30 Grandeza espontánea

Acabo de ver uno de esos videos que se comparten en Facebook. Es un minuto de un partido de tenis entre Roger Federer y Alexander Zverev. Sirve Zverev. El primer set va muy ajustado. Por delante Federer 6 a 5 (nuestro héroe se va haciendo mayor). El caso es que Zverev sirve para adelantarse por dos puntos en el juego que, de ganarlo, igualaría el partido. Saca y el árbitro la canta fuera. El tiempo se congela unos segundos. Los dos jugadores quietos miran el lugar donde botó la bola. Federer con su enorme sonrisa sugiere a su oponente que pida el “ojo de halcón”. (Para los no puestos en el tenis, el “ojo de halcón” sirve para esclarecer, mediante alta tecnología, el bote de la bola para saber si ha entrado o salido fuera de la pista. El jugador tiene que reclamarlo cuando tiene dudas sobre la decisión arbitral y cada jugador únicamente puede pedirlo 3 veces en todo el partido). El joven Zverev se ríe, incrédulo, ante la sugerencia del gran maestro. Se mueve riéndose, se lleva las manos a la cabeza y por fin pide al árbitro la repetición. La bola entró, el punto es suyo. La sonrisa de Roger es para enmarcarla. A su edad le sigue gustando ganar, pero no a cualquier precio. Una lección a un imberbe principiante es mucho más valiosa que cualquier victoria.

Y me quedo reflexionando: Que fácil es pensar a priori cómo vas a actuar ante una circunstancia de la vida. Que fácil es elegir el “camino bueno”, el de los grandes, el de los héroes. Sin embargo, ¿lo hacemos cuando la situación ocurre en tiempo real?. ¿Lo hacemos instantáneamente, casi sin que nuestra razón entre en juego? Porque ahí, creo yo, que está la virtud. Ahí pienso que realmente podemos tomar la medida de lo que somos, de lo que hemos aprendido, de la esencia de la que estamos hechos. No de una reflexión consciente y generosa sobre nuestros actos, sino de la espontánea y generosa reacción ante una situación sorpresiva.

Cada día todos nos enfrentamos a decenas de decisiones. La mayoría pueden ser intranscendentes y las tomamos casi de manera inconsciente. Sin embargo, siempre hay algunas bifurcaciones en el discurrir del día que nos ponen a prueba. Más que ponernos a prueba lo que hacen es enseñarnos quienes somos realmente. ¿Puede más mi ambición por ganar un punto, o mi sentido de la justicia? ¿Con qué frecuencia pienso que la decisión que estoy tomando es buena para otro, para la sociedad, para el mundo… o solo para mí?

Son esos actos de grandeza espontánea los que me van a medir como persona y los que me muestran quién soy. No los hago porque quedan bien, ni para sentirme bien, ni porque es lo correcto… Los hago porque soy yo.

Federer es el anti – postureo, por eso le admiramos.

29 Por qué preferimos lo complejo

Haciendo un ejercicio de Lego Serious Play, constaté una vez más que a las personas nos gusta la complejidad muy por encima de lo sencillo. El trabajo era simple: construir una torre con piezas de Lego en 5 minutos y utilizando únicamente dos colores. Los resultados fueron (y siempre lo son cuando hago este ejercicio) tremendamente creativos, divertidos, espectaculares… y muy complejos. La pregunta con la que finalizo suele ser la misma: ¿Por qué os complicáis la vida? ¿Por qué nadie pone cuatro ladrillitos de lego uno encima de otro y ya está la torre?

Por algún motivo misterioso, los humanos rechazamos lo sencillo y preferimos lo complejo. Nos ocurre cuando decoramos nuestras casas, al hacer una presentación de Power Point o cuando tenemos que resolver algún reto, por pequeño que éste sea.

Quizá sea porque nosotros mismos somos sistemas complejos: Tenemos unos 100 trillones de células que se combinan para formar un todo y desde luego somos mucho más que la suma de las mismas. Somos impredecibles, conscientes y diferentes. De tal manera que cuando nos encomiendan una tarea elegimos la complejidad.

