106 La grandeza de la integridad

Verás. Siempre, siempre, siempre, hay una persona que nos muestra la grandeza del ser humano.

No sé si usas el reproductor de videos VLC. Si no lo haces, estás tardando.

Es un programa gratuito que reproduce prácticamente cualquier formato de video.

Eso está muy bien. Pero lo mejor ocurre cuando detrás de una gran idea hay un gran corazón. Alguien coherente en sus principios y en los valores que sustenta su producto.

En este mundo tecnológico se suele primar el beneficio sobre la integridad.

Bien, pues Jean-Baptiste Kempf, es de los de la integridad.

Para que VLC siga estando libre de publicidad, de suscripciones, de costes ocultos, ha rechazado ofertas millonarias para que su software siga siendo libre y gratis.

No muchas personas, y menos en el mundo tecnológico, rechazan con esa elegancia millones de dólares.

Y aquí está este personaje, anteponiendo sus principios por encima de los números. Manteniendo su software centrado en el usuario.

Enseñándonos que el mundo está por encima de lo material. Mostrando la cara humana de la vida.

No sé nada de la vida de Kempf, pero estoy seguro de que es un hombre que confía en sí mismo, que sabe que su riqueza está en él.

Que no necesita esos millones porque con su riqueza interior puede producir toda la abundancia que necesita.

(escrito por un humano)

105 Reconstruir

Verás. Tenemos las personas una enorme capacidad de reconstruir cosas.

Se nos rompe una taza y con Super-glue, y un poco de habilidad ni se nota la grieta. Sabemos devolver a ese recuerdo familiar su forma original.

Hacemos lo mismo con grandes cosas, casas, edificios y barrios enteros.

Somos capaces de buscar esa pintura de Canaleto que nos ayuda a reconstruir una gárgola de tal modo que, si no nos lo cuentan, nunca podríamos saber si es antigua o nueva.

Por ejemplo, Varsovia. Su triste historia les ha convertido en los mejores restauradores de Europa.

Desde las particiones del siglo XVIII, hasta las dos grandes guerras, los polacos han sido diezmados y arrasadas sus ciudades.

Varsovia es un gran ejemplo de la reconstrucción de las piedras…

Sin embargo, no todo es tan fácil. La reconstrucción de un alma es mucho más complicada.

A lo mejor ya has hecho el famoso ejercicio de arrugar una hoja de papel para luego estirarla con la pretensión de que quede igual a como estaba antes de tu intervención.

Imposible. Las marcas de las arrugas permanecen y permanecerán en el tiempo.

Como dice Al Pacino en la película Esencia de mujer, no hay prótesis para una alma destrozada.

Y es tan fácil desagarrarla.

Casi sin darnos cuenta, una ligera palabra, incluso una mirada, y el fino cristal se quiebra.

Sentimos su dureza cuando nos pasa a nosotros y, sin embargo, lo hacemos con relativa frecuencia.

No pensamos en el dolor que causamos tanto como en el que nos causan, y… ¿no es el mismo dolor?

O es que pensamos que nosotros somos más sensibles.

A lo mejor, tristemente, pensamos que esa dureza forja el carácter; o que como a mí me lo han hecho, yo lo hago…

Esas indelebles marcas nos hablan de los dobleces y las arrugas que va dejando la vida.

Los edificios se reconstruyen, sin embargo, las almas acarrean su dolor para siempre.

(escrito por un humano)

104 Generativo y creativo

Verás. En lo que llevas de día ya has tomado muchas decisiones.

Muchísimas.

Qué ropa ponerte, cómo. Ir al trabajo, qué desayunar, por cuál de las tareas pendientes empezar…

Como te digo, muchas decisiones. Para algunas vas en automático, sin embargo, otras requieren de tu atención.

Son con las que tienes de acometer problemas más complejos, y se pueden resolver de dos maneras:

Mediante un algoritmo, o de forma heurística (ya está Jon con las palabrejas, pensarás) Dame un minuto que esto va a ser útil.

