24 Salto cuántico

Un salto cuántico es un cambio de estado discontinuo que hace un electrón al saltar de un nivel menor a otro de mayor energía de modo prácticamente instantáneo. Lo interesante del fenómeno es que rompe con el principio filosófico de Newton de que la naturaleza no produce discontinuidades (saltos).

Hace unos días tuve una discontinuidad. Acudí una cena con un grupo de personas mayores. Todos hombres. Fue un encuentro muy agradable donde se hablaba mayoritariamente del pasado remoto, muy remoto.

Fue una reunión con un principio curioso debido a que las personas que íbamos apareciendo no éramos sino extraños, coincidiendo por primera vez en un momento espacio – temporal único. Nos mirábamos divertidos buscando en nuestros archivos mentales trazas de rostros vagamente familiares.

Nombres y apellidos cincelados en el pasado con la repetición diaria de listas alfabéticas, despejan sombras intentando arrojar luz sobre los desconocidos. Y llega el momento de las historias, las anécdotas que dejan en evidencia cómo picoteamos de manera arbitraria en el banquete de la vida,  trayendo al presente pasajes aparentemente insignificantes. Pero si lo son, ¿Para qué los retuvimos? La memoria hace una selección caprichosa y una evocación muchas veces incomprensible. Es difícil saber porqué recordamos algunas cosas en apariencia absurdas y olvidamos otras que en su momento parecieron transcendentes.

Las miradas se cruzan amistosas sin resentimientos, con el cariño que da la distancia de los hechos . Hemos cambiado mucho pero en el fondo hemos evolucionado tan poco. Reconozco en el brillo oculto de los ojos a los mismos niños prisioneros en unos cuerpos moldeados por ilusiones más o menos alcanzadas, batallas ganadas y perdidas, sueños olvidados o recuperados en el último momento, anhelos de amor o de éxito. Unos niños a los que la vida no les ha quitado las ganas de jugar, de reír, de compartir…

Cuando el tiempo se comprime y en un instante se va de la niñez a la edad madura, la vida pasa en fracciones de segundo, desplegada, para que el escrutinio de la conciencia la evalúe. ¿Cuánto de ese niño queda en mi? ¿Cómo de desgastada está mi alma ante los embates y caricias de la vida? El niño está y no está, como Argos, las piezas se han ido desgastando y han ido siendo sustituidas por otras. De las personas con las que estoy compartiendo mesa solo quedan recuerdos más emocionales que reales y la paradoja del tiempo me interroga de nuevo.

Confrontado con el paso de la vida me doy cuenta de que el tiempo es invisible, lo usamos y gastamos con demasiada ligereza. Cuando ocurren estos saltos cuánticos me doy cuenta del valor real que tiene y de su inevitable movimiento: avante, siempre avante, irreversible. Si tirara el dinero por la ventana, pensarías que estoy loco. Sin embargo puedo generar más dinero. ¿Y tiempo?

“Pequeña parte de la vida es la que vivimos: porque lo demás es espacio, y no vida, sino tiempo.”

Cartas a Paulino (De la brevedad de la vida) Lucio Anno Séneca

(Un abrazo a mis compañeros de La B del Pilar de 1961)

23 Las dos vidas

La mayoría de nosotros tenemos dos vidas: la que vivimos y la interior que no vivimos. Nuestra felicidad va a depender de cuán separadas están y cuanta resistencia ponemos para que la brecha que las separa no desaparezca. Casi siempre suele ser miedo, sin embargo, tener miedo es una buena señal. Cuanto más miedo tenemos a hacer algo concreto, más sabemos que eso es importante para nosotros y que lo deberíamos acometer.

¿Querías ser bombero o enfermera de pequeño? ¿Has pensado alguna vez en entregar tu vida a ayudar a otros? ¿Alguna vez has querido ser madre, o periodista, o inventor, o escritor? ¿Te habría gustado estudiar medicina para ayudar a restablecer la salud de otros? ¿Eres un emprendedor que trabaja en un banco, un pintor que dirige un negocio o una actriz que dirige RRHH en una multinacional?

