76 El tiempo no existe

Verás. El tiempo no existe.

Te lo digo muy en serio. El tiempo no existe.

Yo hago formación. Alguna online (intento que las menos) y otras presenciales en Madrid.

Bien, pues en todas las convocatorias, ¡en todas! Siempre hay movimientos relacionados con el tiempo.

Cada vez es más difícil hacer coincidir a 15 personas en un mismo momento espacio temporal.

Y eso, como te decía, es porque el tiempo no existe.

¡El tiempo hay que crearlo!

En nuestra, cada vez más agitada vida, si no te creas tú el tiempo para hacer eso que quieres, el monstruo del día a día no te dejará hacerlo.

Por ejemplo. Esta Newsletter no sale de esas horas muertas de las que dispongo donde me puedo sentar sin interrupción un par de horas a esperar a que llegue la inspiración y luego ponerme a escribir.

Así no funciona.

La realidad es que tengo que arrancar mordiscos de tiempo al día para poder hacerlo.

Tengo que fabricar un tiempo que, en la planificación semanal no existe, para poder hablar contigo este ratito.

Y así pasa con todo: con el paseo diario, jugar con tus hijos, o tirar piedras al río.

Siempre hay urgencias prioritarias que, en muchos casos, utilizamos como excusas que nos impiden realizar aquello que nos da paz.

Quizá lo hacemos para poder quejarnos luego, no sé. Pero lo hacemos.

No te engañes diciendo que si tuvieras más tiempo lo harías.

Fabrícalo, o nunca lo harás.

Así que, si quieres sentirte bien, si quieres disfrutar de la vida ¡Roba!

Róbale tiempo al día.

(escrito por un humano)

75 La bifurcación

Verás. En la vida te vas encontrando senderos que se bifurcan.

Y solo hay una decisión que es la peor que puedes tomar.

Y no es ninguno de los dos caminos.

En mi experiencia, vas por la vida y aparece la bifurcación.

Un camino es el de la oportunidad, el de lo desconocido, el que te mueve algo en las tripas: una oferta de empleo, un nuevo proyecto que nunca antes habías hecho, una pareja que te quiere arrancar al ermitaño que llevas dentro…

El otro camino es (a veces aburridamente) parecido al que ya estás transitando.

Lo bueno sería estar solo y, con la cabeza fría, valorar ambos caminos antes de tomar la decisión.

Pero suele haber agentes externos que tiran de ti en una u otra dirección: amigos, madres y padres, dinero, pereza, miedo…

Y creo que no se trata de tomar o no el camino más o menos transitado. (Sé que lo sabes, pero esto es un guiño a Robert Frost) sino de pensar para qué, en este momento tu vida se bifurca.

La respuesta a esta pregunta te señala el más apropiado de los dos caminos. Es un sendero que no siempre hemos decidido tomar, a pesar de saber con certeza que deberíamos haberlo hecho.

Yo llevo ya bastantes años de mi vida decidiendo siempre el camino de lo nuevo, lo retador, lo desconocido. El camino en el que existe un porcentaje alto de riesgo al fracaso, pero a la vez está el gran aprendizaje.

Me gusta el reto, lo acepto y lo afronto.

Lo que pase después es un resultado del que aprendo sea este resultado del color que sea.

Pero me llegó ya hace unos años el temor de mirar hacia atrás a mi vida y, sentado en el borde de la cama, arrepentirme de los senderos que dejé sin transitar.

Lo único peor que tomar el camino “equivocado” es pararte en la bifurcación y quedarte ahí, sentado, durante mucho tiempo, decidiendo cuál de los dos escoger.

En ese caso, lo que suele ocurrir es que ambos se desvanecen,

Ah, y solo en el cuento de Borges (El jardín de los senderos que se bifurcan) puedes tomar ambos caminos a la vez.

(escrito por un humano)

74 Flashback

Verás. Cuando vengo a trabajar a Madrid, me quedo a dormir en casa de mi madre.

Es el piso donde he pasado mi infancia y juventud.

