Verás. Cuando te encuentras con una persona, sea quien fuere, no es que ames a la persona,
sino que es tu amor proyectado fuera, el que tiene la capacidad de permear en el otro.
La capacidad de que el otro haga lo que quiera en cada momento, sin que tenga que justificarse ante nosotros.
Ése sería el amor infinito.
Porque tiene que estar libre de miedo, tiene que estar libre de no aceptación, tiene que estar libre de dogmatismo.
Pero jugar al juego de pensar que el otro te hace lo que tu le estás haciendo a él…
Jugar al hecho de que el otro decida que su vida es mucho mejor sin ti, o jugar al hecho de que el otro no trabaje y te deje toda la carga de trabajo a ti, jugar a lo que estás haciendo y te darás cuenta de que es insoportable y ése es el punto que tenemos que ver.
Que lo que es insoportable para ti es exactamente igual de insoportable para el otro.
Solamente con esta necesidad de ser únicos, nos encontramos aislados de ese amor.
Sólo se tiene poder cuando el amor está dentro y no está fuera; sólo se tiene prestigio cuando el amor está dentro y no está fuera.
Somos capaces de conocer solamente nuestro amor, el amor del otro nunca lo podremos conocer.
Somos capaces de expresar nuestro amor, nunca podremos expresar nuestro amor en la palabra del otro y, lo que es mucho más importante, la libertad sólo la tenemos cuando amamos libremente al que está enfrente.
La causa de la culpa está en la falta de amor.
Siempre pensamos que el otro nos está dañando, que el otro no se comporta como nosotros queremos, que el otro no está haciendo lo que nosotros buscamos o como nosotros lo buscamos.
Y, a partir de ahí, el otro es reo absoluto de la culpa y necesitamos matarle, inmolarle, asesinarle, destruirle, condenarle, llámalo como quieras.
(escrito y dibujado por un humano)
