Verás. La idea de construir una casa está inculcada en el inconsciente colectivo de tal manera que es muy raro no haber fabricado alguna de niños:
una cabaña, un escondite remoto en las ramas de algún árbol o una simple alfombra sujeta entre dos sillas han servido de refugio, guarida y casa dentro de la casa.
Cuando eres niño, estás haciendo algo mucho más importante que manipular una alfombra o juntar un montón de ramas;
estás iniciando un proceso creativo que te va a revelar algo de tu persona.
Estás aprendiendo de ti mismo a través de la manipulación física del entorno.
Dando una vuelta más de tuerca, esas primeras construcciones representan el descubrimiento de tu propio ego, separado del de tus padres, hermanos y resto de la familia.
Son tus primeras tentativas en la experiencia de habitar, de apropiarte de un sitio especial para ser tú mismo y proyectarte en él.
Es una suerte de independencia emocional que necesitas para salvaguardar tu preciada intimidad.
Si tienes la oportunidad, haz una visita a la casa de tu infancia e intenta recorrer en soledad sus distintas estancias.
¿Qué sientes?
Déjate ir, cierra los ojos a ratos y respira ese olor que a lo mejor te transporta a otro tiempo, a otra escala de las cosas donde todo era más grande, más inocente y nuevo.
Si puedes, visita también el hogar donde crecieron tus padres o tus abuelos, y quizá te ayude a entenderlos mejor.
Si has heredado la casa familiar, ¿qué has hecho con ella?,
¿la has renovado totalmente o la has preservado tal como estaba?
Quizá hayas mantenido algunas habitaciones y otras no.
Estudia esas decisiones e intenta comprender qué te llevó a tomarlas.
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https://www.edaf.net/libro/yo-soy-mi-casa_165487/
(escrito y dibujado por un humano)