“Desde muy temprana edad, tal vez a la edad de cinco o seis años, sabía que cuando yo creciera debería ser un escritor. Entre las edades de unos diecisiete y veinticuatro años traté de abandonar esta idea, pero lo hice con la conciencia de que estaba ofendiendo mi verdadera naturaleza y que tarde o temprano tendría que sentarme y escribir libros “.  George Orwell

Seguro que has oído alguna historia de alguien que fue diagnosticado de alguna grave enfermedad y cambió radicalmente su vida: dejó el trabajo y se dedicó los últimos años de su vida a lo que realmente le apasionaba, sea esto lo que fuere. Esas historias suelen acabar con que la enfermedad remite. ¿Necesitamos una prueba así para dedicarnos a nuestra pasión? No quiero decir que las enfermedades crónicas se curen simplemente haciendo uso de nuestro genio, poniendo nuestro valor al servicio del resto del mundo, pero, ¿debemos esperar a que la calavera nos mire desde sus cuencas vacías para que nuestras dos vidas formen una sola?

Mira en tu corazón, quizá todavía puedas oír la suave voz de tu genio. Es una voz familiar, la has escuchado decenas de veces. Antes era una voz potente y vigorosa, ahora puede que sea solo un murmullo, pero sigue ahí. Escúchala

20 Perseguir un sueño

El fracaso te acechará mientras persigas metas inalcanzables. Si buscas la permanencia en lo pasajero, el amor donde no se encuentra, la seguridad en medio del peligro y la inmortalidad en las tinieblas del sueño de muerte. ¿Cómo puedes triunfar cuando la contradicción es el marco de tu búsqueda? El tema es que las metas que no tienen sentido son inalcanzables. Siento con frecuencia que voy detrás de lo imaginario y me doy cuenta de que es una búsqueda de lo que no es nada.

La semana pasada leí en una pared de la incubadora de empresas en el TEC de Monterrey: “Hay personas que sueñan cosas, y personas que están despiertas y las hacen realidad”. Me pareció una frase maravillosa que aterriza lo aparentemente obvio y rebaja la sobrevalorada frase: persigue tus sueños. No estoy diciendo que no haya que perseguir los sueños, lo que quiero decir es que si los sueños están en las nubes, no podemos correr por las nubes tras ellos. Debemos correr por la superficie de la tierra alzando los ojos de tanto en tanto para no perder la ilusión.

Esa forma abstracta de perseguir sueños quizá nos venga de la maniquea frase “El sueño americano” , pero no nos olvidemos que Norteamérica era un sueño del siglo XVI cuando los pioneros ingleses intentaban persuadir a sus conciudadanos para que se movieran hacia las colonias, cuando se vendían parcelas de 640 acres (1 acre = 4.000 m2) a 1 dólar y el expansionismo hacia el Pacífico estaba en pleno auge. Ahora estamos en la época del muro. Y, para no abandonar el continente, ¿perseguía Luther King una meta inalcanzable?.

Es fácil poner ejemplos que nos hagan distinguir objetivos alcanzables de los que no lo son, la dificultad está, como tantas veces, en esas zonas grises que se yuxtaponen en la periferia de los dos extremos. Si yo quisiera ser el primer hombre sin experiencia previa y sin equipo en escalar el Everest, sin duda todos reconoceríamos una meta imposible. De la misma manera, si mi objetivo fuera leer todos los días un párrafo para reforzar mis hábitos de lectura, sería un objetivo excesivamente fácil de alcanzar.

Entonces, ¿cómo saber si mi sueño es suficientemente retador, sin que sea frustrantemente inalcanzable?

Son tres las áreas que debemos chequear, y si están alineadas… ¡a por ello!. En primer lugar: ¿está relacionado mi sueño con mis conocimientos, con lo que yo sé, he estudiado, tengo la experiencia?, en definitiva, ¿está dentro de mis competencias?

