Verás. Paseo la mirada por el suelo pavimentado de hojas en este otoño tardío y me pregunto:
¿El amor también se cae?
Hemos conseguido considerar el amor como algo ajeno, extraño, que viene y que va.
Y quizá no nos damos cuenta de que el amor es algo concreto a lo que tenemos que acceder.
Imagínatelo como una sustancia que no se pierde nunca, que permanece continuamente.
Si sientes que se va es que era otra cosa.
Imagínate el amor humano, el amor a otra persona, no el amor al universo, el amor a la naturaleza… me refiero a algo tan cotidiano como:
te amo a ti; a ti que estas cerca.
El amor al otro necesita tolerancia, pero el amor a nosotros necesita auto aceptación.
Nacemos de una persona y dos personas que ya en sí mismas tienen una divergencia cuando nos miran a nosotros.
Miran nuestra apariencia física, si nos parecemos a uno o a otro, si somos niños o niñas… si cubrimos sus expectativas o no.
Así aprendemos a comportarnos cada vez que estamos con una persona: a compararla con nuestras expectativas.
Mi conclusión es que solo nos amamos a nosotros mismos y que todo lo demás pasa por nuestro filtro: nuestra crítica, nuestro desprecio y nuestra capacidad de destruir nuestro mundo.
Si piensas que hay un amor más grande que a ti mismo en algún lugar, estás equivocado.
Lo que si hay es una sumisión a la necesidad que tenemos del otro, que hace parecer que es amor, y eso si es verdad.
Y no es lo mismo amor que sumisión.
¿Qué hacemos con nuestros hijos cuando no cumplen nuestras expectativas?
Cuando cumplen 7 años dejan de ser personas para exigirles curricularmente.
Entran por la puerta y, si no hacen lo que nosotros queremos, les tenemos mártires todo el día.
Ni a los hijos, ni a las madres, ni a los padres, ni a los vecinos, queremos más a que nosotros mismos.
Pero nos adornamos de tal palabrería, que mientras que no profundicemos en este sentido, no entraremos verdaderamente en el hecho de por qué no somos capaces de amar totalmente y de forma incondicional.
(escrito y dibujado por un humano)









