01 Desde la caja

La dificultad que tienen los neurocientíficos es que solo pueden estudiar el cerebro y la mente humana desde sus propios cerebros y mentes, lo cual implica una dificultad importante. (Añadida a la dificultad de fallos espectaculares como el que reveló EL País este verano). Es como si quisiéramos psicoanalizarnos a nosotros mismos y pretender ser objetivos. Con esto en mente arranco este blog en una noche fría de mediados de otoño. ¿Para qué? Quizá sea solo para estudiar el contenido de mi caja, o para compartir pensamientos y descubrimientos que hago a lo largo de la semana y que pienso pueden ser útiles para ti. A lo mejor tan solo quiero ver mi ego reflejado fuera de mi y multiplicado en pantallas de ordenadores que no son los míos. Lo que en realidad me gustaría es tener una conversación (con: juntos + vertere: girar, cambiar, dar muchas vueltas) contigo.

Sea como fuere espero que con las lecturas que irán apareciendo, Dios sabe con qué frecuencia, sean divertidas, lo pasemos bien, sean útiles y aprendamos algo. Pensar fuera de la caja (think outside the box) es una expresión muy inglesa que me gusta por lo paradójica: Funciona cuando la metáfora de la caja se aplica a lo conocido, lo establecido, lo mensurable, y deja de funcionar cuando es nuestro ser el que es la caja. La imposibilidad de pensar desde fuera de nosotros. Si, la empatía está muy bien, y todo eso, pero realmente no podemos pensar desde fuera de nuestra mente, nuestra genética, nuestros aprendizajes…

La buena noticia es que la caja es ilimitada, puede crecer y crecer. Hacia dentro investigando en el autoconocimiento de quienes somos, y hacia fuera explorando el contexto en el que vivimos. A mi, siempre me ha interesado el espacio liminal entre esos dos mundos, la línea difusa que marca la periferia de uno y el límite no muy definido del otro.

“Más y más se le borraron al viajero las fronteras entre su interior y el exterior, entre lo que creaba y lo que había realmente delante de sus ojos, hasta que finalmente no pudo distinguir lo uno de lo otro y vivió su propio espíritu como algo externo y los objetos como su interior. De pronto tuvo la sensación de verse a sí mismo, su propia figura sentada allí, en el cochecito, por dentro y por fuera al mismo tiempo, como si ella tampoco fuese otra cosa que una forma surgida casualmente, en la que su espíritu creador veía un ser. Pero precisamente de esta manera aquel ser se volvía realidad. Aquello le asustó, pero fue un susto placentero.”

Michael Ende, El espejo en el espejo. Alfaguara, 1986, p.169

 

Autor: Jon Elejabeitia

CEO & Founder NEXTYOU, Arquitecto

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