Segunda cuestión: ¿me apasiona, es ilusionante, me motiva, es algo en lo que invertiría todo mi tiempo? Si la respuesta es afirmativa, pasa a la última cuestión: ¿Es acorde con mi personalidad? Hay un proverbio chino muy poco Zen pero muy realista que reza: “si no sabes sonreír, no abras tienda” Muchas veces nuestra mayor contradicción es no saber quienes somos y buscar un sueño que en realidad no está en nosotros.

19 Dos caminos para el cambio

Pensamos con frecuencia que cambiar es duro y difícil. En realidad todo empieza con una intención que abre dos caminos:

El camino de Lao Tzu: “El viaje de mil millas comienza con un solo paso”

El camino de Zenón: El movimiento es imposible. Paradoja de la dicotomía: Un móvil no puede recorrer una distancia finita, pues para ello primero deberá alcanzar antes la mitad de esa distancia. Pero antes aún, debe alcanzar la mitad de esa mitad, y así sucesivamente. Como no se pueden recorrer infinitas magnitudes, el movimiento es imposible.

Si has elegido el primer camino lo único que tienes que hacer es centrarte en ese primer paso. Para ello podemos apoyarnos en Kaizen, un método japonés de gestión de la calidad, con una historia muy curiosa que puedes leer aquí. Kaizen se traduce como “mejora continua”. Se compone de varios pasos que nos permiten analizar variables críticas del proceso de producción y buscar su mejora en forma diaria con la ayuda de equipos multidisciplinarios. Se trata de mejorar la calidad y reducir costos de producción con sencillas modificaciones diarias.

Cuatro pasos: 1. Planificar – 2. Hacer – 3. Verificar – 4. Actuar

Primero venos qué queremos cambiar, lo desglosamos en pequeños cambios y trazamos una estrategia diaria para acometerlos. Realizamos las pequeñas acciones que hemos definido; chequeamos que efectivamente está funcionando y finalmente hacemos pequeños ajustes y el cambio se va produciendo.

El segundo camino (suele estar más transitado, por cierto) es la excusa perfecta para no hacer ningún cambio. Nuestra vida es un sistema homeostático. Es decir, somos un sistema con una gran capacidad de mantener una condición interna estable compensando los cambios del entorno. O lo que es lo mismo, nos aferramos a lo conocido y confortable. Este camino está apoyado por la creencia de que para conseguir grandes cambios hay que hacer grandes cosas, que solo conseguiremos resultados haciendo grandes y espectaculares cambios. Esto es cierto en algunas, pocas, ocasiones. La mayoría de las veces se requerirán solamente pequeñas modificaciones en nuestros hábitos para conseguir grandes logros. (Aquí entra la teoría de los 21 días para conseguir un cambio verdadero con la adquisición de un nuevo hábito)

¿Por qué no aprender de los dos caminos? Empezar con el pensamiento de Lao Tzu, y luego tirar de Zenón para desglosar cada paso en partes muy pequeñas que se puedan acometer sin esfuerzo.

Ejemplo práctico: imagínate que el cambio que quieres dar es convertirte en una persona más productiva:

  1. Haz una lista de las actividades que te llevan mucho tiempo pero que no aportan ni son estimulantes para ti (ver tv, leer frases huecas en Facebook, navegar sin rumbo en la web, lecturas que no te enseñan nada…)
  2. Haz una lista de aquellas actividades que te gustaría intentar y sientes que son más productivas que las que haces ahora (cada día añade un nuevo elemento a la lista)
  3. Ahora que ya tienes las tareas que quieres empezar a realizar, ¡A por ello!, pero de forma suave, poco a poco. Por ejemplo si quieres empezar un diario, comprométete a escribir solo tres frases al día. Si decides tomar clases de yoga, a lo mejor puedes empezar por sentarte en el vestíbulo del centro de yoga y ver a los estudiantes entrar y salir
  4. Cada día anota el nombre de una persona que sientas que está viviendo una vida productiva, y apunta una cosa que esta persona está haciendo de manera diferente a como lo haces tu.

