de la infancia. A lo mejor este año, por lo que sea, has vuelto por unos días a esa casa.

La casa natal, la describe Bachelard como aquella primera morada que determinará luego el modo de habitar las moradas sucesivas de nuestra vida. “La casa natal vive en nosotros, como la infancia, inalterada. Ella nunca se gasta, nunca se pierde, tiene la propiedad de estar potencialmente presente en nosotros: con sólo evocarla ya es nuestra. Así, la casa onírica habita en nosotros, en nuestro cuerpo. Ella ha inscrito en nosotros la jerarquía de las diversas funciones de habitar. Somos el diagrama de las funciones de habitar esa casa y todas las demás casas no son más que variaciones de un tema fundamental. La palabra hábito es una palabra demasiado gastada para expresar ese enlace apasionado de nuestro cuerpo que no olvida la casa inolvidable.”

La casa de nuestra infancia es una mezcla inseparable entre imaginación y memoria. Estoy pasando unos días en la casa de la infancia. Hacía tiempo que no venía. Ahora todo es más pequeño. Aquel suelo de terrazo por el que me arrastraba y me brindaba su frescor, ahora lo percibo gastado y con desperfectos. Busco la despensa al final del pasillo, pero ahora es un baño. La distribución es la misma: un pequeño recibidor con la puerta de la cocina a la izquierda, el salón comedor de frente y a la derecha el pasillo que conduce a 3 dormitorios. El de los niños a la izquierda, el de los abuelos a la derecha y el de mis padres al fondo.

Este pequeño chalé de teja árabe, encalado de blanco y rejas en las ventanas, es más que una casa. En él están los abrazos de mi abuela, las peleas con mis hermanos, las ruidosas comidas, las infinitas siestas y los mejores escondites. Ella atesora mi intimidad prohibida. Recuerdo la pequeña cabaña del jardín, la casa dentro de la casa, que era solo mía. Aquí vi a mis padres discutir por primera vez y también los vi besarse. Aquí me enamoré de la hermana de mi mejor amigo, y aquí lloré confuso cuando murió prematuramente. Miro la manguera y su agua fría que nos esperaba al llegar de la playa… y olía a comida, al odioso gazpacho y al glorioso pan con aceite y azúcar…

Los amigos, parejas, y personas en general pasan por nuestra vida. Prestamos atención a algunas y nos involucramos emocional o profesionalmente con otras. También hay un grupo de personas a las que prestamos muy poca o ninguna atención. Con las casas nos ocurre lo mismo. Algunas nos marcan hasta los tuétanos, y otras pasan sin pena ni gloria, dejando apenas un vago recuerdo en nuestra mente.

40 La otra cigarra y la otra hormiga

La famosísima fábula “La cigarra y la hormiga” atribuida a Esopo, lleva con nosotros más de 2.500 años. Ha ido pasando de generación en generación convenciéndonos de lo duro que hay que trabajar y que hay que guardar para cuando llegue el invierno. Y ahí vamos, dándolo todo y mirando de reojo a un invierno que nunca sabemos cuán largo o frío va a ser. Entramos en la espiral del trabajo y, en muchos casos, se nos olvida vivir. A veces por el miedo al futuro (cada vez más incierto) y otras por la creencia de que el pan hay que ganarlo con el sudor de la frente.

En 1963, el poeta, etimólogo, y traductor de La Divina Comedia, John Ciardi, escribió una preciosa reformulación de la dichosa fábula: John J. Plenty and Fiddler Dan (lo siento, solo la he encontrado en inglés) Narra en su poema que la hormiga workoholic John J. Plenty, tiene una hermana. Para su desgracia ésta se enamora perdidamente de la cigarra Dan. Así que pasan los dos la primavera cantando y tocando el violín bajo la mirada severa y el reproche de la hormiga John J.

Por supuesto llega el invierno y John J. se encierra con sus provisiones. El violín y la canción dejan de sonar. Va pasando el tiempo y la hormiga empieza a temer por un invierno más largo de lo normal y no está segura de que le alcancen todas las provisiones que tiene. Se promete a sí mismo que la próxima primavera trabajará y recolectará el doble, para por si acaso.

