Verás. He leído un artículo sobre el liquen y ha sido una clase maestra sobre la vida.
Porque lo líquenes saben muchas cosas de las que vamos aprendiendo con el tiempo.
Los líquenes son en parte algas y en parte hongos, con una pizca de bacterias: tres reinos de la vida en un solo organismo. (Simbiosis, una palabra que la deberíamos escribir siempre en mayúsculas)
Y no luchan por el dominio, sino que colaboran para convertirlos en una de las formas de vida más resistentes de la naturaleza.
Primera lección: las raíces están sobrevaloradas.
Ellos ni las tienen ni las necesitan.
Transforman la luz solar en azúcar, utilizando su parte vegetal para la fotosíntesis y su parte fúngica para desarrollar unas estructuras que les permiten adherirse a casi cualquier superficie extrayendo humedad y nutrientes del aire.
Lección dos: los líquenes no parasitan a los organismos sobre los que crecen, sino que solo los utilizan como sustrato y a menudo contribuyen a la salud general del ecosistema.
La tercera: Cuando las condiciones ambientales se vuelven adversas, los líquenes pueden detener su metabolismo durante meses, años e incluso décadas. Sobreviven en entornos radiactivos entrando en un estado de latencia.
Cuarta lección: No necesitan pareja para ser plenos.
Se reproducen asexualmente, dispersando diásporas que contienen un puñado de células de cada uno de sus reinos internos o simplemente desprendiéndose de fragmentos para desarrollarse en nuevos organismos.
Quinta: Dejan el mundo mejor de como lo encontraron.
Los líquenes enriquecen el suelo de los desiertos, estabilizan las dunas y transforman la piedra en tierra fértil a lo largo de su extenso ciclo vital.
Sexto aprendizaje: Tienen mucha paciencia con el transcurso de su vida.
Son de los seres vivos más antiguos de la Tierra y crecen a un ritmo pausado de menos de un milímetro por año.
Y, además de todo esto, son la vida que continua sobre la tumba de los muertos.
(escrito y dibujado por un humano)