Con el famoso algoritmo resuelves el problema de decidir mediante un procedimiento rigurosamente establecido para realizar algo concreto.

Es decir, usas un conjunto definido de reglas o procedimiento para resolver el dichoso problema.

Es lo que hace Google cuando tiene que buscar algo que le pides. Básicamente una fórmula más o menos compleja que arroja una solución.

La toma de decisiones para resolver un problema mediante la heurística es mucho más divertida.

La palabra proviene de la misma raíz que ¡eureka! El problema se resuelve mediante procedimientos azarosos, informales, inventivos… en esencia, usando la creatividad.

No hay recetas, el problema a solucionar te exige una gran energía intelectual y creatividad para pasar de lo abstracto a lo concreto.

En muchas ocasiones implica inventar normas que antes no existían.

En tu día a día, tienes que resolver ambos tipos de problemas.

Si quieres moverte en Metro por Madrid, el problema es algorítmico y lo resolverás mediante una aplicación que te indique la ruta a seguir.

Si ese viaje en tren te lleva a una discoteca donde quieres ligar, eso es mucho más complicado.

Para eso no hay mapa ni normas fijas establecidas, requiere una solución creativa, heurística.

La toma de decisiones en un futuro, cada vez más incierto, va a requerir que tires de esto último. (No de ligar, sino de la heurística)

Así que no tengas miedo de la IA, ella, todavía, no sabe resolver muy bien este tipo de problemas.

Tú sí. Tú tienes la chispa divina que te hace humano. Eres generativo, pero también eres creativo.

(escrito por un humano)

103 Gracias

Agradecer es de sabios. Esta frase está muy trillada y además es falsa.

Agradecer es poner la mano en el corazón del que está enfrente y, con los ojos cerrados notar cómo sus latidos, acompasan los tuyos.

Eso es agradecer. Así lo siento.

Y esta Newsletter va de eso. De dar las gracias, porque nunca había recibido tantas muestras de agradecimiento, de tantas personas, como las estoy recibiendo ahora.

Personas que quiero desde hace muchos años (gracias, Cris, Pepa, Lola, Alicia, Rita, Juan, Ruth…)

Personas que acabo de conocer (gracias, Mª José)

Personas que aprenden y me lo dicen (gracias, Marian)

Personas a las que siento como mis hermanas (gracias, Leles)

Personas que siento como mis hijos (gracias, Fati, Rafa)

Personas que siento como mis padres (gracias, Paco)

Personas que abrieron las puertas de su casa a un niño extranjero hace muchos años (gracias, Chuck)

Personas un poco salvajes (gracias, Jesús)

Personas que aman a los perros (gracias, Margarita, Rubén)

Personas que me aguantan y aman a los gatos (gracias, Mariola)

Personas que nunca pierden la sonrisa (gracias, Luis)

Personas que con su grandeza reconocen la ayuda (gracias, Pía)

Personas que siempre van de a dos (gracias, Vicky y Javi)

Personas que con sus comentarios alargan la vida de los escritos (gracias, Curro)

Personas con largos y cálidos comentarios (gracias, Yolanda)

Personas innovadoras (gracias, José)

Personas que arrancan con nuevas experiencias (gracias, Lula)

Personas de una fidelidad constante (gracias, Ana)

Personas de otro continente (gracias Cata, Graciela, Olga)

Personas que acaban de cumplir medio siglo (gracias, Carol)

Personas a las que he querido y pensé que habían desaparecido de mi vida (gracias, Marcos)

Personas con las que he trabajado y han abierto las puertas de sus empresas (gracias, Mari Ángeles)

Personas con las que colaboro ahora mismo (gracias, María)

Personas con hijas artistas (gracias, Carla)

Personas de las que me estoy olvidando en esta lista (gracias)

Personas… (Rocío, Luis Miguel, Joana, Daniel, Marita…)

Y personas que no dicen nada, como tú, pero sé que están ahí.

Gracias.

(escrito por un humano)

102 Los guijarros de la vida

Verás. Los cuentos infantiles son un espejo mágico que refleja algún aspecto de nuestro mundo interno.