Llega por fin la primavera y John J. sale de su hormiguero. Para su sorpresa escucha a lo lejos el sonido del violín y el suave cantar de su hermana. No entiende cómo han podido pasar el invierno sin provisiones.

“I guess he recovered. I hope he did.

I don’t know where the Fiddler hid

With his pretty wife from ice and snow.

I guess about all I really know

Is — save a little or save a lot,

You have to eat some of what you’ve got.

And — say what you like as you trudge along,

The world won’t turn without a song.

“Supongo que se recuperó. Espero que lo haya hecho.

No sé dónde se escondió el violinista.

Con su linda esposa del hielo y la nieve.

Supongo que todo lo que realmente sé

Es — guarda un poco o guarda mucho,

Tienes que comer algo de lo que tienes.

Y — di lo que quieras mientras caminas,

El mundo no girará sin una canción

39 Sin dar palo al agua

Me escribe un amigo que, como muchos, está de vacaciones y me dice: “Aquí estoy, en la playa, con la familia y sin dar palo al agua” Siento curiosidad así que googeleo en busca del origen de la expresión “sin dar palo al agua”

Por lo visto es de origen marinero, en concreto de las barcas de remos. Los marineros que no metían el remo (palo) en el agua para remar, no trabajaban. Literalmente no daban palo al agua.

Inmediatamente me pregunto: ¿Es posible estar sin dar palo al agua en el barco de la vida? Tristemente me doy cuenta de que la respuesta es afirmativa. Me doy cuenta de que en el barco de mi vida he ocupado muchas cargos: grumete, aprendiendo de qué iba esto de la vida. Marinero, realizando labores para sobrevivir abordo. Contramaestre, ocupado de los demás miembros de la tripulación y no tanto de mí. Patrón, cuando he sentido que mi barco era pequeño y hasta insignificante, pero era mi barco. Timonel, manejando cartas de navegación y sorteando con mano firme (más o menos) los peligros que esto del vivir trae consigo…

Ahora me siento capitán, la máxima autoridad del barco. Responsable máximo de lo que funciona y lo que no, de lo que hace que el barco vuele bajo las estrellas o esté al pairo en una calma chicha. Soy también responsable de todas las maniobras que hago y de mirar con ojo crítico y perdón a las que hice en el pasado.

Y miro al horizonte lejano y, a veces, solo a veces, me siento polizón. Siento que me ha colado sin permiso en un barco que no entiendo muy bien, que me asusta y a la vez me intriga. Y aprendo los misterios de la vida sacudido por el oleaje, con sabor a mar en la boca y los ojos entrecerrados, agradeciendo la luz de un nuevo amanecer. En este barco es imposible estar sin dar palo al agua.

38 ¿Te convertirías en un vampiro?

¿Lo harías? Y no me refiero a convertirte en Batman, sino en un vampiro de verdad. Eso sí, la transformación no sería dolorosa ni para ti ni para nadie, y tendrías increíbles superpoderes de vampiro. Pero tendrías que dejar de ser humano. Imagina que todos tus amigos han decidido la transformación y están felices ¿Lo harías?

Este es el experimento que nos propone la filósofa L.A. Paul en su libro “Transformative Experience” con el objetivo de mostrar que cuando nos enfrentamos a experiencias transformadoras estamos pobremente equipados para hacer los cambios que conllevan. Y sin embargo tenemos y debemos hacer esos cambios. Pero ¿cómo puedes tomar la decisión si no tienes ni idea de lo que es ser un vampiro? Vas a tomar una decisión a ciegas de la que no hay marcha atrás. Así son las decisiones más trascendentales de nuestra vida. Aquellas que nos cambian para siempre. Aquellas a las que nos mueve un impulso interno, y las tomamos no sabiendo cómo va a funcionar la vida después de esto. No son decisiones racionales.

