310 La extensibilidad absoluta

Verás. Lo primero que ves en una casa es su geometría, racionalizas y analizas lo tangible.

De la misma manera que cuando te presentan a alguien por primera vez, tu mirada se posa en lo físico, su género, su ropa, su pelo…

para luego entrar, casi al instante, en su personalidad, su energía… cuando las miradas se cruzan.

Antes de penetrar el lado humano de la casa te detienes en su aspecto constructivo.

Su realidad visible.

Luego sientes su lado humano, su calor, su confort, si te acoge o no.

La casa pasa a ser un espacio de consuelo, de intimidad, donde es posible ver hasta lo que uno no quiere; es el punto donde la geometría trasciende.

«Mi casa es diáfana, pero no de vidrio.

Es más bien de la misma naturaleza que el vapor.

Sus paredes se condensan y se relajan según mi deseo.

A veces, las estrecho en torno mío, como una armadura aislante…

Pero otras, dejo que los muros de mi casa se expandan en su espacio propio, que es la extensibilidad infinita»

¿De quién habla Spyridaki sino de sí mismo?

Él es su casa, y la ve según se siente en cada momento:

más libre y relajado o atrapado en un corsé emocional que le oprime.

A veces nota que está encerrado y limitado por su propio cuerpo, y otras, libre, en contacto con el espíritu infinito de su ser.

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(escrito y dibujado por un humano)

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Autor: Jon Elejabeitia

Cofundador NNexa. Arquitecto

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