Pues verás lo que ocurre.

Duermo en el mismo dormitorio que lo hacía cuando vivía allí con mis padres y hermanos. Me quedo en la misma habitación.

Y ocurre lo siguiente.

En ese dormitorio antes había una lámpara de techo que era muy vertical y acababa en una pequeña bola metálica.

Mi cabeza y esa condenada bola tenían un idilio desagradable y casi todos los días se encontraban, para mi dolor.

Yo buscaba algo en el suelo y, al enderezarme, mi cabeza chocaba con la lámpara.

Así una y otra vez.

¿Para qué te cuento esto?

Bueno, pues esa lámpara ya no está. Ha sido sustituida por un plafón pegado al techo contra el que nadie se choca.

Sin embargo, a pesar de que ya no hay peligro y de que han pasado 45 años, yo sigo agachando la cabeza cada vez que paso bajo ella.

Y me hace pensar que las vivencias de la infancia. Lo que ocurre en nuestra casa materna queda en nuestro inconsciente, y en el presente reaccionamos a estímulos externos precisamente por esas vivencias.

Si mi cuerpo se encoge y reacciona ante una lámpara inexistente, ¿qué no harán mis emociones?

¿Cuántos sentimientos encojo hoy por situaciones vividas con mis padres o hermanos cuando yo apenas tenía bigote?

¿Y cuantos pensamientos inconscientes afloran de manera casi arbitraria?

Da que pensar, la verdad.

(escrito por un humano)

73 El don

Verás. Hay una frase en la Biblia que me ha costado muchos años entender:

«Al que tiene se le dará, y al que no tiene, hasta lo poco que tiene se le quitará» (Mateo 13:12)

¡Ostras!

O sea que, a Amancio Ortega se le va a dar todavía más y a mí, que llego derrapando a fin de mes, lo poco que tengo se me quitará.

Imagínate una familia de 5 hermanos.

Pasa la vida y a unos les va mejor que a otros. Así es la vida.

Vale, pues imagina que fallece el padre, abren el testamento y resulta que el tercio de libre disposición se lo han dado al hermano que tiene menos, al que le ha ido peor en la vida.

¿Te parece justo?

Si eres ese hermano que tiene menos puede que digas que sí.

Pero trata de verlo objetivamente. ¿Debería la herencia repartirse a partes iguales o no?

Ah, vale, que no se trata de bienes materiales, que tiene que ver con la fe y el entendimiento…

Pues yo lo entendí de otra manera.

No habla de dinero. No habla de fe. Habla de talento.

Habla de que todos nacemos con un talento concreto y lo económico solo refleja el uso que hemos hecho de él a lo largo de nuestra vida.

Si lo hemos hecho crecer, si lo hemos extendido para el bien de los demás, seremos “ricos” habremos honrado el don recibido y lo veremos multiplicado.

Si, por miedo, pereza, falta de seguridad en nosotros, o lo que sea, no hemos aprovechado ese talento, es como si hubiéramos desperdiciado el valor recibido, y hasta eso se nos quitará.

Esto es lo que yo creo y, la verdad, pone un poco de presión en el propósito de vida ¿no?

(escrito por un humano)

72 La cabeza

Verás. La cabeza es algo alucinante.

Y no me refiero a la cosa redonda que cae al suelo cuando decapitan a un reo.

Me refiero a su interior.

Dentro hay una máquina del tiempo con la que puedes viajar en el espacio y en el tiempo.

Puedes volver al patio del colegio, al primer amigo y al último juego.

Puedes viajar al futuro. Construir universos. Imaginarte cómo será tu vida después de un revés importante.

Tiene unos orificios que te conectan con el presente, con lo que pasa en tiempo real.

Unos te permiten escuchar las secas hojas de otoño arremolinadas por el viento.

Otro te deja saborear la profundidad de un beso.

Otros te enseñan un mundo que, a veces, crees real.

Otros trasladan la hierba recién cortada hasta el interior de tu ser.

Y, en su superficie, puedes sentir la mano de tu anciana madre con la misma ternura de hace sesenta años.