¿Y si tus amigos dejan de serlo? Puede pasar. Como vampiros que son ahora, a lo mejor tienen otros criterios de selección de las amistades, distintos de los que tenían como humanos al seleccionarte como amigo. ¿Estás dispuesto a que eso ocurra?

En la vida tarde o temprano te vas a encontrar con una decisión que involucra una experiencia que no se parece en nada a lo que hayas podido vivir hasta ahora. Sabes muy poco o nada del futuro que te espera. No va a funcionar tu experiencia pasada como guía de la decisión a tomar. Te va a faltar información para hacer una toma de decisión normal en la que evalúas los pro y los contras y eliges un camino. Vas a pasar por una experiencia  radicalmente nueva que cambiará tu vida para siempre.

Estas decisiones implican elecciones para tener experiencias que nos enseñan cosas que no podemos saber de ninguna otra manera que no sea la propia experiencia.

37 La foto del WhatsApp

Estoy seguro de que esta costumbre la tenemos muchos: cuando alguien nos envía un mensaje de WhatsApp abrimos su foto, la ampliamos y vemos quién es, o qué imagen ha elegido para representarle ante el mundo. Porque la foto de esta aplicación es eso, nuestra representación, cómo queremos ser vistos por los demás, qué impresión queremos causar. Y la causamos.

Especialmente porque nuestro inconsciente forma una parte muy activa en la toma de decisión sobre qué foto elegir. Casi nadie pone una foto cualquiera o una no foto (que también habla de su personalidad). Voy a poner algunos ejemplos de los últimos mensajes que me han llegado y a analizar un poco el personaje que me los envía. El objetivo es mostrar cómo enseñamos al mundo quién somos a través de esta pequeña imagen representativa. Elijo fotos de los últimos mensajes y te garantizo que esto funciona con todas las fotos.

Esta foto es de un joven de unos 27 años, una edad en la que las luces y las sombras batallan en nuestro interior generando una suerte de desconfianza interna: ¿Soy buena persona? Si es así ¿por qué tengo estos pensamientos? Es una edad en la que el autoconocimiento da un poco de miedo pues nuestra sombra la creemos más poderosa que nuestra luz. La foto de su gato muestra como la luz siempre vence a la oscuridad, solo se necesita encontrar la fuente que despeje las dudas.

Acerca esa fuente y las sombras se desvanecen solas. La foto es un reflejo exterior de lo que ocurre en el interior.

Esta es la foto del WhatsApp de mi madre… que tiene 84 años. Sin embargo, su cabeza, su vitalidad, su forma de contemplar el mundo es como la de hace 30 años, como la de la foto. No es tanto que le guste la belleza exterior de esa edad, que seguro que también, sino que siente que su interior no ha envejecido tanto como su exterior. Como ejemplo un comentario muy suyo: “No quiero ir a esa cafetería porque está llena de viejos”

Esta última foto es de un hombre de unos treinta y pocos años. Creo que el árbol es un almendro, o de esa familia de árboles que son los primeros en florecer, anunciando la primavera. Creo que es la foto de una persona sensible y seguramente enamorada o con una idea de pareja naciente, florida y viva, aunque un poco desconocida todavía (fíjate en las dos figuras oscuras en el medio plano a la izquierda. También me resulta importante resaltar el edificio que queda medio tapado por las flores. ¿Qué representa esa estructura de ladrillo rojo? También hay una nube blanca justo encima del árbol… ¿qué representa? Por último, la señal de la bicicleta y el camino hablan de dirección y de recorrer el camino sin prisa, disfrutando del viaje ¿Hacia dónde? No sabemos.

¿Cómo es tu foto del WhatsApp?

36 Cambio de pensamiento

Muchos hemos pensado alguna vez, o seguimos pensando, que nacemos sin haberlo elegido, de padres que no hemos elegido, en cuerpos y fronteras que no hemos elegido, para existir en una región del espacio-tiempo que no hemos elegido, durante una duración que no elegimos. Como piensan los físicos, no elegimos los átomos particulares que constelan nuestro yo particular, ni las configuraciones neuronales que disparan nuestra conciencia. Incluso, como decía James Baldwin, ni siquiera elegimos a quién amamos.