No sé, quizá esto te ayude con esa resolución de año nuevo que solemos tardar 4 en cumplir.  🙂

17 El sentido de la vida

No hay conflicto que no entrañe una simple pregunta: ¿quién soy? Las elecciones que hacemos en nuestra vida me parece que no son sino un intento de aclarar la incertidumbre de quienes somos. Si miras con extrañeza esta pregunta es que de alguna manera te has negado a reconocerte a ti mismo. Juguemos un poco con las palabras. Si no sabes la respuesta a esta pregunta, es señal de que no quieres ser lo que eres; sin embargo si aceptas la transcendencia de la vida, estás vivo porque, en realidad, has aceptado quién eres, simplemente has decidido que desconoces la única certeza por la cual vives.

Así es como nos volvemos inseguros ante la vida y nuestro lugar en ella. A veces siento como que mi mente está dividida en dos partes: la que conoce la verdad y la que no. ¿Cuál de las dos pone en duda lo que soy? Casi siempre la duda recae sobre la parte que huye del compromiso alejándose de la búsqueda de un sentido a la vida. Porque saberlo implicaría dirigirme sin excusa en esa dirección.

Para muchas religiones la vida tiene un sentido escatológico, su sentido está ligado a otras vidas y a la adoración de Dios en esta para conseguir un futuro póstumo mejor. Es como hacer un poco la pelota para que en la siguiente vida Dios me de un trabajo mejor. Aquí estarían sobre todo las tres religiones de los libros: Biblia, Corán y Torá. También algunas religiones orientales consideran la vida como algo preparatorio para la siguiente. La incomodidad de estas posiciones es que en realidad parece que no estoy viviendo la vida, que no estoy sino viviendo sin libertad la actual en aras de ganarme la siguiente.

Es como si estuviera corriendo los 100 metros lisos en las Olimpiadas pero no queriendo vencer sino solo entrenando para ganar en los siguientes Juegos, dentro de 4 años. Un poco raro ¿no?. Ya que estoy corriendo, ¿por qué no ir a tope?, ¿por qué no intentar ganar?, ¿para qué voy a esperar 4 años si lo puedo hacer ahora? Si soy un velocista el sentido de mi trabajo sería ganar esa carrera, pero ¿es ese también el sentido de mi vida? Hay cosas a las que se les ve fácilmente el fin último para lo que fueron creadas, de tal manera que existen en función de esa utilidad: el ordenador, una cuchara, un perro de porcelana… ¿piensas que ocurre lo mismo con los seres humanos? ¿Ves una relación directa entre quién eres y el sentido de tu vida?

Algunos pensadores han contemplado la vida como una escuela de aprendizaje. Para Platón la vida tenía sentido como búsqueda del conocimiento verdadero, un acercamiento a la idea, que proporciona dos cosas a la vez, felicidad y sabiduría. ¿Es lo mismo encontrar el sentido de la ida que encontrar la felicidad?. ¿Si alguien nos dijera el sentido de nuestra vida, le haríamos caso?, ¿entre ese conocimiento que supuestamente daría sentido a nuestra vida, está incluido el autoconocimiento?

Pido perdón por la cantidad de preguntas, pero tengo algunas más: ¿qué piensas que es la vida, sino lo que eres? ¿qué otra cosa sino tu podría estar viva en tu lugar?

La última y definitiva pregunta: ¿Y si el mundo fuera en realidad ese lugar donde, los que no nos conocemos a nosotros mismos, venimos a cuestionar lo que somos?