A veces pienso que, en realidad, el resto del cuerpo está para llevar la cabeza a los sitios.

(escrito por un humano)

71 A veces

A veces siento que nada es real.

Que las serenas montañas del Valle del Guadalhorce que me rodean no son reales. Que, tras ellas, en realidad no hay nada. Que solo aparece todo cuando las cruzo.

No siento real el sendero por el que camino.

Ni los almendros que empiezan a florecer. ¿Qué sentido tienen?

Sí, anuncian la primavera, ¿para qué?

¿Qué sentido tiene la primavera?

Ni siquiera siento real a la pequeña Pomerania que corretea a mi alrededor.

Es un sentimiento profundo. Extraño. No es triste, solo contemplo todo perplejo.

Es como un cambio de fase.

Como la sensación que tenía cuando estaba a punto de acabar la mili donde, por un lado, estaba la ansiedad de acabar, y por el otro el miedo a lo que vendría después.

Si has tenido un hijo seguro que lo entiendes.

Estás al final de tu octavo mes y ya quieres que salga. Quieres ver ese rostro que lleva oculto casi nueve meses.

Y por otro lado temes por su salud, por si sabrás cuidarle, educarle, quererle…

Quizá eso sea lo que a veces me hace pensar en la irrealidad del presente, de las cosas ¿de las personas?

No sé si tú eres real.

No sé si, en realidad, solo estás para mostrarme el camino de mi propósito de vida.

No sé si esta sensación está relacionada con ir comprendiendo lo trascendente de la vida.

Pero me pasa.

A veces.

(escrito por un humano)

70 La hora bruja

Verás. Son las 4. ¡Las cuatro de la madrugada!

Y, de repente, mis párpados se abren sin que medie mi voluntad (suena un poco zombi, pero así pasa)

Entonces, cojo el portátil, que sabiamente lo tengo a mano, y empiezo a escribirte.

Me ha pasado toda mi vida,

Cuando estaba estudiando arquitectura y tenía entre manos algún proyecto, las mejores ideas, las soluciones para edificios, distribuciones de espacios, volúmenes encontrados, formas y espacios… se me ocurrían a esta hora: entre las cuatro y las cinco de la mañana.

Los que saben de estas cosas dicen que, cuando te acuestas con un reto, o un problema, el cerebro sigue trabajando en él hasta que da con la solución.

Debe ser que el mío la encuentra a esta hora.

Además, si no la escribo en el momento desaparece, como el azúcar en el café.

Esa explicación puede tener sus bases científicas, pero a mí me gusta más creer que es “la hora bruja”

La hora bruja es ese período del día o de la noche (mejor en la noche que es más intenso) en el que los bebés lloran de manera prolongada e inexplicable.

Les ocurre entre las tres y cuatro semanas de vida.

Pues debe ser que ahí se me encasquilló algo y sigo llorando ideas muchas noches.

Por cierto, en el mercado financiero, la hora bruja es la última hora de negociación diaria en el mercado de valores entre el mercado de bonos.

Pero a mí me gusta más lo del bebé que llevo dentro.

(escrito por un humano)

69 Tienes la culpa

Verás. Estoy sentado en el AVE dirección Madrid (el deber me llama)

Voy muy emocionado a impartir mi curso favorito. (Pero esa es otra historia)

El caso es que hay una persona en el asiento de la fila de al lado.

Llega una tercera persona. La mira. Mira su billete. Arruga el entrecejo. Endurece la mirada.

«Estás en mi asiento” espeta.

La persona que está sentada mira su billete y, con tranquilidad, le señala el luminoso del fondo del vagón que indica el número de vagón.

«Ah, oh, disculpe» y se marcha a su sitio.

Lo que me llama la atención, y por supuesto yo también lo hago, es que buscamos primero el culpable fuera.

Yo voy bien, tú te has equivocado de asiento.

El primer pensamiento es que el que se equivoca es el otro. El que ha hecho algo mal es el otro, el que es un despistado es el otro…

Siendo optimista diré que hay dos tipos de personas: las que buscamos el culpable fuera (mayoría) y las que se culpan de todo.

