Verás. Nos estamos pasando siete pueblos.
Ya no es que crucemos líneas rojas, es que ya no existen.
Por lo visto, los grandes multimillonarios: Musk, Thiel, Armstrong, están invirtiendo millones de dólares.
En biotecnología.
Específicamente en start-ups que se especializan en edición de embriones.
Antes investigaban para la detección de enfermedades como fibrosis quística, la enfermedad de Huntington… en los embriones.
Pero ahora se ha escalado la cosa a otro nivel.
Tratan de diseñar bebés con criterios de inteligencia, apariencia y personalidad.
Si con la IA jugamos a ser dios, con esto le queremos suplantar directamente.
La cosa se llama eugenesia: la capacidad de elegir ciertos rasgos para crear seres humanos mejorados.
Vamos pasando de la manipulación de nuestras fotos de TikTok para parecernos a bellos influencers, a manipular el ADN para que ya salgamos así.
No sé de donde viene el término eugenesia (ni me apetece investigarlo) pero es escalofriantemente parecido a eutanasia.
Por algo será.
Pero no estamos matando personas, estamos acabando con almas.
Estamos matando la aceptación de la vida y de las personas tal cuál son en aras de que sean perfectos (de acuerdo con nuestros estándares de perfección)
Buenos, guapos y listos.
Pasamos de la carrera armamentística, a la carrera tecnológica, a la carrera evolutiva… a la carrera de la inconciencia.
Y, como repite mi amigo Pablo Melchor, por ejemplo, con solo 2 dólares/año por niño podemos proveer de vitamina A, a los más de 300.000 niños que sin ella quedarán ciegos y su esperanza de vida será de 12 meses. (solo una pincelada de lo que hay por el mundo)
Queremos arreglar la perfección de unos pocos no mirando la imperfección del mundo.
Triste final nos espera.
(escrito y dibujado por un humano)

Un comentario en “349 Siento amargarte el domingo”