Un montón de creencias que usamos y nos sirven para tranquilizar, aunque sea temporalmente nuestra conciencia. Si no lo elijo, no soy responsable, y mi dedo índice de la mano derecha apunta raudo en distintas direcciones: mis padres, mi pareja, Dios… Así que caemos involuntariamente en este mundo que percibimos injusto cuando la cosa no pinta bien, y merecido cuando somos afortunados. Pero no deja de ser una ruleta caprichosa e impredecible.

¿Y si no fuera así? ¿Qué pasaría si giramos un poco el pensamiento y admitimos, aunque sea sólo hipotéticamente, que no ocurre de esa manera? Imagínate, aunque solo sea por el juego intelectual de hacerlo, que sí has elegido nacer, que sí has elegido a tus padres, a tu cuerpo, a tu cultura y país, a tus hermanos… Piensa por un momento qué implicaría esto.

De repente, un mundo caprichoso se convierte en un aula a la que he decidido entrar. Y he decidido entrar para aprender. Y he decidido entrar porque ahí estaban unos maestros específicos, que lo son porque vienen a enseñarme específicamente lo que yo les he dicho que quería aprender. Porque, imagínate que en realidad sólo has venido a aprender una cosa. Por eso aparecen unos compañeros precisos, unas parejas correctas y un lugar concreto. Por eso no nos equivocamos cuando “aparecen” ni tampoco lamentamos su existencia, ya que son los pilares que sustentan nuestro aprendizaje. Únicamente debemos pararnos a reflexionar sobre lo que nos están enseñando.

Con este pensamiento, instantáneamente comprendo el sentido de la vida y poco a poco voy aprendiendo de las decisiones, conscientes e inconscientes, que me permiten elegir la dirección en las bifurcaciones constantes que me voy encontrando.

Con este pensamiento voy encontrando con mucha más rapidez la respuesta a la eterna pregunta: ¿Para qué? ¿Para qué vivo esto? ¿Para qué estoy con esta persona? ¿Para qué tengo a estos padres? Para qué.

35 Reflexiones desde la caja

Nunca había tenido un sentido tan literal lo metafórico del nombre de este blog, así que, desde la caja, se me ocurren una serie de reflexiones que comparto contigo.

En realidad, no es que me sienta dentro de una caja, la sensación es más la de estar dentro de una matrioshka, esas tradicionales muñecas rusas huecas que en su interior guardan otra muñeca, en el interior de la cual hay otra, y así sucesivamente en un número variable de veces. Por cierto, el número de muñecas debe ser impar por algún motivo que desconozco. Pero volviendo a donde estaba, siento que estoy encerrado dentro de una ciudad de la que no me dejan salir. También estoy encerrado en una casa de la que me aconsejan no salir (bajo multa). La siguiente “muñeca” es mi cuerpo en el que ya estoy acostumbrado a permanecer dentro (excepto cuando sueño), sin embargo, ahora le maltrato con sedentarismo y exceso de comida. Dentro del cuerpo está mi cráneo que guarda la última matrioshka: mi cerebro, en cuyo interior están mis pensamientos y sensaciones.

Parten de ahí estas reflexiones como ráfagas aleatorias obligadas a salir, cuando he tenido el tiempo de pararme a contemplar todas estas figuras huecas de madera que yacen sobre la mesa. Quizá son más preguntas que reflexiones… ahí van algunas:

¿Por qué casi todas las personas y memes que nos llegan hablan de aburrimiento? ¿Qué nos ha ocurrido a las personas para necesitar tanto el exterior (y no me refiero solo a la calle) para no aburrirnos? ¿Cómo ha llegado a ser tan pobre nuestro diálogo interno que literalmente no nos aguantamos a nosotros mismos?  ¿Qué sería de nosotros, entonces, sin streaming, redes sociales o Whatsapp? De alguna manera, con la velocidad de la vida, se nos ha marchado también la capacidad de sentarnos, entrar en nosotros y reflexionar sobre quiénes somos, a dónde vamos y si el camino que llevamos es el adecuado. Y esto va más allá del camino profesional. Qué gran oportunidad para retomar ese pensamiento interior.

