Verás. Una mujer sabia me dijo una vez:
Cuida cada palabra, pues nunca sabes el pasado de quien la recibe, y puedes hacer mucho daño.
Un comentario, una inocente broma, incluso una solitaria palabra, puede tocar una herida que no acabó de cerrar.
Y el daño está hecho.
Y ya no se puede ir hacia atrás y borrar lo dicho.
Estando totalmente de acuerdo con esto, yo añadiría algo más.
Cuida tus acciones, pues también pueden remover pasados que no han cicatrizado del todo.
Y así, un acto sin aparente trascendencia puede ser también fuente de tristeza, dolor o pesadumbre.
Y eso se suele transformar en que la persona que lo recibe opte por dos caminos: huir o atacar.
El dolor busca su alivio en la expresión interna de enfado o ira.
También la persona puede decidir huir hacia dentro, hacia el silencio.
Hacia un aislamiento donde digiere lentamente.
Te preguntarás, a lo mejor, que entonces no se puede hacer ni decir nada delante de otros.
Ese es un pensamiento que te intenta evadir de la responsabilidad de ser delicado, de pensar en el otro, de tomar conciencia de tus actos y de tus palabras.
En la vida tenemos muchas vivencias, y muchas de ellas son dolorosas.
A veces creemos que ya pasamos página, y algo externo nos recuerda que no.
Que un hilo de sangre sigue manando de la herida.
Y ocurre lo que ocurre para que la cerremos definitivamente.
Pero, como con las heridas físicas, duele el cauterizarlas.
Alivia pensar que no hay maldad en el otro.
Solo inconciencia.
(escrito y dibujado por un humano)
