81 Somos lo mismo

Imagínate que somos todos iguales… sí, ya sé que somos todos iguales.

Pero imagínate que somos lo mismo… ya sé que somos lo mismo.

Pero imagínate que las personas para ti significan lo mismo.

Verás. A ver si me explico bien.

A lo mejor has tenido un jefe.

Ha sido un jefe generoso. Muy generoso.

Te ha dado un salario con el que has pagado tus facturas. Te ha dado conocimientos con los que has podido crecer profesionalmente. A lo mejor te ha dado valores, amistad, ética…

Has recibido muchas cosas.

A lo mejor has tenido otro jefe (o lo has sido tú) y le has dado tú muchas cosas a él: horas extras no remuneradas, tus conocimientos, tu buen hacer con los clientes, tu entrega…

Has dado muchas cosas.

A lo que iba. En realidad, los dos jefes, con distintas caras, son el mismo jefe.

Están ahí para que comprendamos el maravilloso equilibrio de dar y recibir. 

El universo no entiende de tiempo ni de personas distintas, solo sabe de dar y recibir.

Y tú eres el que a veces da y a veces recibe. ¿Qué importa si es o no la misma persona?

Si solo comprendiéramos esto, no pensaríamos que hay personas egoístas o personas generosas. Pensaríamos que ahora nos toca un rol y ya nos tocará el otro.

Piensa en tus parejas. Las pasadas y la presente.

Con ellas ha ocurrido exactamente lo mismo.

A veces sientes que has dado mucho (crees que has dado más que el otro)

A veces sientes que has recibido mucho.

Piensa ahora que las dos parejas son, en realidad, lo mismo. La misma persona. Con otro cuerpo, y otra forma de hacer el amor, pero la misma esencia.

Hay momentos en los que has dado y momentos en los que has recibido. Solo eso.

Y mágicamente, mucho del rencor desaparece.

(escrito por un humano)

80 Un rayo de luz

Verás. Uno en la vida va haciendo lo que le gusta. Se le da bien y fluye con ello, sin pensar mucho en el impacto que tiene.

Y, de repente, recibe un correo.

Un correo largo, escrito a corazón abierto, de una persona que hace tiempo se cruzó en mi vida.

Y te abre el alma, y te dice que, esos escritos que haces, casi sin esfuerzo, cada mañana, le han tocado el corazón.

Y sigue escribiendo, demasiado tímido para llamarme.

Y habla por primera vez de lo dura que he sido su vida. Del dolor de una muerte que le acompaña desde su adolescencia, de los golpes y desaciertos de una vida sin motivación.

Y te dice que cada mañana un rayo de luz aparece en su bandeja de entrada, aportándole vida.

Y me doy cuenta de lo trascendente de lo intrascendente.

Y aprovecho el escrito de hoy para agradecer a Luis Miguel su mensaje.

Agradecer que nuestras vidas se hayan cruzado para bien de ambos.

Mis lágrimas no llegan a salir, pero sí noto el nudo en la garganta. La emoción de sentir que algo de lo que hago aporta valor a una vida azotada por la incomprensión.

Gracias Luis Miguel y de eso último que dices en tu correo, ni te preocupes.

Gracias también a ti que permites que invada tu vida un ratito cada mañana.

(escrito por un humano)

79 Aceptar la vida

Verás. Ha llegado ese día.

Ese día que todos tememos, que esperemos que no pase, pero pasa.

Mi querido coche con 320.000 Km. A sus espaldas, ha empezado a hacer ruidos raros y me ha dicho que “hasta aquí hemos llegado”

Lo típico: seguro, grúa, taller… y a esperar el presupuesto.

En algún otro momento de mi vida estaría poniendo velas a los santos, abrazando con fuerza mi tarjeta de crédito, visualizando ya cómo adelgaza mi cuenta bancaria en tiempo real.

En fin, la oscuridad del desastre económico se ciñe por la Tierra Media.

Pero eso era hace tiempo. Ya no.

Ya sé la palabra mágica.

Una palabra que aprendieron en la India hace 2.500 años.

Ahora te la digo, pero déjame contextualizar un poco.

El norte de la India está lleno de ríos y los monzones provocaban inundaciones y el caos en las pequeñas comunidades agrícolas.

Imagínate estar todo el año trabajando en tu cosecha y en un solo día todo se echa a perder. Toda tu riqueza se desvanece.

Y no te lo explicas. Miras al cielo intentando entender las oscuras voluntades de los dioses.

Vives en un ecosistema sometido a todo tipo de variables e imprevistos extremos.

Y aquí aparece la palabra mágica: aceptación.

Y con ella, en el siglo V a.C. nace el budismo, ofreciendo paz en un mundo cambiante.

