Verás. Es Navidad y muchas personas entran en crisis depresiva de mayor o menor nivel.
Añoran su infancia, añoran a sus padres, añoran el poder compartir con otras personas…
Es una añoranza de algo que no tienen.
Puede ser incluso la época del año que, estando con más gente, nos sentimos más solos.
Porque nos faltan las personas que están realmente en nuestro corazón.
Porque las fiestas nos obligan a dividir nuestros sentimientos por políticas familiares.
Porque dejan en evidencia lo distantes que estamos de la familia el resto del año.
Porque somos muy religiosos y no entendemos los cuernitos de alce y los gorros de Papá Noel.
O simplemente porque las vacaciones dejan en evidencia el vacío interior que queda en nuestro día a día cuando no estamos ocupados.
Y tenemos que estar con nosotros todo el día y, a veces, nos resulta incómodo.
Y… ¿hay algo más grande que estar contigo mismo? Con tu silencio, tu ritmo, tu propia compañía…
Pensar.
Soñar.
¿Con quién mejor que contigo?
La Navidad nos empuja hacia el pasado, hacia tiempos que hemos idealizado, hacia escenas que son más película Disney que realidad infantil…
Yo te propongo cambiar eso. Y mirar hacia delante.
No hacia un futuro muy lejano, solo dar un paso desde el momento presente, siendo plenamente consciente de quién eres, qué quieres, con quién lo quieres…
Y contestar a la eterna pregunta:
¿Para qué todo esto?
No permitas que la desesperanza opaque la alegría de la Navidad.
(escrito y dibujado por un humano)