En nuestra búsqueda del éxito, la felicidad, el amor… nuestras canciones favoritas, películas, novelas y poesías son complejas. Incluso cuando ansiamos la simplicidad vamos hacia lo complicado. Si algo es sencillo, lo vemos como aburrido y fácil. Los psicólogos lo han demostrado muchas veces, las personas preferimos un grado medio de complejidad: si la tarea es sencilla nos aburrimos y si es demasiado compleja quedamos confusos. Además, cuanto más expertos nos hacemos en algo, más complejidad queremos.

Si hay algo sencillo en este mundo es el té o el café. Agua caliente y unas hierbas o unos granos molidos. Sin embargo nos encantan los rituales complejos y vamos a Starbucks y tenemos, según el Huffpost, literalmente 80.000 formas de combinar estas bebidas. Esto parece demostrar que vamos buscando la combinación perfecta. Por lo visto, es muy diferente el café instantáneo de la cafetera, a la exquisita selección de tipo de café, molido a mano, y utilizando una cafetera muy especial para que se produzca la magia. Es irrelevante si el café sabe o no mejor, el caso es que elaboramos complicados rituales alrededor de cosas sencillas, porque valoramos lo complejo.

El problema con estas soluciones complejas que nos encantan es que las probabilidades de que alguna de sus partes falle, colapsando el sistema son muy altas. Cuantas más variables estén implicadas, más posibilidades de fracaso tendremos. Y con él llega la frustración y la desesperación.

También es compleja nuestra comunicación y en muchos casos nos cuesta la vida decir las cosas de manera directa, sencilla y clara. Parecemos más inteligentes complicando muestro lenguaje y llenándolo de tecnicismos, y lo único que conseguimos con ello es alienar a nuestros oyentes. Muchos de los grandes pensadores del pasado, Platón, Marco Aurelio, Séneca, Buda… eran conocidos por su comunicación directa y su habilidad para condensar gran sabiduría en pocas palabras.

Claro que el mundo es complejo, sin embargo no lo ricemos más de lo que ya está. La solución a la búsqueda continua de complejidad la ideó el fraile Franciscano Guillermo de Ockham, y se llama principio de parsimonia o “navaja de Ockham”. Estipula lo siguiente: “En igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable”. A nivel práctico nos dice que cuando tengamos dos teorías sobre un mismo asunto, es muy probable que la más sencilla sea la correcta. Pienso que nos acercaríamos hacia una felicidad más sencilla y más real si la aplicáramos a todas esas tramas e hipótesis sobre nuestras relaciones, trabajos, jefes, amigos y parejas…

En el clásico experimento La superstición de las palomas, Skinner nos muestra como un grupo de palomas a las que se da de comer de forma aleatoria, acaban creando patrones que creen que son los que les proporcionan la comida. Una da vueltas en círculo, otra pega su cabeza a una de las esquinas de la caja… ninguna de esas conductas tiene relación con que les caiga la comida, pero esperar es demasiado sencillo, tiene que haber algo detrás.

Quizá la complejidad de todo este post me la habría ahorrado simplemente citando a Confucio: La vida es realmente muy sencilla, pero nos empeñamos en hacerla complicada.

28 Reconocer al maestro

La noche de Reyes cené con un grupo de personas y me recordaron el sentido que tiene este día: el reconocimiento al maestro. En nuestra cultura lo normal es escuchar: “A ver qué me traen los Reyes”, pero, ¿nos paramos a pensar si hemos sido maestros de alguien como para merecer ese reconocimiento? No se trata de ser bueno o malo, si no de si he dejado huella o no.

Más allá de si existieron o no (solo el evangelio de Mateo habla de ellos sin precisar sus nombres ni que fueran tres) es una escena simbólica de reconocimiento y agradecimiento al maestro. ¿Quién es nuestro maestro? Para mi es aquella persona que va un paso por delante y dos peldaños por arriba. Alguien en el que reconocemos una sabiduría de vida que muestra con integridad de una manera natural. No alecciona, simplemente es, y en ese “ser” reside su valor.

Aprendemos de todos, aprendemos de los libros, aprendemos de los grandes maestros de la historia… sin embargo pienso que lo que nos ayuda es tener un maestro cercano, conocido, que recorra un camino que es posible para nosotros, a quien podamos emular y que nos muestre quienes somos. Porque el camino que muestra el maestro es un camino interior, un camino de autodescubrimiento apuntalado por el conocimiento exterior.

