315 El equilibrio

Verás. En la vida buscas un constante equilibrio: entre lo privado y lo público, entre tú y tu pareja, entre lo interior y lo exterior, entre el trabajo y la familia.

Un equilibrio emocional que no es fácil de conseguir.

Tu casa es una balanza más a equilibrar, y es fundamental: si una de las tres patas que sujetan tu vida —lo profesional, lo personal y lo trascendente— falla, las otras se tambalean.

En la vida personal, tu pareja cubre un porcentaje muy alto en tu grado de felicidad;

con ella, la casa puede convertirse en el espacio perfecto para enmarcar la relación o en el escenario de una tragedia shakesperiana.

Tarde o temprano llega ese interesante momento en el que compartes casa con alguien, generalmente tu pareja.

¿Qué ocurre entonces con la energía, con la mezcla de hogares de la infancia, con la intimidad, los gustos y los anhelos de ambos?

Crear hogar con otra persona es un proceso.

Es una negociación hacia el bien de ambas partes. Es un dar y recibir, un soltar y tomar hasta que el equilibrio llega (si es que llega)

La clave del éxito es la comunicación, el compromiso y valorar al compañero o compañera por encima de objetos o recuerdos.

Tu personalidad es un fluir cambiante y adaptativo que, en armonía con otro, te puede llevar a los cielos, así como la desarmonía puede conducirte a los infiernos.

Si el lugar donde vives no refleja tu yo más profundo, tarde o temprano querrás abandonarlo.

Recuerda que tú eres tu casa, y ¿qué ocurrirá si no ves ese reflejo?, ¿cómo te sentirías si al mirarte al espejo en vez de contemplar tu cara vieras la de tu pareja?

En primer lugar, te preguntarías: ¿Dónde estoy yo?

Si esto es así, hay dos caminos a seguir:

o hablas con el otro para revertir la situación

o acabarás buscando un lugar que sí te represente, en el que, cuando busques tu reflejo, lo encuentres; un lugar al que puedas mirar y verte a ti.

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(escrito y dibujado por un humano)

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Autor: Jon Elejabeitia

Cofundador NNexa. Arquitecto

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