“Si tuviera que volver a comenzar mi vida, intentaría encontrarte encontrarme antes… ”

Cita manipulada de El Principito

16 Editar la vida

Es una suave mañana en el sur de España. A través de la ventana unas palmeras se mecen suavemente y sus verdes hojas empiezan a brillar con el sol. En la casa de enfrente un niño muy rubio corretea en pijama alrededor del árbol de Navidad. En plena excitación reclama la atención de un padre somnoliento que intenta estar a la altura. El tiempo pasa rápido y lento a la vez. Las Navidades se acercan con más rapidez año tras año y pasan ya tan fugaces que no da tiempo a sentirlas, como las siente el niño. Y también pasa el tiempo con una lentitud tal que te permite saborear los detalles, cada detalle, la gaviota que se posa atenta en una cornisa, la chica joven que sale a fumar a la terraza y observa distraída las nubes, el jardinero en su diálogo interno con las plantas, una toalla descuidadamente abandonada en una silla…

 Lejos de Madrid la vida pasa de otra manera, más hacia dentro. La disminución del ruido externo nos permite reflexionar más sobre dónde estamos, sobre si estamos donde preveíamos estar el año anterior. A veces, sin necesidad de estar al borde de la muerte, uno puede ver pasar su vida delante de los ojos, como si fuera una presentación de Power Point. Y de la misma manera que en ellas, se pueden ir eliminando aquellas diapositivas que están fuera de foco o que su contenido no ha sido el más acertado.

 La vida está marcada por decisiones que se toman bajo unas circunstancias concretas. Al hacer consciente el pasado trayéndolo al presente, soy capaz de pensar de nuevo lo que hice, para tomar como si fuera la primera vez esa decisión, pero esta vez desde la sabiduría que tengo ahora. Es un ejercicio no justificativo que lo hago desde la misma distancia con la que preparo una presentación en el trabajo, pero con la profundidad necesaria para tocar los momentos importantes. Aquellos momentos del año en los que desearía haber actuado de manera diferente.

 Curiosamente al editar la presentación, el Power Point cobra una vida nueva, más en paz, más armónico, más en consonancia con lo que soy en esencia. Al aprender de cada momento oscuro, no lo justifico, simplemente analizo lo que podría haber hecho de tal manera que quizá no habría producido el dolor que produje o no habría creado una incertidumbre innecesaria, o simplemente todo habría fluido de otra manera.

 Quizá no son grandes cambios, pero son valiosos, tan valiosos como la sonrisa de una anciana a la que has escuchado con ternura, la mirada de una hija a la que has abierto un poco el corazón, o la tranquilidad de una cabeza apoyada en tu hombro.

 El niño sigue correteando alrededor de su padre, absorto ya con los mensajes del móvil. A lo mejor, en su Power Point del próximo año, esta diapositiva tiene que replantearla de otra manera.

 

 

15 ¿Soy un psicópata?

Para terminar el año bien, he descubierto que soy un psicópata. Según un artículo publicado en Muy Interesante, hay 10 rasgos de la personalidad que califican a una persona como psicópata, y … ¡Acabo de constatar que los tengo todos!

1 Falta de empatía. Esto es no poder sentir lo que sienten los demás. Así es, cuando me cuentan un episodio emocional, lo primero es intentar no escucharlo, pero si lo hago, me cuesta la vida intentar entender las emociones que está sintiendo la persona. Ya tengo bastantes dificultades intentando entender las emociones que siento yo.

2 Poder de manipulación. Es la capacidad de reconocer de qué cuerda debes tirar para engañar, manipular… Si, mea culpa, me considero suficientemente inteligente (aunque no se si eso tiene alguna relación con la inteligencia) para tener ese conocimiento, y, porqué no, usarlo de vez en cuando. Persuasión, manipulación… ¿dónde está la línea?

3 Irresponsabilidad. Comportamiento impulsivo, irresponsable, sin admitir errores y con la capacidad de volverse iracundo si se les acusa de algo. Remito la contrastación de mi personalidad en este punto a mis padres y , ex jefes y ex parejas.

4 Narcisismo. Esto es verse a si mismo como más inteligente (repasar el punto 2 como prueba), más poderoso, mas valioso que cualquier otra persona. Bueno, como disculpa tengo que decir que soy de Bilbao.