También nos ayudan a traspasar la pesada puerta que separa la infancia de la madurez.

Es en el umbral de esta puerta donde ahora me sitúo para recordar uno de los cuentos que más impacto tuvo en la etapa más inocente de mi vida.

Puede que te acuerdes: “Pulgarcito”

Recuerdo cuando va a recoger los guijarros blancos a la orilla del río, después de escuchar cómo su padre le decía a su madre que iba a abandonar a los siete hermanos, en el bosque, ya que eran muy pobres y no podían alimentarles más.

En el camino de ida, Pulgarcito va dejando caer los guijarros que le servirán de guía para llevar a sus hermanos de vuelta a casa.

En una segunda intentona, el padre les deja más lejos en el bosque, sin darle tiempo a nuestro personaje a recoger sus piedrecillas salvadoras.  Pulgarcito se ve obligado a ir dejando por el camino miguitas de un pan que llevaba para el almuerzo.

A la hora de regresar, el pan había sido comido por los pájaros y nuestros amigos no pudieron encontrar su camino de regreso.

La historia termina con el obligado final feliz, después de un montón de peripecias.

Pienso que, en la vida, es fundamental marcar un camino a seguir, un hilo conductor que dé sentido a los pasos que tomamos en una dirección determinada.

Es importante caminar con una dirección clara; sin embargo, considero valioso cada “guijarro” que nos encontramos en este camino.

Debe ser sólido y duradero, que no le afecte la lluvia ni el viento.

Debe ser una piedra única que recordaremos en el tiempo, pues de ella aprenderemos la importancia del camino.

Las piedras del camino están unidas, hay una conexión entre ellas que es precisamente lo que nos permite encontrar el regreso a “Casa”.

Los momentos son importantes, muy importantes, los recordamos y durante un tiempo al menos perduran en nuestra memoria.

Cuando encontramos su hilo conductor, un esquema conceptual que los une dándoles un sentido propio, adquieren la cohesión necesaria para que sean entendidos como una parte fundamental en encontrar el sentido de la vida.

(escrito por un humano)

101 La curiosidad de la muerte

Verás. Hay un momento en la vida en el que la muerte planea a tu alrededor.

Tus padres están un poco más allá que acá, y a lo mejor alguno de los dos ya se ha ido.

Vas conociendo casos de cáncer en tus entornos. A lo mejor algún diagnóstico terminal en personas de tu edad.

Hablas con los amigos o con los hermanos sobre testamentos.

Y la de la guadaña va cogiendo cuerpo.

Puede que notes que, a veces, te mira de reojo.

Debería ser algo normal ¿no? La muerte no deja de ser parte de la vida. Entonces, ¿por qué estamos tan mortalmente asustados de ella?

Si realmente fuéramos creyentes, lo del otro lado suena mucho mejor que lo de éste. A no ser que te creas pecador, entonces no. Bueno, tienes eso de la confesión. Si la planificas bien, estás salvado.

A pesar de la promesa del Cielo, nos cuesta afrontar ese camino.

Yo ahí tengo pensamientos divergentes.

A veces me produce una enorme curiosidad, ¿Será cierto que pasas a otro nivel espiritual y sigues evolucionando? ¿Habré terminado mi trabajo aquí o volveré para repasar alguna asignatura pendiente? ¿Estará algún conocido esperándome?

Son preguntas que me hacen mirar a la muerte con curiosidad y altos grados de optimismo.

Eso no quiere decir que ya esté buscando un par de monedas para que me las pongan en los ojos cuando éstos se cierren.

Pero sí que hay un cierto atractivo hacia la experiencia.

Por otro lado, siento que me queda mucho por hacer.

Que mi aportación al mundo y a la sociedad empezó muy tarde, así que la balanza de dar y recibir sigue muy inclinada del lado de recibir.

Pienso que todavía no me toca subir a ese avión, aunque cada vez planea más cerca.

(escrito por un humano)

100 Visita a un ser humano

Verás. Cuando uno tiene una edad se hace pruebas para ver si todo va bien.