¿Quién es tu maestro? No busques más allá de las estrellas, es alguien cercano, alguien que cuando entornas los ojos aparece, alguien que, tocando el alma, ha cambiado tu vida.

Decía Mark Twain que en la vida hay dos momentos importantes, el día que naces y el día que comprendes para qué has nacido. El maestro es quien nos ayuda a responder a esa segunda pregunta. Agradecemos a nuestras madres el primer día y agradecemos al maestro el segundo.

Mi agradecimiento lo hago en tres dimensiones: Agradezco y reconozco su guía en el mundo, su ayuda para tomar decisiones, para dibujar estrategias y para ganar batallas (oro). Agradezco la apertura de visión al camino espiritual y a la comprensión de la transcendencia de la vida (incienso). Reconozco la caducidad de la vida y la permanencia de lo aprendido (mirra).

Gracias Joaquina, maestra siempre.

27 Camino al andar

El budismo nació en el noroeste de la India en el siglo V a. C. debido a la necesidad que tenían los campesinos de asimilar el caos que generaban los monzones y las inundaciones. La riqueza conseguida con duro esfuerzo durante todo el año se podía llegar a perder en un solo día debido a la variabilidad extrema del ecosistema con los múltiples ríos de la zona desbordándose caóticamente sin piedad alguna.

En este contexto las enseñanzas de Siddharta ofrecían paz interior: aceptar lo impredecible tornando la mirada hacia el interior como la única manera de transformar la frustración en resiliencia.

Hoy vivimos en una sociedad golpeada por VUCA (volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad) donde las lluvias torrenciales de la innovación tecnológica, los cambios sociales y económicos nos obligan a manejar el caos en muchos y simultáneos frentes.

En occidente llevamos decenas de años sentados en el cómodo sillón de la prosperidad utilizando una creencia que se va quedando obsoleta a pasos agigantados: El futuro puede ser previsto, simulado y gestionado. Hasta ahora ha funcionado bien, nos ha permitido planificar y crear modelos económicos sostenibles que nos han hecho superar guerras y crisis. Sin embargo hoy todo es diferente, y la palabra disrupción parece ser la que mejor define (a parte de estar muy de moda) el nuevo “orden”.

Nos encontramos entonces como personas y como organizaciones desarrollando estrategias para alcanzar unos objetivos que ya no están claros. Con los que ya no podemos utilizar la lógica y la racionalidad para diseñar las distintas etapas que nos conducirán al éxito. Ni siquiera podemos recurrir a la experiencia ante la enorme novedad de los escenarios. Estamos ante objetivos difusos donde se requiere toda nuestra imaginación, creatividad, e intuición para formular hipótesis y conjeturas que nos iluminen un camino incierto.

No deja de ser igual al camino interior incierto que muchos buscamos un tanto a ciegas en aras de conseguir la felicidad, la paz interior o encontrar un sentido trascendente a nuestras vidas. Hoy lo que necesitamos es trazar mapas en tiempo real, tener un sentido de orientación, más que una clara idea de dirección. Será mejor estar abierto a los cambios ya que no podremos tener muy claro a dónde queremos llegar. El camino exterior refleja lo que interiormente hemos tenido siempre, seguramente para tomar conciencia de la importancia de trabajar ambos.

El poeta lo dejó dicho: “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”

26 Salgo a la vida

Llevo un par de meses sin abrir esta ventana y hoy me da miedo. Fuera está oscuro y llueve. Una lluvia continua de lágrimas de ojos que ya no dan mas de sí exigidos al máximo por los corazones desolados que los alimentan. Antes era distinto. Antes una resplandor continuo lo iluminaba todo. Era fácil sortear las piedras, no caer en los agujeros y saber el camino adecuado cuando éste se bifurcaba. Antes era siempre de día. Antes era incluso poco agradecido con esa fuente de luz porque estaba siempre ahí, luminiscente y presente cada segundo, todo el tiempo, sin interruptor de apagado, sin una fuente que la alimente, con un halo celestial que lo envolvía todo. Y yo me alimentaba, y todos nos nutríamos de ella.