Aceptar lo impredecible significa mirar hacia el interior para metabolizar la frustración y transformarla en resiliencia. O en aprendizaje.

Sin colapsar, sin caer en la tristeza, sin culpar a nadie.

Así que acepto el destino de mi compañero de viajes que me ha proporcionado tantos kilómetros de felicidad.

Y lo acepto de la misma manera que mi amigo Alexis acepta un retraso de 4 meses a la financiación que está esperando para su maravilloso proyecto.

De la misma manera que tú, quizá, estás aguardando la oportunidad de mostrar al mundo tu valía.

PD: No confundir aceptación con sumisión.

(escrito por un humano)

78 Vivir el presente

Tengo muchas dudas sobre este mantra del desarrollo personal.

Creo que se dice mucho y se entiende poco.

Si lo tomas literal es imposible ya que cuando piensas en el ahora ya ha pasado.

Paradojas aparte, te pido una cosa.

Levántate de tu asiento, camina hasta la cocina y abre la nevera.

¿Está vacía?

Eso quiere decir que no has vivido el presente. Has previsto que en un futuro (seguramente no muy lejano) vas a tener hambre.

Hiciste la compra pensando en el futuro de la misma manera que planificas tu agenda de trabajo, o tus viajes.

Mira, un salto de pasado a futuro:

Te acuerdas de que va a ser el cumpleaños de tu pareja (presente pensando en el pasado) le compras un regalo (presente pensando en el futuro) y cuando se lo das es el único momento en el que estás viviendo el presente (espero)

Si tienes rencor a alguno de tus padres, si odias a alguien, si estás resentido, todo eso es muy del pasado.

Si visualizas el crecimiento de tu negocio, planificas tu trayectoria profesional, realizas un plan de acción para algo… todo eso es futuro.

Así que… ¿cuánto espacio dejas para disfrutar del presente?

Te propongo un ejercicio:

Dibuja un círculo en el centro de una hoja en blanco.

Ahora lo tienes que dividir en 3 partes de manera proporcional.

Una de las partes va a representar el pasado, otra el presente y otra el futuro.

Calcula el % de tiempo que pasas diariamente en cada uno de estos “espacios” y el tamaño del sector del círculo será acorde a ese porcentaje.

Te propongo hacer este ejercicio todos los días, antes de acostarte durante una semana.

¿Cuánto tiempo pasas con nostalgia, rencor o agradecimiento, pensando en el pasado?

¿Con qué frecuencia tienes la sensación de estar muy concentrado en lo que estás haciendo en un momento dado?

¿Con qué frecuencia imaginas lo que puede deparar el futuro, y cuántas veces al día te preocupas por lo que pueda venir?

El último día compara los porcentajes y estudia la cantidad de tiempo que has pasado en cada uno de esos lugares.

Mira cuál de estos tres continentes eres:

Europa: motivada por los sueños.

USA: “el país de las oportunidades”

Asia: motivado por la realidad.

«Es un error, un acto de violencia absurdo, concentrarse en el aquí y el ahora con la seguridad de que así percibimos lo esencial. Lo importante es avanzar con convicción y calma, con el talante y la melancolía apropiadas por el paisaje temporal y espacialmente interno del que estamos hechos»

Pascal Mercier (escritor)

(escrito por un humano)

77 Aceptación

Verás. De pequeño odiaba cortarme el pelo. Lo odiaba.

Éramos cuatro hermanos y mi padre así que el peluquero, Pedro, venía a casa con su instrumental.

El practicante también venía, y también le odiaba (por motivos obvios) pero no tanto como al peluquero.

El practicante me producía dolor, Pedro me cortaba el amor de mi madre.

Te cuento.

Cuando llegaba el peluquero, la primera fase era esconderse, a ver si con un poco de suerte se olvidaban de mí.

Cuando ya habían pasado todos por las tijeras, me arrastraban al baño entre llanto y rechinar de dientes.

Pedro, impasible ante los lagrimones que corrían por mi cara y mis ojos de odio, ejecutaba su terrible tarea.

Al terminar, sintiendo mi cabeza como una bola de billar corría al dormitorio y volvía a llorar de rabia e impotencia debajo de la cama.

Con la distancia que dan los años, lo analicé, ya que me parecía una reacción desbordada ante un simple corte de pelo.

Cuando buscas hacia atrás, acabas encontrando y las piezas encajan.

Yo soy el segundo hermano. Siempre oía a mi madre decir que ella quería una niña, y pensaba que mi pene le habría defraudado bastante.

Lo único que podía hacer, para tener un poco de la aceptación deseada, era dejarme el pelo largo y así parecer una niña.