Si tienes pene, pues toca revisar la próstata.

Si además tienes antecedentes familiares, pues más.

Así que uno va y se hace un «PSA-Antígeno Prostático Específico»

Camino del hospital recuerdo al médico que me atendió:

Mediana edad de paso rápido, pero no presuroso; sonrisa justa, agradable por lo no exagerada y una mano firme que estrechó la mía sintiéndola.

Intercambiamos pocas palabreas, sin embargo, encontrar unos ojos que atravesando la carcasa se dirigen al ser fue la mejor medicina administrada nunca.

En mis pensamientos está: Tengo cáncer de próstata, o no.

Solo unas cuantas puertas me separan de la incertidumbre de una vida sana o la tranquilidad del que sabe su destino.

Agradezco mentalmente al doctor que sea él quien sale a buscarme a la sala de espera. Sus ojos leen en mi alma, y los míos leen en los suyos una sinceridad que me tranquiliza.

El apretón de manos incluye unas palabras sobre las actividades de unas cortas vacaciones que acaba de disfrutar con sus hijos.

Ver a la persona detrás del médico me hace sentir que estoy con un conocido, alguien con el que me puedo relacionar, que escucha, siente, disfruta, padece, vive…

Me dijo que estaba bien. Me lo dijo al principio de la entrevista, pero sin precipitación, sin perder ni exagerar la sonrisa, aceptando que el estado de salud es lo normal y no hay que alegrarse por ello.

Gracias, señor urólogo.

(escrito por un humano)

99 La esencia permanece

Verás. Uno de los héroes más antiguos de la mitología griega es Jasón.

Fue educado por un Centauro hasta que cumplió los 20 años, y a esa edad se dirigió a Yolcos para reclamar a su tío el trono que por herencia le pertenecía.

Estas cosas de reclamar tronos no son tan fáciles, así que el tío Pelias le puso una misión, a priori imposible de cumplir, como condición a su reinado:

Viajar hasta la Cólquida y traerle de allí la piel de un carnero fabuloso que había salvado la vida de uno de los antepasados del susodicho tío.

Esta piel, que era de oro, se encontraba depositada en un árbol custodiado por dos toros que arrojaban fuego por la boca y una serpiente que nunca dormía.

Lo primero que hizo Jasón fue contactar con un nutrido grupo de amigos, entre los que se encontraban lo mejor del momento: Hércules, Heracles, Orfeo, Polifemo, Castor, Euritión, Atalanta, la gran heroína rebelde… y así hasta 50 héroes que le acompañarían en su arriesgado viaje.

Ya tenemos la tripulación. Ahora nuestro héroe necesitaba un navío que estuviese a la altura, tanto de la misión como de tan ilustres marineros.

Así nació Argo. Construido de la madera de roble procedente del oráculo de Dódona, tenía los dones del habla y de la profecía.

En él partieron nuestros amigos y, como en todo poema épico que se precie, les ocurrieron un sin fin de aventuras:

Se aliaron con las mujeres de la isla de Lemnos; lucharon contra las Harpías, esos monstruos voladores con cara de mujer, garras y alas; superaron el peligro de las Rocas Azules, dos peñascos flotantes que chocaban entre si aplastando a todos los que pretendían pasar entre ellas…

Y finalmente llegaron a la Cólquida.

Jasón entonces, tirando de sus encantos, enamoró a la hija del rey Eetes, que además era hechicera, lo cual siempre es bueno para librarse de dos toros escupidores de fuego y una serpiente que nunca duerme.  

Finalmente, tras sortear tempestades, superar el asedio de las Sirenas y el ataque de los monstruos Escila y Caribdis, llegaron de vuelta a Yolcos llevando con ellos el preciado Vellocino de Oro.

Como te puedes imaginar el viaje no duró dos ni tres días y a lo largo de las intensas batallas iba poco a poco perdiendo su madera original, siendo sustituida por la de los diversos lugares por los que fueron pasando, de tal manera, que al final del trayecto, el barco que llegó se seguía llamando Argo, pero no quedaba del original ni una sola pieza.