Esta situación antinatural, los humanos somos seres sociales y nos tensamos enormemente cuando nos confinan (especialmente los sanguíneos), saca lo mejor y lo peor de nosotros. Por un lado, leo anuncios de solidaridad en la aplicación Nextdoor, donde personas se ofrecen a ayudar a personas mayores en hacerles la compra o algún recado urgente que necesiten. Curiosamente son casi siempre mujeres las que se ofrecen, dando una vez más ejemplo de entrega y visión social. Por otro lado, cuando salgo al supermercado, las miradas de las personas con las que me cruzo son agresivas, reprobatorias y culpabilizadoras, como diciendo “no me pegues esa lepra que llevas dentro” y casi nunca: “no me acerco no vaya a ser que esté infectado y te contagie”. También están los repugnantes casos de xenofobia hacia los chinos que están ocurriendo ya en Estados Unidos.

También me da que pensar el por qué los humanos, en general, pensamos en el corto plazo, en los efectos en vez de en las causas y, además, fuera de nosotros. Todas estas medidas que estamos tomando ahora: confinamiento, guantes, mascarillas (un inciso, deja las mascarillas para el personal sanitario y los enfermos, a los que están sanos no les sirven para nada y agotamos un recurso que se necesita mucho más en otros sitios, fuerzas del orden, ejército, personal sanitario, cuidadores, trabajadores de supermercados…). En fin, estas medidas, como decía, ni son las mejores ni son las únicas. Solo parchean de manera regular algo que no hemos previsto y además algo de lo que somos culpables.

Las pandemias son enfermedades epidémicas globales, así que no vale mirar a culpables en un país o en otro. Los culpables somos todos los seres humanos, y somos culpables de cómo tratamos al planeta. Por un lado, estamos potenciando el calentamiento global, que es ideal para la reproducción de todo tipo de virus y bacterias. Ya predijo Bill Gates en 2015 que hemos gastado inmensas cantidades de dinero en deshacernos de los arsenales nucleares, pero que ese no era el mayor peligro para el ser humano. El mayor peligro viene de los virus y las enfermedades infecciosas. Bueno, pues tenía razón. No es que el COVID-19 vaya a acabar con la humanidad, ni mucho menos, pero está apuntando en la dirección en la que puede ocurrir.

Parece que hay consenso en decir que el origen del COVID-19, se sitúa en un mercado de animales salvajes de Wuham, China. ¿Qué estamos haciendo con la fauna y flora de este planeta? Nuestra interacción con lo salvaje es lamentable, y con los otros seres vivos que habitan en él, deleznable. Cada vez “domesticamos” más terreno salvaje para nuestros cultivos. Cada vez eliminamos más animales “molestos” para dar paso a los que sacian nuestro voraz apetito. Y con esto, los animales salvajes van quedándose más y más aislados. Y cada vez vamos entrando en contacto directo con ellos, y a la vez, en contacto directo con enfermedades, como este coronavirus, desconocidas para nosotros, y para las que nuestro organismo no está preparado.

La solución a largo plazo de estas epidemias no pasa por el confinamiento y las mascarillas, sino, como apunta la brillante Alanna Shaikh en este gran video de TED (lo siento solo en inglés y sin subtítulos), tiene que ver con la equidad: dar a cada país lo que necesita para que estemos TODOS en el mismo nivel respecto a nuestros sistemas sanitarios. Propone como única solución para las enfermedades infecciosas que se dote a TODOS los países de lo necesario, no solo para su rápido diagnóstico, si no también para su tratamiento y comunicación a los servicios sanitarios globales.