5 Mentirosos patológicos. Los psicópatas tienden a mentir continuamente y sus vidas conforman una tela de araña de engaños, falsedades y adulteraciones de la realidad. Esto reconozco que no lo hago mucho (o quizá esté mintiendo al escribirlo. Si soy un mentiroso compulsivo ¿cómo vas a saber si no te estoy mintiendo al decirte que no lo soy?

6 Encanto superficial. Los que me conocéis no dudareis ni un instante de mi encanto, buenas maneras, sentido del humor y afabilidad. Lo de superficial…

7 Falta de remordimientos. Esto es no sentirse culpable por lo que hacen o el dolor que infringen a otros. Yo duermo muy bien por la noche y eso a mi edad es, o que estoy muy satisfecho con mi vida y con mis actos, o una falta absoluta de conciencia.

8 Se aburren con facilidad. Por eso necesitan sobredosis de adrenalina. Mi dosis la consigo conduciendo en moto por Madrid, el resto del tiempo disimulo mi aburrimiento leyendo, escribiendo o viendo pelis.

9 Acoso o Bullyng. Los psicópatas disfrutan ejerciendo su poder sobre los más débiles. Quizá no de forma física, pero mental …

10 Poder y control. Todo debe hacerse de la manera que desean. Autoritarismo puro y duro, oui c’est moi.

Bromas aparte, (o quizá no es tan broma), resulta duro comprobar la delgada línea roja que nos separa de un psicópata. ¿Cómo lo llevas tu?

Para disfrutar de pura ironía británica, mezclada con inteligentes preguntas y reflexiones profundas, te invito a leer el libro de Jon Ronson ¿Es usted un psicópata?, un viaje a través de la industria de la locura, publicado por el Ediciones B. Como no podía ser de otra manera la conclusión es que hay muchos más psicópatas de los que nos gustaría creer.

14 Cartas de una muñeca

Hacia la mitad de la novela de Paul Auster, Brooklyn Follies, uno de los personajes cuenta una historia sobre Kafka. La historia parece ser cierta; he investigado un poco y aparece referenciada en una biografía de Kathi Diamant, sobre Dora Diamant (no hay parentesco entre ambas), amante de Kafka en el tiempo en que esto ocurrió.

Estamos en el último año de la vida del genial autor. En sus paseos por un parque de Berlín con Dora Diamant, se encuentra un día con una niña pequeña que llora desconsoladamente. Kafka le pregunta qué le ocurre, y ella contesta que ha perdido a su muñeca. La llamada del escritor surge rauda para explicarle a la niña lo que ha ocurrido: “Tu muñeca ha salido de viaje”, le dice. “¿Y tu cómo lo sabes?”, le pregunta la niña. “Porque me ha escrito una carta”, responde Kafka. La niña parece un poco recelosa “¿Tienes ahí la carta?”, pregunta. No, lo siento, me la he dejado en casa sin darme cuenta, pero mañana te la traigo.” La niña no sabe qué pensar, ¿es posible que este hombre misterioso esté diciendo la verdad?

Por supuesto Kafka vuelve inmediatamente a su casa y se sienta a escribir la carta. Dora le observa y ve la misma gravedad y tensión que cuando escribe su propia obra. La situación requiere un auténtico trabajo literario y está resuelto a hacerlo como es debido. Al día siguiente la niña le está esperando en el parque y como no sabe leer, Kafka lo hace en voz alta. Resulta que la muñeca estaba cansada de estar siempre en el mismo sitio y con las mismas personas y a pesar de que quería mucho a la niña, había decidido salir de viaje para ver mundo y conocer nuevos amigos. Le hacía falta un cambio de aires por lo que debían separarse durante un tiempo. Sin embargo, la muñeca promete que escribirá a la niña todos los días, manteniéndola al corriente de sus actividades.