Ahora tengo miedo. Ahora la única luz que hay es la que yo sea capaz de irradiar desde mi. Y no sé cuanta es. Y tengo miedo a las piedras, los agujeros y las bifurcaciones, y añoro esa luz que estará iluminando otros caminos y que quizá, con el mismo miedo que yo, intentando encontrar el suyo. Ojalá pudiera devolverle el favor y ser un pequeño faro en su camino, pero esto no funciona así.

Que bueno sería poder estar donde ella está, sentir su calor de nuevo, su eterna presencia, su aliento. Acompañarla en su camino, acompañarla en cualquier camino, acompañarla siempre.

Hablo solo en casa. Doy vueltas por el parking del centro comercial buscando mi coche. Miro el teléfono extrañado de no haber recibido ningún mensaje de ella. Se estrangula sola la garganta, convulsivamente, y busco un lugar solitario donde taparme la cara y sollozar egoístamente porque ya no está. No comprendo porqué las personas siguen entrando en la oficina, por qué comen, para qué sigue girando el mundo.

Este fin de semana he abrazado más personas que en los últimos tres años. Personas que amaban, que no comprendían, que apoyadas en mi hombro buscaban entre lágrimas reconocer un cuerpo que ya no está con nosotros. Y llega el dolor como una ola que nos arrastra irremisiblemente hacia lo más profundo de nuestro ser, y parece que nada puede parar esa fuerza inalterable que todo lo consume. Y no entienden por qué, y les parece injusto, y no se atreven a mirar hacia adelante porque, igual que yo, tienen miedo. El misterio de la vida es fascinante, el vacío que deja la muerte es aterrador. Te obliga a encontrarte a ti mismo.

«… el terror interior es mucho más verdadero y mucho más poderoso que cualquiera de nuestras etiquetas: las etiquetas cambian, el terror es constante. Y este terror tiene algo que ver con esa brecha irreducible entre el yo que uno inventa (El yo que uno cree que es, el cual es sin embargo, y por definición es un yo provisional) y el yo incierto que siempre tiene el poder de hacer pedazos al yo provisional.»                James Baldwin

Y salgo a la vida, inmensamente agradecido por el tiempo pasado y bendecido por las decenas de personas que olvidándose de su propio dolor intentan consolar el mío.

25 Piensa en ti

Hoy es un día muy especial. Como cuando pasa el cometa Halley, nace nuestro primer hijo o tenemos una revelación. Hoy puedes levantarte del ordenador desde el que estás leyendo este post, salir a la calle, entrar en la primera librería que veas y comprar “Piensa en ti”. Es el primer libro de Joaquina Fernández y ha visto la luz gracias a su valentía y entrega con un poco de presión colectiva, que ha cristalizado en este compartir con todos esa visión tan particular que tiene de la vida. Si conoces a Joaquina no hay mucho más que decir y ya habrás salido corriendo a comprar tu ejemplar. Si no la conoces solo te puedo decir que es la responsable del cambio de cientos de personas con su profunda mirada al alma.

Este libro es la primera oportunidad para que las personas que a lo mejor solo conocéis a la autora a través de los videos de Youtube, que muestran solo pequeños fragmentos de su mente lúcida, tengáis a vuestro alcance una parte completa de su pensamiento. Una invitación desde la luz a cambiar tu vida, no desde falsas expectativas o desde un contexto turbio, sino pensando en ti mismo. En ti como actor, guionista y director de una vida que te pertenece y que si deseas algún cambio en ella, solo lo puedes tu. Y es un movimiento consciente que Joaquina te enseña a diseñar, como se diseña un edificio, desde los cimientos, desde cada paso, desde el ser.

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Hay libros que cambian vidas. Libros que como llaves maestras abren algunas puertas cuyos goznes, oxidados por el paso del tiempo, se niegan a responder a tus forcejeos. Este es uno de ellos. Escrito por alguien que ha vivido lo que cuenta, que no pide nada que no haya realizado ella con anterioridad y que extiende una sabiduría sólida desde la experiencia personal. Aquí no vas a leer metáforas sino historias reales de superación y cambio. Pero no es un libro de historias, es el libro de tu historia.

