Verás. Hay películas que uno debe ver casi obligatoriamente.
Esta es una de ellas (otra es American Beauty, pero esa la dejo para otro día): Gran Torino, del gran Clint Eastwood.
Hazme caso, aunque no te guste ver pelis, haz un esfuerzo.
Bocanadas de enseñanzas de vida.
Si no la conoces puedes verla esta noche y lees el post mañana.
En la peli, el protagonista (Kowalski = Clint Eastwood) pierde a su esposa.
Una esposa que ha tenido tapado a su líder.
En el momento en el que ella se va, se ve obligado a relacionarse con el mundo y lo que era un “no puedo” se convierte en “puedo” y para lo que “no valgo” se convierte en “valgo” y para lo que piensa que no tiene ningún sentido, se convierte en el sentido de su vida.
(Este puede ser el momento de investigar quién es la “espos@ en tu vida)
Kowalski se convierte en el maestro, en el director, en el mentor… esa es su función.
Se da cuenta de que mas allá está un amor tan profundo en el que, de pronto, comprende que su familia es el mundo, no es él.
Y entiende que necesita el mundo, y se da cuenta de que el mundo necesita limpieza, el mundo necesita quitar las bandas que anulan la vida, el mundo necesita que la sociedad sea distinta… y ahí emerge el líder.
Por eso hay que quitar el “tapón” cuanto antes.
Kowalski no sabía que tenia vecinos, se lo tenia todo resuelto su esposa, y eso le estaba impidiendo ver su objetivo.
Y luego ese mundo de ternura que tienen ciertas personas que sólo lo pueden expresar a los animales, porque los seres humanos les dan miedo.
Es otro momento mágico ver cómo quiere a su perra, para darnos cuenta de que la perrita detiene también el que se relacione con el mundo.
Walt Kowalski va forjando y sacando el liderazgo de Thao, que es el mismo que el suyo.
Es como si redimiera su falta de liderazgo interno en la vida y juventud, rescatando y enseñando a Thao a cómo hacerlo.
Aprendo que no es necesario que nos ocurran cosas dramáticas para poder llegar a evolucionar y funcionar con nuestro líder interno.
Tenemos las dos cosas: la muralla y lo que no queremos perder; lo que no queremos dejar atrás en el camino y para lo que, precisamente, creamos la muralla.
Puede ser una persona, un lugar, una casa, el dinero…
Y surge una tercera cosa, una petición de liderazgo externa, una llamada al liderazgo de tu vida.
(escrito y dibujado por un humano)
