Verás. El psicoanalista francés Didier Anzieu desarrolló el concepto de «yo-piel»
Una metáfora de la piel como algo que separa el mundo interno del externo y que permite la construcción de una identidad.
Según Anzieu, la piel es la interfaz donde se produce el intercambio de sensaciones entre la madre y el hijo.
El yo piel tiene dos componentes: uno corporal y otro psíquico.
El primero es sensorial y sobre él se estructura el segundo, que da acceso a la identidad.
Esa es la función de los muros de tu vivienda.
La parte exterior de este muro sería el «yo corporal» y el lado interior sería el «yo psíquico», que refleja tu experiencia existencial.
Lo exterior es la pantalla protectora contra el miedo que te produce lo que se encuentra fuera, los elementos, lo desconocido.
La parte interior es como un lienzo sobre el que proyectas tu personalidad a través de sus colores, cuadros, espejos, decoración, papeles pintados, etcétera,
en un intento de reflejar quién eres.
Cuando ocupas una casa por primera vez, abarcas un lugar en el mundo y estableces un intercambio con él.
Las ventanas serían los elementos donde se incorpora lo externo a lo interno, lo propio, permitiendo la comunicación entre estos dos espacios.
La entrada es el umbral de paso del mundo exterior al interior.
Aquí se viven los primeros impactos.
Te encuentras a la vez con un espacio nuevo, con una persona nueva (todos somos nuevos cuando llevamos un tiempo sin vernos) y unas palabras que pueden ser o no las apropiadas para el momento.
Esta entrada también cumple con la función de salida, al ser el lugar de las despedidas y la última impresión que se llevan los visitantes cuando se marchan.
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(escrito y dibujado por un humano)
