Verás. Hay un momento en la vida en el que la muerte planea a tu alrededor.
Tus padres están un poco más allá que acá, y a lo mejor alguno de los dos ya se ha ido.
Vas conociendo casos de cáncer en tus entornos. A lo mejor algún diagnóstico terminal en personas de tu edad.
Hablas con los amigos o con los hermanos sobre testamentos.
Y la de la guadaña va cogiendo cuerpo.
Puede que notes que, a veces, te mira de reojo.
Debería ser algo normal ¿no? La muerte no deja de ser parte de la vida. Entonces, ¿por qué estamos tan mortalmente asustados de ella?
Si realmente fuéramos creyentes, lo del otro lado suena mucho mejor que lo de éste. A no ser que te creas pecador, entonces no. Bueno, tienes eso de la confesión. Si la planificas bien, estás salvado.
A pesar de la promesa del Cielo, nos cuesta afrontar ese camino.
Yo ahí tengo pensamientos divergentes.
A veces me produce una enorme curiosidad, ¿Será cierto que pasas a otro nivel espiritual y sigues evolucionando? ¿Habré terminado mi trabajo aquí o volveré para repasar alguna asignatura pendiente? ¿Estará algún conocido esperándome?
Son preguntas que me hacen mirar a la muerte con curiosidad y altos grados de optimismo.
Eso no quiere decir que ya esté buscando un par de monedas para que me las pongan en los ojos cuando éstos se cierren.
Pero sí que hay un cierto atractivo hacia la experiencia.
Por otro lado, siento que me queda mucho por hacer.
Que mi aportación al mundo y a la sociedad empezó muy tarde, así que la balanza de dar y recibir sigue muy inclinada del lado de recibir.
Pienso que todavía no me toca subir a ese avión, aunque cada vez planea más cerca.
(escrito por un humano)