¿Qué habría pasado si el brote, en vez de en China, hubiera ocurrido en Chad donde hay 3,5 médicos por cada 100.000 personas? Sin embargo, en Dallas, Texas, El Dallas Baylore Medical Center tiene en plantilla a más de 1.000 médicos. Shaikh concluye que estas enfermedades empiezan matando a los más pobres, a los más desamparados, para luego ir a por los demás.

Concluyo con los tres puntos sobre los que gira este post. Una invitación a la mirada interna en los tres planos: ¿Hago ejercicio y como adecuadamente para cuidar mi cuerpo? ¿Reflexiono sobre la relación con mi pareja, hijos o familiares con los que vivo? ¿Está mi mundo emocional donde yo creía que estaba? ¿Qué estoy aprendiendo de mi familia que antes no sabía? Por último, ¿Cómo manejo mis pensamientos, mis obsesiones, y mi conciencia? Uno de los grandes inhibidores de la conciencia es la ironía, de ahí la epidemia de memes “graciosos” sobre el coronavirus.

El segundo punto es una reflexión sobre cómo tratamos al planeta. Y el tercero un llamamiento a la equidad entre todos los países del mundo.

Un último apunte. El COVID-19 afecta al pulmón. El pulmón aprovecha el aire inspirado, que son las impresiones anímicas. Si no se ventila se produce una faltad de vitalidad, depresión y autocompasión. En medicina psicosomática, es el órgano del perdón, del desapego y de la aceptación de nacer a nuevas ideas. Y en los 5 elementos de la medicina china va unido al Intestino grueso, que es el perdón y la entrega a los demás venciendo la avaricia. La aceptación del desapego y empezar un nuevo ciclo dando y aprendiendo lo nuevo.

Da que pensar, ¿no?

34 La motivación, esencia de vida

Me resulta curioso escribir sobre este tema, siendo la motivación algo que necesito a raudales. Quizá por eso la valoro como el más importante combustible para que el motor de la vida camine hacia la felicidad. Además, mi amiga Arantza me envió un enlace a un fantástico video de RSA Animate sobre el tema (lo siento solo está en inglés)

Mi admirado Ken Robinson (lo vuelvo a sentir, también en inglés) nos dice que muchos de nosotros pasamos por la vida sin saber cuál es o cuales son realmente nuestros talentos, o si realmente tenemos alguno. La vida nos pasa por encima y simplemente la vivimos, sin disfrutar lo que hacemos, esperando que llegue el fin de semana. Sin embargo, hay algunas personas que realmente aman lo que hacen, y no pueden imaginarse a sí mismas haciendo otra cosa distinta. Este último grupo, pone la importancia no en lo que hacen, sino en quienes son. No pueden abandonar lo que hacen porque lo que hacen habla de su ser más auténtico. La pregunta es, ¿por qué son una minoría? y la siguiente ¿cómo me puedo apuntar a ese grupo?

Pienso que la respuesta puede estar precisamente en la motivación. La motivación es la catapulta capaz, no solo de lanzarnos de un escenario al otro, sino que, además, en el proceso, encontraremos nuestro/s talento/s y el camino hacia la felicidad se habrá allanado considerablemente.

Veamos pues qué nos motiva. Parece obvio que obtener una recompensa por lo que hacemos es uno de los grandes motivadores de nuestra vida. El MIT realizó el siguiente experimento: reunió a un montón de estudiantes y les asignó tareas. Memorizar números, rellenar puzzles o encestar pelotas de baloncesto. Había 3 tipos de recompensa. Los que lo hacía bien, recibían una pequeña cantidad de dinero; los que lo hacían muy bien, una cantidad mayor y, por último, los que eran excelentes recibían una cantidad de dinero considerable. El experimento funcionó, demostrando la teoría de que cuanto más pagas a alguien mejor va a realizar su trabajo. Parece obvio. Sin embargo, siguiendo con el experimento, descubrieron que cuando a los alumnos les daban tareas que involucraban habilidades cognitivas, cuanto más les pagaban, peor lo hacían. El experimento se ha replicado muchas veces y en todos los casos, cuando la tarea es complicada y requiere un pensamiento conceptual y creativo, a más dinero peor resultado, ¿Cómo puede ser eso posible? ¿Por qué no funciona aquí la motivación?