Esto mi consciente no lo sabía, solo he unido los hilos a posteriori.

Yo solo quería que mi madre me aceptara. “Seguro que te quería” estarás pensando.

Seguro que sí, pero yo quería más. Quería su aceptación. Y aceptar es amar a alguien tal y como es.

Amar al orco que lleva uno dentro, tanto como al angelito que muestra por fuera.

Es fácil amar a un niño que se porta bien, es obediente y saca buenas notas. Pero para que se sienta aceptado también debe ser amado cuando muestra la cara oculta de la luna. (Aquí no confundir amar con educar)

El caso es que yo no era niña y no podía hacer nada para cambiarlo y mi pelo me delataba.

El problema de no sentirnos aceptados por nuestras madres es que luego nos resulta muy difícil pensar que otra persona lo hará.

Si la mujer que me ha llevado nueve meses en su vientre habría preferido otra cosa, ¿quién me va a preferir a mi ahora?

Con los años aprendes, entiendes el aprendizaje, vuelves a amar a tu madre, y notas el amor de otras personas.

Bueno, me voy a la peluquería que tengo una cita.

(escrito por un humano)

76 El tiempo no existe

Verás. El tiempo no existe.

Te lo digo muy en serio. El tiempo no existe.

Yo hago formación. Alguna online (intento que las menos) y otras presenciales en Madrid.

Bien, pues en todas las convocatorias, ¡en todas! Siempre hay movimientos relacionados con el tiempo.

Cada vez es más difícil hacer coincidir a 15 personas en un mismo momento espacio temporal.

Y eso, como te decía, es porque el tiempo no existe.

¡El tiempo hay que crearlo!

En nuestra, cada vez más agitada vida, si no te creas tú el tiempo para hacer eso que quieres, el monstruo del día a día no te dejará hacerlo.

Por ejemplo. Esta Newsletter no sale de esas horas muertas de las que dispongo donde me puedo sentar sin interrupción un par de horas a esperar a que llegue la inspiración y luego ponerme a escribir.

Así no funciona.

La realidad es que tengo que arrancar mordiscos de tiempo al día para poder hacerlo.

Tengo que fabricar un tiempo que, en la planificación semanal no existe, para poder hablar contigo este ratito.

Y así pasa con todo: con el paseo diario, jugar con tus hijos, o tirar piedras al río.

Siempre hay urgencias prioritarias que, en muchos casos, utilizamos como excusas que nos impiden realizar aquello que nos da paz.

Quizá lo hacemos para poder quejarnos luego, no sé. Pero lo hacemos.

No te engañes diciendo que si tuvieras más tiempo lo harías.

Fabrícalo, o nunca lo harás.

Así que, si quieres sentirte bien, si quieres disfrutar de la vida ¡Roba!

Róbale tiempo al día.

(escrito por un humano)

75 La bifurcación

Verás. En la vida te vas encontrando senderos que se bifurcan.

Y solo hay una decisión que es la peor que puedes tomar.

Y no es ninguno de los dos caminos.

En mi experiencia, vas por la vida y aparece la bifurcación.

Un camino es el de la oportunidad, el de lo desconocido, el que te mueve algo en las tripas: una oferta de empleo, un nuevo proyecto que nunca antes habías hecho, una pareja que te quiere arrancar al ermitaño que llevas dentro…

El otro camino es (a veces aburridamente) parecido al que ya estás transitando.

Lo bueno sería estar solo y, con la cabeza fría, valorar ambos caminos antes de tomar la decisión.

Pero suele haber agentes externos que tiran de ti en una u otra dirección: amigos, madres y padres, dinero, pereza, miedo…

Y creo que no se trata de tomar o no el camino más o menos transitado. (Sé que lo sabes, pero esto es un guiño a Robert Frost) sino de pensar para qué, en este momento tu vida se bifurca.

La respuesta a esta pregunta te señala el más apropiado de los dos caminos. Es un sendero que no siempre hemos decidido tomar, a pesar de saber con certeza que deberíamos haberlo hecho.

Yo llevo ya bastantes años de mi vida decidiendo siempre el camino de lo nuevo, lo retador, lo desconocido. El camino en el que existe un porcentaje alto de riesgo al fracaso, pero a la vez está el gran aprendizaje.

Me gusta el reto, lo acepto y lo afronto.

Lo que pase después es un resultado del que aprendo sea este resultado del color que sea.

Pero me llegó ya hace unos años el temor de mirar hacia atrás a mi vida y, sentado en el borde de la cama, arrepentirme de los senderos que dejé sin transitar.

Lo único peor que tomar el camino “equivocado” es pararte en la bifurcación y quedarte ahí, sentado, durante mucho tiempo, decidiendo cuál de los dos escoger.