Aquí es donde la historia toca el alma. Es increíble que uno de los más importantes autores del siglo XX, en sus últimos meses de vida, se tome la molestia de escribir una carta para consolar a una niña. Más aún, durante los siguientes 15 días irá todas las mañanas al parque a leerle las cartas a una criatura con la que se ha encontrado casualmente. La genialidad de Kafka puesta la servicio de la redacción de unas cartas escritas por una muñeca perdida. Dora dice que escribía cada frase prestando una tremenda atención al detalle, que la prosa era amena, precisa y absorbente. La muñeca crece, va al colegio, conoce gente; sigue dando pruebas de su afecto a la niña pero surgen cosas que la impiden volver. Finalmente la muñeca se casa. Describe al joven del que se enamora, la fiesta de pedida, la boda en el campo, y la casa donde van a vivir. Entonces, en la última línea, la muñeca se despide de su antigua y querida amiga.

“Para entonces la niña no echa de manos a la muñeca. Kafka le ha dado otra cosa con la que aliviar su desgracia. La niña tiene la historia, y cuando una persona es lo bastante afortunada para vivir dentro de una historia, las penas de este mundo desaparecen. Mientras la historia siga su curso, la realidad deja de existir.”

Metafórica historia donde las haya. ¿Cuál es la muñeca perdida de nuestra vida? ¿Quién es el Kafka? ¿Cómo es la historia que nos da calor en las noches de frío?

Muchos seguimos sentados en el banco del parque, esperando que la misteriosa persona nos vuelva a traer cartas. ¿Somos egoístas, o simplemente necesitados?

12 El espejo

Hay un magnetismo especial en los espejos. Estamos acostumbrados a vernos en fotos, videos … Sin embargo la mirada en el espejo es diferente, es confrontante. Solemos estar solos y aunque a veces disimulamos haciendo cosas, afeitarnos, maquillarnos, mirar cómo nos quedan unos pendientes que acabamos de comprar, siempre hay ese instante en que no hacemos nada. Ese instante en el que nos miramos con ojos inquisidores y nos preguntamos quienes somos.

La respuesta no siempre es agradable y a veces la intentamos maquillar de diferentes maneras, sin embargo, la mirada que nos devuelve nuestro reflejo es la del otro Yo que sabe, que puede ser amable pero las más de las veces es implacable. ¿Cuánta diferencia existe entre el personaje tridimensional que se relaciona con otros y con el mundo, y ese otro ser que solo existe cuando observo mi rostro quieto.

Desgraciadamente (o afortunadamente ya que su final fue un poco trágico) no nos solemos tratar con la amabilidad con la que lo hacía Narciso ante las aguas inflexibles del lago. No es fácil mantener los ojos quietos pupila contra pupila. Y eso, ¿por qué?. ¿No será que seguimos preguntando si somos los más bellos del reino cuando ya hace tiempo que fuimos destronados? ¿No será que ese espejo como el Aleph borgiano contiene el universo todo, sin olvidar ni una sola de las partículas que lo componen?

¿Y si el miedo fuera ha que existe un cierto punto en el espejo desde el cual desaparecen las dicotomías que hemos arrastrado como creencias durante nuestra vida? Pensamos que todas las cosas tienen un opuesto: si el Cielo existe tiene que haber también un infierno; recuerdo el pasado por lo tanto tiene que llegar un futuro; hay cosas que puedo decir y otras son incomunicables… Es mediante estas contradicciones como construimos lo que percibimos y lo que pensamos que es real. Y así estos opuestos nos obligan a elegir, y tomar una decisión permite que uno de los objetivos en conflicto se convierta en la mira de tus esfuerzos.

Pero mira de nuevo al espejo, la decisión ya la has tomado, todo lo que ves está basado en lo que has aprendido y tus decisiones en la vida son el resultado de ello, pues se basan en lo que has aceptado como la verdad con respecto a lo que eres y a lo que son tus necesidades. Lo que ves es la verdad, y la verdad no se puede aprender sino tan solo reconocer. En este reconocimiento reside su aceptación, y al aceptarte, te conoces.