Si quieres además una experiencia entrañable, ven este fin de semana a la Feria del Libro de Madrid. Estará firmando ejemplares en la caseta número 264 de Espasa Calpe, el domingo 4 de junio, de 12:00 a 14:00. Te sonreirá, te agradecerá haber comprado su libro y te preguntará: ¿eres feliz?

 

24 Salto cuántico

Un salto cuántico es un cambio de estado discontinuo que hace un electrón al saltar de un nivel menor a otro de mayor energía de modo prácticamente instantáneo. Lo interesante del fenómeno es que rompe con el principio filosófico de Newton de que la naturaleza no produce discontinuidades (saltos).

Hace unos días tuve una discontinuidad. Acudí una cena con un grupo de personas mayores. Todos hombres. Fue un encuentro muy agradable donde se hablaba mayoritariamente del pasado remoto, muy remoto.

Fue una reunión con un principio curioso debido a que las personas que íbamos apareciendo no éramos sino extraños, coincidiendo por primera vez en un momento espacio – temporal único. Nos mirábamos divertidos buscando en nuestros archivos mentales trazas de rostros vagamente familiares.

Nombres y apellidos cincelados en el pasado con la repetición diaria de listas alfabéticas, despejan sombras intentando arrojar luz sobre los desconocidos. Y llega el momento de las historias, las anécdotas que dejan en evidencia cómo picoteamos de manera arbitraria en el banquete de la vida,  trayendo al presente pasajes aparentemente insignificantes. Pero si lo son, ¿Para qué los retuvimos? La memoria hace una selección caprichosa y una evocación muchas veces incomprensible. Es difícil saber porqué recordamos algunas cosas en apariencia absurdas y olvidamos otras que en su momento parecieron transcendentes.

Las miradas se cruzan amistosas sin resentimientos, con el cariño que da la distancia de los hechos . Hemos cambiado mucho pero en el fondo hemos evolucionado tan poco. Reconozco en el brillo oculto de los ojos a los mismos niños prisioneros en unos cuerpos moldeados por ilusiones más o menos alcanzadas, batallas ganadas y perdidas, sueños olvidados o recuperados en el último momento, anhelos de amor o de éxito. Unos niños a los que la vida no les ha quitado las ganas de jugar, de reír, de compartir…

Cuando el tiempo se comprime y en un instante se va de la niñez a la edad madura, la vida pasa en fracciones de segundo, desplegada, para que el escrutinio de la conciencia la evalúe. ¿Cuánto de ese niño queda en mi? ¿Cómo de desgastada está mi alma ante los embates y caricias de la vida? El niño está y no está, como Argos, las piezas se han ido desgastando y han ido siendo sustituidas por otras. De las personas con las que estoy compartiendo mesa solo quedan recuerdos más emocionales que reales y la paradoja del tiempo me interroga de nuevo.

Confrontado con el paso de la vida me doy cuenta de que el tiempo es invisible, lo usamos y gastamos con demasiada ligereza. Cuando ocurren estos saltos cuánticos me doy cuenta del valor real que tiene y de su inevitable movimiento: avante, siempre avante, irreversible. Si tirara el dinero por la ventana, pensarías que estoy loco. Sin embargo puedo generar más dinero. ¿Y tiempo?

«Pequeña parte de la vida es la que vivimos: porque lo demás es espacio, y no vida, sino tiempo.»

Cartas a Paulino (De la brevedad de la vida) Lucio Anno Séneca

(Un abrazo a mis compañeros de La B del Pilar de 1961)

23 Las dos vidas

La mayoría de nosotros tenemos dos vidas: la que vivimos y la interior que no vivimos. Nuestra felicidad va a depender de cuán separadas están y cuanta resistencia ponemos para que la brecha que las separa no desaparezca. Casi siempre suele ser miedo, sin embargo, tener miedo es una buena señal. Cuanto más miedo tenemos a hacer algo concreto, más sabemos que eso es importante para nosotros y que lo deberíamos acometer.