En ese caso, lo que suele ocurrir es que ambos se desvanecen,

Ah, y solo en el cuento de Borges (El jardín de los senderos que se bifurcan) puedes tomar ambos caminos a la vez.

(escrito por un humano)

74 Flashback

Verás. Cuando vengo a trabajar a Madrid, me quedo a dormir en casa de mi madre.

Es el piso donde he pasado mi infancia y juventud.

Pues verás lo que ocurre.

Duermo en el mismo dormitorio que lo hacía cuando vivía allí con mis padres y hermanos. Me quedo en la misma habitación.

Y ocurre lo siguiente.

En ese dormitorio antes había una lámpara de techo que era muy vertical y acababa en una pequeña bola metálica.

Mi cabeza y esa condenada bola tenían un idilio desagradable y casi todos los días se encontraban, para mi dolor.

Yo buscaba algo en el suelo y, al enderezarme, mi cabeza chocaba con la lámpara.

Así una y otra vez.

¿Para qué te cuento esto?

Bueno, pues esa lámpara ya no está. Ha sido sustituida por un plafón pegado al techo contra el que nadie se choca.

Sin embargo, a pesar de que ya no hay peligro y de que han pasado 45 años, yo sigo agachando la cabeza cada vez que paso bajo ella.

Y me hace pensar que las vivencias de la infancia. Lo que ocurre en nuestra casa materna queda en nuestro inconsciente, y en el presente reaccionamos a estímulos externos precisamente por esas vivencias.

Si mi cuerpo se encoge y reacciona ante una lámpara inexistente, ¿qué no harán mis emociones?

¿Cuántos sentimientos encojo hoy por situaciones vividas con mis padres o hermanos cuando yo apenas tenía bigote?

¿Y cuantos pensamientos inconscientes afloran de manera casi arbitraria?

Da que pensar, la verdad.

(escrito por un humano)

73 El don

Verás. Hay una frase en la Biblia que me ha costado muchos años entender:

«Al que tiene se le dará, y al que no tiene, hasta lo poco que tiene se le quitará» (Mateo 13:12)

¡Ostras!

O sea que, a Amancio Ortega se le va a dar todavía más y a mí, que llego derrapando a fin de mes, lo poco que tengo se me quitará.

Imagínate una familia de 5 hermanos.

Pasa la vida y a unos les va mejor que a otros. Así es la vida.

Vale, pues imagina que fallece el padre, abren el testamento y resulta que el tercio de libre disposición se lo han dado al hermano que tiene menos, al que le ha ido peor en la vida.

¿Te parece justo?

Si eres ese hermano que tiene menos puede que digas que sí.

Pero trata de verlo objetivamente. ¿Debería la herencia repartirse a partes iguales o no?

Ah, vale, que no se trata de bienes materiales, que tiene que ver con la fe y el entendimiento…

Pues yo lo entendí de otra manera.

No habla de dinero. No habla de fe. Habla de talento.

Habla de que todos nacemos con un talento concreto y lo económico solo refleja el uso que hemos hecho de él a lo largo de nuestra vida.

Si lo hemos hecho crecer, si lo hemos extendido para el bien de los demás, seremos “ricos” habremos honrado el don recibido y lo veremos multiplicado.

Si, por miedo, pereza, falta de seguridad en nosotros, o lo que sea, no hemos aprovechado ese talento, es como si hubiéramos desperdiciado el valor recibido, y hasta eso se nos quitará.

Esto es lo que yo creo y, la verdad, pone un poco de presión en el propósito de vida ¿no?

(escrito por un humano)

72 La cabeza

Verás. La cabeza es algo alucinante.

Y no me refiero a la cosa redonda que cae al suelo cuando decapitan a un reo.

Me refiero a su interior.

Dentro hay una máquina del tiempo con la que puedes viajar en el espacio y en el tiempo.

Puedes volver al patio del colegio, al primer amigo y al último juego.

Puedes viajar al futuro. Construir universos. Imaginarte cómo será tu vida después de un revés importante.

Tiene unos orificios que te conectan con el presente, con lo que pasa en tiempo real.

Unos te permiten escuchar las secas hojas de otoño arremolinadas por el viento.

Otro te deja saborear la profundidad de un beso.

Otros te enseñan un mundo que, a veces, crees real.

Otros trasladan la hierba recién cortada hasta el interior de tu ser.

Y, en su superficie, puedes sentir la mano de tu anciana madre con la misma ternura de hace sesenta años.

A veces pienso que, en realidad, el resto del cuerpo está para llevar la cabeza a los sitios.

(escrito por un humano)