Hay tres factores que motivan a una persona a desarrollar este tipo de trabajos:

  1. AUTONOMÍA. El deseo que tenemos de dirigirnos a nosotros mismos. Tradicionalmente en el mundo laboral nos dirigen, y funciona si simplemente quieres conseguir que las personas obedezcan; pero si queremos compromiso, el dirigirnos a nosotros mismos funciona mucho mejor.
  2. MAESTRÍA. Nos gusta perfeccionar aquello que hacemos, sea esto un deporte o tocar un instrumento los fines de semana. Lo hacemos, no porque nos paguen por ello, sino porque es divertido, nos satisface ir siendo mejores en el desempeño. Es un reto de mejora que nos gusta conseguir.
  3. Cada vez más tenemos la necesidad de tener un motivo trascendente para ilusionarnos con lo que hacemos. No solo buscamos ganar un dinero cada mes, queremos tener un propósito de vida, que lo que hacemos tenga un valor que va más allá de nosotros mismos.

33 Ocio vs trabajo

“Ganarás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la misma tierra de la cual fuiste sacado.” 

Génesis 3:19

Vale, lo voy a comprar, “agile” es mucho más que un método para desarrollar proyectos con mayor rapidez y flexibilidad. Va más allá de trocear cada proyecto en pequeñas partes que tienen que completarse y entregarse en poco tiempo. Mi amiga Isabel diría que es una filosofía que supone una forma distinta de trabajar y de organizarse.

Mis disculpas a los lectores que no estén familiarizados con las metodologías ágiles. En muy, muy resumen, son modelos de mejora continua en los que se planifica, se crea, se aprende del resultado y se mejora. Sus cuatro principales ventajas son:

  1. Mejorar la calidad al minimizar errores por una continua relación con el cliente
  2. Mayor compromiso al generar mayor satisfacción en el empleado, generando conciencia de equipo
  3. Se gana rapidez acortando los ciclos de producción y minimizando los tiempos de toma de decisiones
  4. Más productividad al asignar mejor los recursos, mejorando la producción según las prioridades de la empresa.

Más información en el “Manifiesto Agile

En este momento te preguntarás, quizá, qué tiene que ver la frase del Génesis con las metodologías ágiles. Me da la impresión de que es nuestra cultura judeocristiana la que nos está acompañando en la creencia de que trabajar es malo, que hay que quitárselo de en medio rápido y “desconectar”. Hay una especie de deseo crónico de evitar el trabajo y una dificultad enorme para encontrar trabajos que nos acompañen en nuestro propósito de vida.  Desde el punto de vista del empresario el trabajo debe ser reducido a lo mínimo, automatizado y agilizado para dar máximo rendimiento con el menor coste posible. Desde el punto de vista del empleado, el trabajo es un sacrificio de nuestro tiempo de descanso y ocio, y lo que nos pagan es una compensación por ese sacrificio. Así pues, las metodologías ágiles, en la pretensión de que reduzcan nuestra carga de trabajo, son muy buenas y bienvenidas.

De tal manera que nuestro Dios castigador nos expulsa del Paraíso condenándonos a trabajar el resto de nuestras vidas. Un futuro un poco triste, si no amamos lo que hacemos, ya que 40 horas semanales durante 45 años dan un gran total de 12 años sacrificados.

¿Y si lo viéramos de otra forma? ¿Y si lo viéramos con los ojos de un budista?

El punto de vista budista considera que el trabajar tiene una triple función:

  1. Darle al hombre la oportunidad de utilizar y desarrollar sus facultades.
  2. Permitirle superar su egocentrismo uniéndose a otras personas en una tarea común.
  3. Proporcionarle los bienes y servicios necesarios para una existencia digna.

