Verás. Para decir lo que queremos decir no hay que ser inteligentes.
Lo que hay que tener es decisión y la capacidad de ir a la tarea.
Y para ir a la tarea hay que ser concreto.
Podemos no ser muy inteligentes, podemos ser alguien que no hemos leído ni escrito en la vida, y sin embargo tener una capacidad intelectual innata y no desarrollada.
Solo necesitamos la capacidad de decir qué queremos, a quién se lo queremos decir, y qué es lo que nos ha hecho elegir eso que estamos diciendo en un instante.
Por otro lado, hay personas muy instruidas que tenemos una gran dificultad para ser concretos, porque divagamos en un mundo de expectativas miles.
Somos esas personas que queremos hilar todo lo que tenemos dentro y acaba siendo todo un poco espeso.
La concreción hace que cuando has empezado un camino, no puedes ir hacia atrás.
Y, vale, hay una pérdida de profundidad, sin embargo, a veces hay necesidad de que estemos enfocados a la hora de comunicarnos.
Como diría mi amigo Curro, lo primero en comunicación es saber qué quieres conseguir con ella (o a través de ella)
Si lo que quieres ganar es al otro, que te quiera y te acepte, la concreción es menos importante y eso es cosa de la persuasión.
La persuasión es muy útil, pero no debemos olvidar la importancia de la concreción.
Es como si la persuasión nos llevara a algún sitio, pero es la concreción la que nos pone en camino.
Si nosotros queremos ir a un lugar, decimos a la persona a dónde vamos a ir y luego, ya en el camino, la entretenemos.
Pero si no ha habido concreción puede ser todo una gran manipulación.
La parte más importante de la concreción es que el otro es un mero receptor de tu información.
No estás diciéndole de qué vas a hablar para que participe y opine, si no que le vas a decir: yo voy a hablar de esto y esto es lo que voy a decir.
Así la persona puede decidir si va contigo o no.
Cuando convocas una reunión vas a hablar de lo que tú quieres, si no lo tienes claro, acabarás hablando de lo que quiere cualquiera.
Una persona concreta es alguien totalmente comprometido, porque cuando ya ha dicho algo, ya no puede retractarse.
Por eso nos cuesta tanto ser concretos.
(escrito y dibujado por un humano)