¿Querías ser bombero o enfermera de pequeño? ¿Has pensado alguna vez en entregar tu vida a ayudar a otros? ¿Alguna vez has querido ser madre, o periodista, o inventor, o escritor? ¿Te habría gustado estudiar medicina para ayudar a restablecer la salud de otros? ¿Eres un emprendedor que trabaja en un banco, un pintor que dirige un negocio o una actriz que dirige RRHH en una multinacional?

«Desde muy temprana edad, tal vez a la edad de cinco o seis años, sabía que cuando yo creciera debería ser un escritor. Entre las edades de unos diecisiete y veinticuatro años traté de abandonar esta idea, pero lo hice con la conciencia de que estaba ofendiendo mi verdadera naturaleza y que tarde o temprano tendría que sentarme y escribir libros «.  George Orwell

Seguro que has oído alguna historia de alguien que fue diagnosticado de alguna grave enfermedad y cambió radicalmente su vida: dejó el trabajo y se dedicó los últimos años de su vida a lo que realmente le apasionaba, sea esto lo que fuere. Esas historias suelen acabar con que la enfermedad remite. ¿Necesitamos una prueba así para dedicarnos a nuestra pasión? No quiero decir que las enfermedades crónicas se curen simplemente haciendo uso de nuestro genio, poniendo nuestro valor al servicio del resto del mundo, pero, ¿debemos esperar a que la calavera nos mire desde sus cuencas vacías para que nuestras dos vidas formen una sola?

Mira en tu corazón, quizá todavía puedas oír la suave voz de tu genio. Es una voz familiar, la has escuchado decenas de veces. Antes era una voz potente y vigorosa, ahora puede que sea solo un murmullo, pero sigue ahí. Escúchala

20 Perseguir un sueño

El fracaso te acechará mientras persigas metas inalcanzables. Si buscas la permanencia en lo pasajero, el amor donde no se encuentra, la seguridad en medio del peligro y la inmortalidad en las tinieblas del sueño de muerte. ¿Cómo puedes triunfar cuando la contradicción es el marco de tu búsqueda? El tema es que las metas que no tienen sentido son inalcanzables. Siento con frecuencia que voy detrás de lo imaginario y me doy cuenta de que es una búsqueda de lo que no es nada.

La semana pasada leí en una pared de la incubadora de empresas en el TEC de Monterrey: «Hay personas que sueñan cosas, y personas que están despiertas y las hacen realidad». Me pareció una frase maravillosa que aterriza lo aparentemente obvio y rebaja la sobrevalorada frase: persigue tus sueños. No estoy diciendo que no haya que perseguir los sueños, lo que quiero decir es que si los sueños están en las nubes, no podemos correr por las nubes tras ellos. Debemos correr por la superficie de la tierra alzando los ojos de tanto en tanto para no perder la ilusión.

Esa forma abstracta de perseguir sueños quizá nos venga de la maniquea frase «El sueño americano» , pero no nos olvidemos que Norteamérica era un sueño del siglo XVI cuando los pioneros ingleses intentaban persuadir a sus conciudadanos para que se movieran hacia las colonias, cuando se vendían parcelas de 640 acres (1 acre = 4.000 m2) a 1 dólar y el expansionismo hacia el Pacífico estaba en pleno auge. Ahora estamos en la época del muro. Y, para no abandonar el continente, ¿perseguía Luther King una meta inalcanzable?.

Es fácil poner ejemplos que nos hagan distinguir objetivos alcanzables de los que no lo son, la dificultad está, como tantas veces, en esas zonas grises que se yuxtaponen en la periferia de los dos extremos. Si yo quisiera ser el primer hombre sin experiencia previa y sin equipo en escalar el Everest, sin duda todos reconoceríamos una meta imposible. De la misma manera, si mi objetivo fuera leer todos los días un párrafo para reforzar mis hábitos de lectura, sería un objetivo excesivamente fácil de alcanzar.

Entonces, ¿cómo saber si mi sueño es suficientemente retador, sin que sea frustrantemente inalcanzable?

Son tres las áreas que debemos chequear, y si están alineadas… ¡a por ello!. En primer lugar: ¿está relacionado mi sueño con mis conocimientos, con lo que yo sé, he estudiado, tengo la experiencia?, en definitiva, ¿está dentro de mis competencias?