Yo lo interpreto de la siguiente manera:

  1. Que abundemos en nuestros valores y talentos para encontrar el propósito de nuestra vida.
  2. Que pasemos del “yo” al “nosotros” abriéndonos al bien común y al trabajo en equipo.
  3. Que generemos abundancia en nuestra vida y a nuestro alrededor, devolviendo a la sociedad lo que esta nos ha dado.

Sería maravilloso que el trabajo no quedara relegado a algo aburrido, estresante o interesado, ya que esto mostraría un interés más grande por los bienes que por las personas, una falta de compasión, y un apego a lo material como motivación única de nuestro devenir en la vida. De la misma manera una inclinación desmedida hacia el ocio como alternativa al trabajo es un malentendido de las verdades básicas de nuestra existencia. El trabajo y el ocio son partes complementarias del mismo proceso de vida y no pueden separarse sin destruir la alegría del trabajo y la dicha del ocio.

32 Habilidades que necesitamos aprender

Se habla mucho de que estamos en un cambio de paradigma, en la cuarta revolución industrial, en la era conceptual… Lo que sí es cierto es que, como dicen mis amigos mexicanos, el tapete se está moviendo. Los cambios disruptivos (estamos quemando un poco esta palabra) que están sufriendo los modelos de negocio van a tener, sin duda, un impacto profundo en los empleos de muchos trabajadores. Y aquí el camino se bifurca: Por un lado, los que piensan en lo desastroso que va a ser todo con miles de puestos de trabajo perdidos por culpa de la inteligencia artificial, la robótica, nanotecnología, biotecnología… y todas estas cosas de las que oímos mucho y sabemos poco. Por otro lado, los que piensan que es la era de las grandes oportunidades y, como ha ocurrido con las otras revoluciones que han sacudido nuestra sociedad, al final se crea más riqueza y prosperidad que la que había anteriormente.

Para prevenir el peor de los escenarios, donde el desarrollo tecnológico va acompañado de una falta de talento, desempleo masivo y una creciente desigualdad, repensar las competencias necesarias para esto va a ser crítico. Re-skilling y up-skilling, como dicen los anglosajones, va a ser la única manera de salir adelante. No podemos esperar a las siguientes generaciones para que conduzcan esta nave que se nos está yendo de las manos. Simplemente no hay tiempo para esperar que la próxima generación esté bien preparada y, además, como dicen los estudios, el 65% de los niños que entran en el colegio hoy, van a estar trabajando en puestos que hoy no existen. ¿Cómo los vamos a poder preparar para ello?

Parece ser, entonces, que la única posibilidad que tienen las empresas es tomar una iniciativa proactiva en la formación en habilidades y competencias nuevas de sus trabajadores. No solo las empresas, los individuos debemos ser muy conscientes de nuestra responsabilidad para formarnos a lo largo de toda nuestra vida y crecer para surfear estas olas que no van a dejar de venir. Aristóteles decía que el hombre solo es feliz cuando aprende, así pues, nos vamos a ver obligados a ser felices a través de un aprendizaje continuo. Hemos salido muy preparados técnicamente de las universidades, pero ¿nos han enseñado todas las habilidades que necesitamos para el mundo de hoy? Me temo que no.

No estamos en una carrera contra las máquinas, ellas no son mas que el canal a través del que tenemos que reconocer todo nuestro potencial. Esto solo puede ocurrir si somos mucho más rápidos entendiendo los cambios que vienen y asumiendo la responsabilidad de liderarnos y liderar nuestras empresas a través de este gran momento. Claro que es cierto que, como he dicho antes, los avances tecnológicos pasados han traído productividad, creación de empleo y prosperidad. Pero eso no quiere decir que fuera fácil o sin riesgos. Por eso, prepararse y anticiparse para las competencias que van a ser necesarias en esta transición, va a ser muy importante.

La pregunta obvia es: ¿Cuáles son esas destrezas y habilidades para las que nos tenemos que preparar? Según el World Economic Forum son estas:

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