Verás. Damos por sentado lo que vemos.
Pasamos la mirada por encima de todo, cosas grandes como una torre, o pequeñas como un bolígrafo.
Eso está bien hacerlo cuando somos niños, que miramos al mundo como si todo siempre hubiera estado ahí.
Pero, fíjate, cada edificio, cada papelera, cada zapato… todo ha sido pensado y diseñado por alguien.
Yendo un poco más allá, lo que vemos ha partido de alguien que ha decidido darlo todo.
Alguien que ha creído en una idea y, a lo mejor, era el único que creía en ella.
Y aún así, ha levantado una financiación, ha conseguido licencias y permisos, ha pasado horas luchando contra la administración, con los vecinos, para finalmente poder abrir…
Ahora nos sentamos en la mesa del pequeño restaurante de Chueca y no nos damos cuenta de todo lo que ha tenido que pasar su dueño para levantarlo…
Y sobrevivir.
Las bellas lámparas que cuelgan del techo están pegadas con sudor de emprendedor.
Quizá dejó su trabajo estable en Telefónica.
Quizá el estrés, los bancos y la reforma le costó la pareja.
Puede que sus amigos le apoyaran… o puede que no.
Lo que es cierto es que un día tuvo una idea.
Irracional para todo el mundo, menos para él.
«¿Otro restaurante en Chueca?»
Los negocios, los edificios, la ropa que llevas puesta…
No son como los ríos, las montañas o los mares. No siempre han estado ahí.
Alguien, con una dedicación seguramente irracional, ha conseguido que los podamos disfrutar.
Ese restaurante no tenía por qué existir, pero alguien forzó su existencia.
Detrás de cada éxito, aparentemente conseguido sin esfuerzo, se esconde un paisaje de batallas invisibles.
Si eres emprendedor, ¡gracias!
(escrito y dibujado por un humano)

siii, gracias!!!
y a ti, querido Jon, por recordarlo y además de forma tan bonita;-)
Abrazo,
Susana