35 Reflexiones desde la caja

Nunca había tenido un sentido tan literal lo metafórico del nombre de este blog, así que, desde la caja, se me ocurren una serie de reflexiones que comparto contigo.

En realidad, no es que me sienta dentro de una caja, la sensación es más la de estar dentro de una matrioshka, esas tradicionales muñecas rusas huecas que en su interior guardan otra muñeca, en el interior de la cual hay otra, y así sucesivamente en un número variable de veces. Por cierto, el número de muñecas debe ser impar por algún motivo que desconozco. Pero volviendo a donde estaba, siento que estoy encerrado dentro de una ciudad de la que no me dejan salir. También estoy encerrado en una casa de la que me aconsejan no salir (bajo multa). La siguiente “muñeca” es mi cuerpo en el que ya estoy acostumbrado a permanecer dentro (excepto cuando sueño), sin embargo, ahora le maltrato con sedentarismo y exceso de comida. Dentro del cuerpo está mi cráneo que guarda la última matrioshka: mi cerebro, en cuyo interior están mis pensamientos y sensaciones.

Parten de ahí estas reflexiones como ráfagas aleatorias obligadas a salir, cuando he tenido el tiempo de pararme a contemplar todas estas figuras huecas de madera que yacen sobre la mesa. Quizá son más preguntas que reflexiones… ahí van algunas:

¿Por qué casi todas las personas y memes que nos llegan hablan de aburrimiento? ¿Qué nos ha ocurrido a las personas para necesitar tanto el exterior (y no me refiero solo a la calle) para no aburrirnos? ¿Cómo ha llegado a ser tan pobre nuestro diálogo interno que literalmente no nos aguantamos a nosotros mismos?  ¿Qué sería de nosotros, entonces, sin streaming, redes sociales o Whatsapp? De alguna manera, con la velocidad de la vida, se nos ha marchado también la capacidad de sentarnos, entrar en nosotros y reflexionar sobre quiénes somos, a dónde vamos y si el camino que llevamos es el adecuado. Y esto va más allá del camino profesional. Qué gran oportunidad para retomar ese pensamiento interior.

Esta situación antinatural, los humanos somos seres sociales y nos tensamos enormemente cuando nos confinan (especialmente los sanguíneos), saca lo mejor y lo peor de nosotros. Por un lado, leo anuncios de solidaridad en la aplicación Nextdoor, donde personas se ofrecen a ayudar a personas mayores en hacerles la compra o algún recado urgente que necesiten. Curiosamente son casi siempre mujeres las que se ofrecen, dando una vez más ejemplo de entrega y visión social. Por otro lado, cuando salgo al supermercado, las miradas de las personas con las que me cruzo son agresivas, reprobatorias y culpabilizadoras, como diciendo “no me pegues esa lepra que llevas dentro” y casi nunca: “no me acerco no vaya a ser que esté infectado y te contagie”. También están los repugnantes casos de xenofobia hacia los chinos que están ocurriendo ya en Estados Unidos.

También me da que pensar el por qué los humanos, en general, pensamos en el corto plazo, en los efectos en vez de en las causas y, además, fuera de nosotros. Todas estas medidas que estamos tomando ahora: confinamiento, guantes, mascarillas (un inciso, deja las mascarillas para el personal sanitario y los enfermos, a los que están sanos no les sirven para nada y agotamos un recurso que se necesita mucho más en otros sitios, fuerzas del orden, ejército, personal sanitario, cuidadores, trabajadores de supermercados…). En fin, estas medidas, como decía, ni son las mejores ni son las únicas. Solo parchean de manera regular algo que no hemos previsto y además algo de lo que somos culpables.

Las pandemias son enfermedades epidémicas globales, así que no vale mirar a culpables en un país o en otro. Los culpables somos todos los seres humanos, y somos culpables de cómo tratamos al planeta. Por un lado, estamos potenciando el calentamiento global, que es ideal para la reproducción de todo tipo de virus y bacterias. Ya predijo Bill Gates en 2015 que hemos gastado inmensas cantidades de dinero en deshacernos de los arsenales nucleares, pero que ese no era el mayor peligro para el ser humano. El mayor peligro viene de los virus y las enfermedades infecciosas. Bueno, pues tenía razón. No es que el COVID-19 vaya a acabar con la humanidad, ni mucho menos, pero está apuntando en la dirección en la que puede ocurrir.

