Verás. Las situaciones de la vida siempre nos enseñan algo.
A veces la dificultad estriba en saber cuál es, específicamente, la lección.
Me explico.
Sábado 30 de agosto. Mi hija se ha comprado una moto con eso del leasing y la va pagando todos los meses.
Es su primera moto.
El caso es que vamos a recogerla a Torrejón de Ardoz (a 20 km de Madrid)
Llegamos a la nave y allí solo está la persona de seguridad.
Nos cuenta que el comercial que debería haber llegado para entregar la moto no ha aparecido.
Mi pensamiento: vale, lo acepto, volveremos el lunes.
El pensamiento de Blanca: a mí me han dicho que la moto me la entregaban hoy y la quiero ahora.
El caso es que después de 45 minutos de llamadas a Barcelona, hablar con otro comercial, insistir en el compromiso que adquirieron…
Consigue llevarse la moto.
Llegó a Madrid feliz y, mientras comíamos me preguntó si no debería haber aceptado la situación y que quizá la vida le estuviera diciendo que no era el momento de llevarse la moto.
Ahí es donde radica la dificultad (a veces) de entender los aprendizajes.
Le dije que la vida suele enseñarnos en positivo y con algo de miga detrás.
Lo primero que vi fue su cualidad. No se enfadó con la situación, pero insistió hasta conseguir lo que quería: persistencia.
Le dije que ese era el aprendizaje: poner en valor su persistencia.
Pero hay algo más. Y le pregunté:
¿Eres persistente en otros aspectos de tu vida?
«En el trabajo, sí»
La vida te enseña persistencia porque hay algún aspecto de tu vida en el que no la estás utilizando.
Por ejemplo, dejar de fumar (yo, aprovechando el filón, claro)
Si aplicaras tu persistencia en eso, también lo dejarías.
Así que, mientras acababa su flan con nata, reconoció que en lo personal esa cualidad se desvanece.
Bueno, le dije, ya sabes que la tienes, ahora depende de ti si la quieres utilizar o no.
(escrito y dibujado por un humano)

MAGNÍFICA manera de tratar el asunto, ambos!, GRACIAS por compartirla, me ha encantado!!
Abrazo
Susana
Gracias Susana¡¡