Lo más curioso es que, a pesar de ello, no había perdido ninguna de sus propiedades.

Qué historia más interesante, ya la conocía, estarás pensando.

Si eres emprendedor o estás pensando en emprender, habrás cogido la historia al vuelo, porque eso es lo que cuesta levantar un negocio.

Esa son las mil peripecias que has vivido o vas a vivir para sacar tu proyecto adelante.

Pero recuerda el barco. Tú cambiarás, pero tu esencia debe permanecer inalterable. Ya que es tu esencia la que aporta un valor diferenciador a tu emprendeduría. (Y a tu pareja)

(escrito por un humano)

98 Un mordisco de libertad

Verás. Seguramente alguna vez, de niño, has hecho pellas.

Recuerdo las primeras pellas que hice en el colegio. No fue muy lejos, nada del otro mundo, a los billares que había en la esquina de la plaza del Niño Jesús.

Mi amigo Román y yo no tuvimos ni que cruzar una calle. Pero ahí estábamos. Yo apretando fuerte la moneda de un duro que nos permitiría jugar al futbolín y Román mirando por si se me caía.

Nuestras cabezas apenas alcanzaban a ver las evoluciones de la bola y con los mandos a la altura de la barbilla hacíamos molinillo,s gritando cada vez que nos acercábamos a la portería del otro. Pronto las diez bolas descansaban de nuevo en las tripas del futbolín.

Salimos y nos dirigimos corriendo a un descampado cercano y allí, sentados al borde de terraplén, respiramos libertad. Lejos de las miradas severas de los curas, de la tabla de multiplicar y de la lista de ríos de España, dábamos patadas a las piedras y las seguíamos con la vista cuesta abajo. Esas horas eran un mordisco de vacaciones que uno le da a su semana un martes cualquiera.

Era como un viaje iniciático por el barrio donde los aprendizajes no están en los libros y los maestros no llevan sotana.

Era una visión distinta de la habitual, las miradas de las personas eran sinceras, hoscas algunas, sonrientes otras y alguna de complicidad cuando comprendían que a esa hora era raro que estuviésemos por la calle.

Visto así puede parecer un día insignificante pero lo cierto es que casi 50 años después lo recuerdo con ternura.

Fue el primer día que pude ser yo, que pude comprobar cómo me desenvolvía por mí mismo en la vida, como gestionaba mi tiempo, que cosas me atraían y cuales no, qué me daba miedo y cómo se cumplían o no mis expectativas.

Aprendí mucho de mi barrio, pero sobre todo aprendí de mí.

Quizá, en tu día a día, necesites también ese mordisco de libertad.

(escrito por un humano)

97 La casa sin alma

Verás. Estoy vendiendo mi casa de Málaga y me da miedo que el «duende» se marche antes de tiempo.

Me explico. Las cosas tienen alma. Sobre todo, las casas, los coches… los espacios que habitamos durante un cierto tiempo.

Presta atención cuando entres en tu casa. O en cualquier casa.

Hay una energía especial. La casa nos habla, se comunica con nosotros. Cada estancia tiene una energía.

Eso ocurre cuando las casas tienen alma. Cuando las habitamos con amor y con respeto.

El problema estriba en cuando la quieres vender.

Empiezas a desapegarte, a no sentirla tuya.

Y la casa se empieza a quedar fría, pierde su maravillosa personalidad, aunque sigan allí los mismos muebles y adornos.

Pero algo ha cambiado. Tú ya no estás.

Tu cabeza está pensando en una nueva vivienda y el alma de la que tienes se apaga.

Entonces, cuando la visitan posibles compradores, lo notan.

Y la casa les dice menos, es más impersonal, está como muerta en vida.

Y cuesta más venderla.

Así que tengo que hacer lo posible por mantener el cariño, la dedicación, la entrega y el amor que le he profesado durante los años en los que la he habitado.

Así, su nuevo propietario la querrá tanto como yo lo hice.

Por si no has hecho la conexión, ocurre lo mismo con las parejas.

(escrito por un humano)