14 Cartas de una muñeca

Hacia la mitad de la novela de Paul Auster, Brooklyn Follies, uno de los personajes cuenta una historia sobre Kafka. La historia parece ser cierta; he investigado un poco y aparece referenciada en una biografía de Kathi Diamant, sobre Dora Diamant (no hay parentesco entre ambas), amante de Kafka en el tiempo en que esto ocurrió.

Estamos en el último año de la vida del genial autor. En sus paseos por un parque de Berlín con Dora Diamant, se encuentra un día con una niña pequeña que llora desconsoladamente. Kafka le pregunta qué le ocurre, y ella contesta que ha perdido a su muñeca. La llamada del escritor surge rauda para explicarle a la niña lo que ha ocurrido: “Tu muñeca ha salido de viaje”, le dice. “¿Y tu cómo lo sabes?”, le pregunta la niña. “Porque me ha escrito una carta”, responde Kafka. La niña parece un poco recelosa “¿Tienes ahí la carta?”, pregunta. No, lo siento, me la he dejado en casa sin darme cuenta, pero mañana te la traigo.” La niña no sabe qué pensar, ¿es posible que este hombre misterioso esté diciendo la verdad?

Por supuesto Kafka vuelve inmediatamente a su casa y se sienta a escribir la carta. Dora le observa y ve la misma gravedad y tensión que cuando escribe su propia obra. La situación requiere un auténtico trabajo literario y está resuelto a hacerlo como es debido. Al día siguiente la niña le está esperando en el parque y como no sabe leer, Kafka lo hace en voz alta. Resulta que la muñeca estaba cansada de estar siempre en el mismo sitio y con las mismas personas y a pesar de que quería mucho a la niña, había decidido salir de viaje para ver mundo y conocer nuevos amigos. Le hacía falta un cambio de aires por lo que debían separarse durante un tiempo. Sin embargo, la muñeca promete que escribirá a la niña todos los días, manteniéndola al corriente de sus actividades.

Aquí es donde la historia toca el alma. Es increíble que uno de los más importantes autores del siglo XX, en sus últimos meses de vida, se tome la molestia de escribir una carta para consolar a una niña. Más aún, durante los siguientes 15 días irá todas las mañanas al parque a leerle las cartas a una criatura con la que se ha encontrado casualmente. La genialidad de Kafka puesta la servicio de la redacción de unas cartas escritas por una muñeca perdida. Dora dice que escribía cada frase prestando una tremenda atención al detalle, que la prosa era amena, precisa y absorbente. La muñeca crece, va al colegio, conoce gente; sigue dando pruebas de su afecto a la niña pero surgen cosas que la impiden volver. Finalmente la muñeca se casa. Describe al joven del que se enamora, la fiesta de pedida, la boda en el campo, y la casa donde van a vivir. Entonces, en la última línea, la muñeca se despide de su antigua y querida amiga.

“Para entonces la niña no echa de manos a la muñeca. Kafka le ha dado otra cosa con la que aliviar su desgracia. La niña tiene la historia, y cuando una persona es lo bastante afortunada para vivir dentro de una historia, las penas de este mundo desaparecen. Mientras la historia siga su curso, la realidad deja de existir.”

Metafórica historia donde las haya. ¿Cuál es la muñeca perdida de nuestra vida? ¿Quién es el Kafka? ¿Cómo es la historia que nos da calor en las noches de frío?

Muchos seguimos sentados en el banco del parque, esperando que la misteriosa persona nos vuelva a traer cartas. ¿Somos egoístas, o simplemente necesitados?

Autor: Jon Elejabeitia

CEO & Founder NEXTYOU, Arquitecto

5 comentarios en “14 Cartas de una muñeca”

  1. Hola Jon, tal y como yo lo veo. La niña hizo un crecimiento. Ella no tuvo perdidas, cambio una muñeca por un escritor, y quizás, salió ganando, a veces, los avances los iniciamos con un fracaso. En cuanto a tu pregunta, de si somos egoístas o necesitados, creo que somos necesitados, necesitamos ver que es posible una realidad diferente para poder pensar en crear una realidad nueva. Y mientras se produce este cambio, estamos sentados en el parque, esperando que alguien nos traiga nuevas historias.

  2. A veces, como a la niña, nos cuesta aceptar que en la vida se pierden muchas cosas, o por descuido, o por azar. Descubrir que cada cosa tiene vida propia es una enseñanza muy kafkiana. El vacio es una amenaza, el desapego una lección. Cuesta mucho acostumbrarse a la nada de lo que se tenía, incluso a
    veces años, pero si vivimos con sentido la vida será más fácil olvidar y llenar el hueco que se ha producido en la mente y en el corazón. Vivir y vivir es la solución, crear nuevos acontecimientos, disfrutar de nuevas cosas, recrearse en nuevas experiencias, de forma que aprendamos a asirnos a nuevas cosas o a nuevas personas. Respecto a tu última pregunta, quizá seamos las dos cosas. Egoistas porque lo queremos todo y necesitados porque a veces somos tan crios como la niña que consuela Kafka.

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