316 Introyección

Verás. Hoy es domingo y quizá estés leyendo esto en tu casa.

¿En qué lugar te encuentras?

En el dormitorio, en el salón, en el baño, en el cuarto de estudio…

¿Es tu sitio de lectura habitual?

Levanta un momento la cabeza y echa un vistazo a tu alrededor.

¿Qué objetos, muebles o elementos decorativos te llaman la atención?

¿Podrías explicar por qué? ¿Los adquiriste tú? ¿Son regalos? ¿Los has heredado?

¿Cuál es la habitación de tu casa que más te gusta? ¿Hay alguna que casi no pisas?…

La última pregunta: ¿te gusta tu casa?

Tienes, como todo ser humano, una serie de vínculos psicológicos con el espacio en el que habitas, así como —en un sentido más amplio— con tu pueblo o ciudad, tu barrio, tu país…

A veces eres conscientes de ello y a veces no.

Me voy a centrar en los vínculos con la vivienda.

En virtud de ellos te peleas a muerte con tu pareja por un sofá, tus hijos adolescentes defienden casi con sus vidas la decoración de sus habitaciones

o te gastas un dinero que no tienes en cambiar el suelo del apartamento que acabas de alquilar.

Tu relación con el hogar es una puerta de vaivén: tú proyectas sobre el entorno tu personalidad, emociones, creencias, valores,

y el entorno te transforma como persona, un mecanismo que en psicología se denomina «introyección».

Esta proyección a veces choca con la de la persona con la que convives, y de ahí surgen las grandes peleas sobre si la mesa del comedor es la adecuada o no.

Es una lucha que va más allá de la estética: en ella interviene de manera poderosa el inconsciente de ambos.

Modificas el ambiente y este te modifica a ti; cambia tu personalidad y afectará a tu toma de decisiones.

Aquí puedes seguir leyendo:

(escrito y dibujado por un humano)

Avatar de Desconocido

Autor: Jon Elejabeitia

Cofundador NNexa. Arquitecto

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