Segunda cuestión: ¿me apasiona, es ilusionante, me motiva, es algo en lo que invertiría todo mi tiempo? Si la respuesta es afirmativa, pasa a la última cuestión: ¿Es acorde con mi personalidad? Hay un proverbio chino muy poco Zen pero muy realista que reza: «si no sabes sonreír, no abras tienda» Muchas veces nuestra mayor contradicción es no saber quienes somos y buscar un sueño que en realidad no está en nosotros.

19 Dos caminos para el cambio

Pensamos con frecuencia que cambiar es duro y difícil. En realidad todo empieza con una intención que abre dos caminos:

El camino de Lao Tzu: «El viaje de mil millas comienza con un solo paso»

El camino de Zenón: El movimiento es imposible. Paradoja de la dicotomía: Un móvil no puede recorrer una distancia finita, pues para ello primero deberá alcanzar antes la mitad de esa distancia. Pero antes aún, debe alcanzar la mitad de esa mitad, y así sucesivamente. Como no se pueden recorrer infinitas magnitudes, el movimiento es imposible.

Si has elegido el primer camino lo único que tienes que hacer es centrarte en ese primer paso. Para ello podemos apoyarnos en Kaizen, un método japonés de gestión de la calidad, con una historia muy curiosa que puedes leer aquí. Kaizen se traduce como «mejora continua». Se compone de varios pasos que nos permiten analizar variables críticas del proceso de producción y buscar su mejora en forma diaria con la ayuda de equipos multidisciplinarios. Se trata de mejorar la calidad y reducir costos de producción con sencillas modificaciones diarias.

Cuatro pasos: 1. Planificar – 2. Hacer – 3. Verificar – 4. Actuar

Primero venos qué queremos cambiar, lo desglosamos en pequeños cambios y trazamos una estrategia diaria para acometerlos. Realizamos las pequeñas acciones que hemos definido; chequeamos que efectivamente está funcionando y finalmente hacemos pequeños ajustes y el cambio se va produciendo.

El segundo camino (suele estar más transitado, por cierto) es la excusa perfecta para no hacer ningún cambio. Nuestra vida es un sistema homeostático. Es decir, somos un sistema con una gran capacidad de mantener una condición interna estable compensando los cambios del entorno. O lo que es lo mismo, nos aferramos a lo conocido y confortable. Este camino está apoyado por la creencia de que para conseguir grandes cambios hay que hacer grandes cosas, que solo conseguiremos resultados haciendo grandes y espectaculares cambios. Esto es cierto en algunas, pocas, ocasiones. La mayoría de las veces se requerirán solamente pequeñas modificaciones en nuestros hábitos para conseguir grandes logros. (Aquí entra la teoría de los 21 días para conseguir un cambio verdadero con la adquisición de un nuevo hábito)

¿Por qué no aprender de los dos caminos? Empezar con el pensamiento de Lao Tzu, y luego tirar de Zenón para desglosar cada paso en partes muy pequeñas que se puedan acometer sin esfuerzo.

Ejemplo práctico: imagínate que el cambio que quieres dar es convertirte en una persona más productiva:

  1. Haz una lista de las actividades que te llevan mucho tiempo pero que no aportan ni son estimulantes para ti (ver tv, leer frases huecas en Facebook, navegar sin rumbo en la web, lecturas que no te enseñan nada…)
  2. Haz una lista de aquellas actividades que te gustaría intentar y sientes que son más productivas que las que haces ahora (cada día añade un nuevo elemento a la lista)
  3. Ahora que ya tienes las tareas que quieres empezar a realizar, ¡A por ello!, pero de forma suave, poco a poco. Por ejemplo si quieres empezar un diario, comprométete a escribir solo tres frases al día. Si decides tomar clases de yoga, a lo mejor puedes empezar por sentarte en el vestíbulo del centro de yoga y ver a los estudiantes entrar y salir
  4. Cada día anota el nombre de una persona que sientas que está viviendo una vida productiva, y apunta una cosa que esta persona está haciendo de manera diferente a como lo haces tu.

No sé, quizá esto te ayude con esa resolución de año nuevo que solemos tardar 4 en cumplir.  🙂