 

Prófugo de mi ser, que me despuebla

la antigua certidumbre de mí mismo,

busco mi sal, mi nombre, mi bautismo,

las aguas que lavaron mi tiniebla.

 

Me dejan tacto y ojos sólo niebla,

niebla de mí, mentira y espejismo:

¿qué soy, sino la sima en que me abismo,

y qué, si no el no ser, lo que me puebla?

 

El espejo que soy me deshabita:

un caer en mí mismo inacabable

al horror del no ser me precipita.

 

Y nada queda sino el goce impío

de la razón cayendo en la inefable

y helada intimidad de su vacío.

 

Octavio Paz (La caída)

 

 

 

 

 

11 La felicidad

Imagínate que eres creyente. Imagínate que una mañana te despierta un luminoso resplandor en tu habitación. Abres los ojos y todavía medio dormido contemplas una presencia que cubierta de luz blanca se va materializando ante ti. Es Dios, y comienza a hablarte. Empieza a explicarte por qué ha venido y para qué quiere que le escuches. Después de unas frases relacionadas con tu desarrollo espiritual, te revela finalmente el motivo de tu existencia. Con una claridad que no deja lugar a dudas te presenta con palabras de oro el propósito de tu vida. Se marcha, y con Él la luz. En tu mente queda grabado exactamente cuál es el sentido de tu vida y cómo lo puedes conseguir. Dios se ha apoyado en los valores que tienes para argumentar porqué es ese tu destino y no otro.

Sus palabras te resuenan dentro. En lo más profundo de tu ser sabes que es así. La vida te ha ido dando pistas, situaciones en las que esos valores han salido a relucir, y con ellos instantes increíbles de felicidad. Pero luego diversas causas han hecho que los relegues enterrándolos con más o menos profundidad bajo las capas del día a día.

Te levantas de la cama, te duchas y te vistes ensimismado, todavía afectado por la visión y a la vez extrañamente tranquilo. Miras tu ropa, los objetos que te rodean, tu casa, y nada parece real, pues nada realmente apunta hacia la consecución de esa meta de vida que ahora se presenta límpida ante ti. Distintos momentos de tu pasado vienen a tu memoria hasta que todas las piezas del puzzle de tu existencia encajan en perfecta armonía.

Y ahora, ¿qué vas a hacer? ¿con qué sentido te vas a sentar delante del ordenador, o dar la clase, o atender a un cliente, o ponerte el uniforme de guarda jurado o conducir a tus hijos al colegio?

El temor de ver y reconocer nuestros grandes valores es que puede abrirse una bifurcación en el camino de nuestra ya trazada vida. Una vida encauzada, tranquila, quizás incluso agradable, donde tapábamos ese cierto vacío interior con el trabajo, la pareja, los hijos o el fútbol. Si hemos venido con un valor a esta vida, sabiéndolo, ¿cómo íbamos a ser capaces de no utilizarlo? Al sernos revelado, nuestra zona de confort revienta, el orden establecido se altera y con un nuevo mapa en la mano emprendemos el camino incierto de la felicidad.

Esto no quiere decir que conocer nuestros valores va a dar un giro de 180 grados a nuestra vida, lo que quiere decir es que tienen que estar incorporados en ella, y todo lo que nos aparte de los mismos tenemos que dejarlo de lado. Si, el valor implica compromiso, y ese es el motivo por el que los mantenemos olvidados en el inconsciente. ¿Serías capaz de escribir en un papel 6 valores que tengas?, 6 fortalezas positivas que corren transversalmente en tu vida de manera natural, que tu pareja, amigos, compañeros y jefes ven y son capaces de nombrarlos. Si has sido capaz, ¿puedes ahora buscar uno más? ¿puedes buscar ese valor diferencial que al activarlo puedes llegar a un grado de excelencia importante? Es ese valor que cuando lo utilizas pierdes la sensación de tiempo y espacio, pero también es ese valor que suele estar escondido. Nuestro valor diferencial es la llave para la felicidad, que jugamos a buscar mirando casi siempre en el lugar equivocado.