Verás. Llevo varios días con esta palabra en la cabeza.
La primera vez apareció cuando estaba en el coche, parado en un semáforo.
Esperando para cruzar había un hombre mayor, desaliñado, vestido con ropa desgastada y de una talla más grande que la suya.
Alto, de tez oscura y una barba rala de varios días.
Sus ojos clavados en el muñequito del semáforo.
Cuando este se tornó verde empezó a caminar y su mirada se perdió en algún punto inexistente frente a él.
Y ahí me llegó la palabra:
Misericordia.
Es una palabra que me supo a antiguo y con regusto a iglesia, así que me puse a investigar.
Empiezo por lo fácil, por la RAE:
1 «Virtud que inclina el ánimo a compadecerse de los sufrimientos y miserias ajenos»
2 «Pieza en los asientos de los coros de las iglesias para descansar disimuladamente, medio sentado sobre ella, cuando se debe estar en pie»
Miro dentro y la primera acepción, la típica, no resuena en mí.
No sentí compasión, ni piedad, ni conmiseración por el hombre (ni por mi)
La segunda, sin embargo, si me tocó.
La parte de descansar disimuladamente cuando se debe estar de pie.
En palabras más modernas: escaquearse de la obligación que uno tiene.
El señor del semáforo sentía mi ser que se estaba escaqueando de la obligación de ser feliz, de amar la vida, de mirar con foco a un futuro ilusionante.
Yo también.
Yo también parezco estar de pie y me recuesto en la comodidad de lo conocido, y no lo doy todo, aunque parece que sí.
Voy a levantar el culo.
¿Te apuntas?
(escrito y dibujado por un humano)
