Verás. En verano compartimos mucho tiempo con la familia.
Tenemos a los hijos 24 horas y a la pareja otras 24.
Y es probable que surjan conflictos.
Las causas reales de los conflictos pueden ser variadas:
La desconfianza con uno y con los otros,
expectativas en la relación,
justificación de los errores propios culpando a los demás,
deseo de admiración por errores que nos parecen inaceptables en otros,
visión ilusoria de lo que nos gustaría ser que no somos…
El conflicto es como una ensalada y tiene sus ingredientes:
crítica personal no real con cariz de hipocresía,
creencia en valores propios que no son refrendados por los hechos,
lo que no aceptamos en el otro es lo que nos permitimos y disculpamos,
lo que le exigimos es lo que creemos que somos incapaces de dar,
pensamos que el otro no tiene que hacer esfuerzos…
Vale, seguro que a estas alturas te has identificado con algunas de estas cosas (espero que no con todas)
Así que, para salir de ahí, lo primero es reconocer que esperamos que el otro vea algo, y que ese algo es superior o inferior a lo que nos decimos.
¿Qué tal si damos lo que esperamos que el otro dé?
Si pensamos que podemos hacer algo igual que otro, hagámoslo.
Aceptemos que, si hasta la fecha no hemos demostrado lo que pensamos, hay algo que aprender que no queremos.
Por último y más importante: no paremos el ritmo de los otros para no quedar en evidencia.
(escrito y dibujado por un humano)
