Verás. Cuando tenía 17 – 18 años, soñaba con transformarlo todo (a lo mejor tú también)
Soñaba con hacer cosas diferentes a las que hacía mi padre.
Ahí estaban todas mis ilusiones de cambiar el mundo.
Luego, el trabajo me compró con resultados económicos y todo eso quedó sepultado.
Entra en nosotros el código de la responsabilidad: si no ganamos, eso no es posible.
Cuando empezamos a pensar que no podemos hacer rentables nuestros sueños, los abandonamos.
Lo malo es que en esos sueños está escondido el diamante de nuestros éxitos.
Lo que somos encierra millones de partículas, de quimeras, algunas realizables y otras no.
Las que son realizables son las que permanecen como una llamada permanente en nuestro interior.
Con el paso del tiempo alguien me dio un consejo que comparto contigo:
«Busca lo que es realizable, busca la ilusión que hay detrás de eso, y haz un esfuerzo para conseguirlo.
Tienes que ponerte en tus sueños.
Que la realización es aprender técnicas.
Que la ilusión tiene que ser compartida porque si no es una ilusión vacía.
Que las palabras tienen un significado plural y conocido para todos.
Y que llegar a un sitio requiere una lucha, que es saber para qué sirve.»
Para ser visionario hay que ser realizador, hay que tener ilusiones, hay que ser palabras con significado y, por encima de todo, hay que saber que hay que luchar.
Y nos debemos cuestionar permanentemente qué es lo que queremos hacer.
Es fundamental pasar al mundo de la realidad las cosas que son irreales.
Eso es ser creativo: saber que hay que aprender cosas.
Poner a tu disposición los medios que hay para llegar a tu ilusión.
(escrito y dibujado por un humano)

Menos mal que aunque te comprara el trabajo en tus inicios, has acabado haciendo algo (bueno, mucho) que se te da francamente bien y que deleita a los que te leemos.
Graciasss;-)
Abrazo
Susana
Enviado desde mi iPhone
Qué amable eres Susana. Un abrazo¡¡