Verás. Están los ideales… y lo otro.
Al igual que tenemos ideales, tenemos también en nosotros contraideales.
Los ideales nos nutren para el desarrollo y el crecimiento, y los contraideales son todos los elementos con los que nos boicoteamos para no cumplir nuestros ideales.
Es decir, lo que nosotros mismos usamos contra nosotros como represalia.
Son la consecuencia de tener una creencia negativa sobre nuestro ideal (creencia que también hemos heredado)
¿Heredado?
Así es, aquí aparecen (una vez más) nuestros padres.
Imagínate una situación en la que un padre nos ha enseñado a tener mucho cuidado con el dinero.
Y el otro nos ha enseñado a gastarlo sin miramientos.
Habrás copiado a uno de los dos progenitores y así moverás el dinero en tu vida.
Puede que tengas pareja y ella mueva el dinero como el otro. Y estalló el conflicto.
Tienes que darte cuenta de que traes una información interna que has aprendido en tu familia, y que no puede corregirnos nadie de fuera.
Solo la puede corregir el aprendizaje personal.
Por otra parte, en tu interior libras una batalla entre tus ideales y tus contraideales.
Ahí va un ejemplo de contraideal:
Sabes que la hipocondría no es buena.
Pero, de vez en cuando, das rienda suelta a tus obsesiones hipocondriacas para no llevar a cabo tus ideales, sean los que sean.
Porque la hipocondría te obliga a estar obsesionado todo el día con las enfermedades y los médicos.
La dificultad estriba en que ni los ideales ni los contraideales pueden modificarse.
Te preguntarás que, entonces, para qué te cuento todo esto.
Bueno, lo que sí puedes hacer es consensuar para que la rigidez y la laxitud no se apoderen de ti.
Para que seas firme y flexible.
Contigo y con los demás.
¿Qué es aquello que no puedes dejar de hacer a pesar de que sabes que no es positivo para ti?
(escrito y dibujado por un humano)