Qué bello sería hacer una revisión interna antes de lanzar el ataque externo.

Todo fluiría mejor y cambiaríamos la visión que tenemos del otro. Pasaría a ser como nosotros, un igual, alguien que a veces comete errores y a veces no.

Como tú y como yo.

(escrito por un humano)

68 Magnetotérmico

Magnetotérmico

Verás. Este pasado fin de semana impartí un curso muy especial.

El caso es que Javi, uno de los alumnos, usó como metáfora la electricidad, y fue muy bueno.

Hablábamos de cómo tendemos a culpabilizar a las personas y, al hacerlo, las juzgamos como merecedoras de castigo y se lo aplicamos:

Con enfados, desprecios, burlas, y toda la artillería que llevamos dentro.

El caso es que Javi decía que es como si tuviéramos dentro un magnetotérmico, y cuando culpamos (en muchos casos para sacar la culpa que sentimos dentro) salta el magneto, o como se decía antes, saltan los plomos.

Cuando ocurre eso en casa, nos enfadamos con el cuadro eléctrico, con la compañía distribuidora, con la casa en sí…

Es decir, nosotros nunca tenemos la culpa.

Vale pues el 95% de las veces que saltan los plomos es por nuestra culpa y por dos causas:

Exceso de tensión (hemos enchufado demasiados aparatos a la red y sobreasamos la potencia contratada.

Cortocircuito (hemos metido el secador debajo del grifo)

En ambos casos somos los causantes del corte de luz, pero para no sentirnos culpables de nuestra torpeza, culpamos a Endesa.

Vamos con la solución.

En casa la solución es sectorizar. Para eso está el cuadro eléctrico. En él podemos detectar cuál de los sectores de la casa es el que ha “saltado” e ir a solucionarlo.

Pues cuando salta nuestra ira podemos hacer lo mismo: averiguar qué es lo que la ha provocado.

Para ello nos tenemos que sectorizar. Y tenemos 3 sectores claros, que a su vez se pueden subdividir.

Son: el sector físico: nos enfadamos por cosas materiales, por ejemplo, porque pensamos que pagamos demasiados impuestos.

Sector emocional: tiene que ver con la ira desatada en la relación con personas: hermanos, parejas, padres, compañeros…

Sector racional: aquí está la intolerancia a las ideas de los demás, por ejemplo.

Vale, pues si sectorizas tus enfados, podrás luego ir a esa parte de ti y analizar qué es lo que realmente pasa ahí.

(escrito por un humano)

67 Menos

Leía ayer un artículo sobre un tal Adrien Leliève. Resulta que ha inventado la bicicleta eléctrica… ¡sin batería!

¿Y eso qué importa? Te preguntarás.

Algunos datos: cada bici eléctrica lleva una batería de litio.

Europa importa 1,2 millones de bicicletas al año. ¡Cada año!

Las baterías de litio duran solo 5 años y luego van al vertedero.

Haz tú los números.

Su solución es sustituir las baterías de litio por supercondensadores hechos de carbono y aluminio fácilmente reciclables.

Tiene muchas más ventajas, pero este no es el lugar para contarlas. Si buscas Pi-POP en Google tendrás toda la información.

Cuando la busques, lo primero que dirás es: ¡qué cara!

Bueno, ¿qué precio tiene nuestro planeta?

Como siempre, me desvío de lo que te quiero contar.

La conclusión del artículo de Ollie Potter es que, a veces, las mejores innovaciones surgen de preguntarnos: ¿qué pasa si necesitamos menos?

Mi bumerang interno rápidamente lo lleva a mi vida. Externa e interna.

Y te comparto su pregunta: ¿qué pasaría si, en nuestra vida, necesitáramos menos?

Menos cosas, menos emociones sin regular, menos pensamientos obsesivos, menos necesidad de ser aceptados o reconocidos, menos dependencias…

Menos.

(escrito por un humano)