Parece que hay consenso en decir que el origen del COVID-19, se sitúa en un mercado de animales salvajes de Wuham, China. ¿Qué estamos haciendo con la fauna y flora de este planeta? Nuestra interacción con lo salvaje es lamentable, y con los otros seres vivos que habitan en él, deleznable. Cada vez “domesticamos” más terreno salvaje para nuestros cultivos. Cada vez eliminamos más animales “molestos” para dar paso a los que sacian nuestro voraz apetito. Y con esto, los animales salvajes van quedándose más y más aislados. Y cada vez vamos entrando en contacto directo con ellos, y a la vez, en contacto directo con enfermedades, como este coronavirus, desconocidas para nosotros, y para las que nuestro organismo no está preparado.

La solución a largo plazo de estas epidemias no pasa por el confinamiento y las mascarillas, sino, como apunta la brillante Alanna Shaikh en este gran video de TED (lo siento solo en inglés y sin subtítulos), tiene que ver con la equidad: dar a cada país lo que necesita para que estemos TODOS en el mismo nivel respecto a nuestros sistemas sanitarios. Propone como única solución para las enfermedades infecciosas que se dote a TODOS los países de lo necesario, no solo para su rápido diagnóstico, si no también para su tratamiento y comunicación a los servicios sanitarios globales.

¿Qué habría pasado si el brote, en vez de en China, hubiera ocurrido en Chad donde hay 3,5 médicos por cada 100.000 personas? Sin embargo, en Dallas, Texas, El Dallas Baylore Medical Center tiene en plantilla a más de 1.000 médicos. Shaikh concluye que estas enfermedades empiezan matando a los más pobres, a los más desamparados, para luego ir a por los demás.

Concluyo con los tres puntos sobre los que gira este post. Una invitación a la mirada interna en los tres planos: ¿Hago ejercicio y como adecuadamente para cuidar mi cuerpo? ¿Reflexiono sobre la relación con mi pareja, hijos o familiares con los que vivo? ¿Está mi mundo emocional donde yo creía que estaba? ¿Qué estoy aprendiendo de mi familia que antes no sabía? Por último, ¿Cómo manejo mis pensamientos, mis obsesiones, y mi conciencia? Uno de los grandes inhibidores de la conciencia es la ironía, de ahí la epidemia de memes “graciosos” sobre el coronavirus.

El segundo punto es una reflexión sobre cómo tratamos al planeta. Y el tercero un llamamiento a la equidad entre todos los países del mundo.

Un último apunte. El COVID-19 afecta al pulmón. El pulmón aprovecha el aire inspirado, que son las impresiones anímicas. Si no se ventila se produce una faltad de vitalidad, depresión y autocompasión. En medicina psicosomática, es el órgano del perdón, del desapego y de la aceptación de nacer a nuevas ideas. Y en los 5 elementos de la medicina china va unido al Intestino grueso, que es el perdón y la entrega a los demás venciendo la avaricia. La aceptación del desapego y empezar un nuevo ciclo dando y aprendiendo lo nuevo.

Da que pensar, ¿no?

Autor: Jon Elejabeitia

CEO & Founder NEXTYOU, Arquitecto

8 comentarios en “35 Reflexiones desde la caja”

  1. Muchas gracias por tu reflexión Jon. Creo que es una crisis que estabamos pidiendo a gritos; yo confío en esa sutil intuición que todos escondemos por miedo, conscientes o no. Esa intuición asoma para reflexionar y cambiar. Un besazo, Beatriz

  2. Gracias Jon
    Magnifica reflexion!!
    Ojala esto nos sirva para valorar mas todo
    lo que tenemos que desgraciadamente se suele valorar cuando te falta.
    Un abrazo
    Fuensanta

  3. Hola Jon! Gracias por compartir tu reflexión con la que estoy tan de acuerdo! y Gracias por plantearnos esas preguntas finales que, en mi opinión, si trabajamos sobre ellas, y miramos bien dentro de nosotros nos ayudarán a “aprender” algo tras este tiempo de confinamiento. Un abrazo grande.

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