Verás. Me encanta escribir sobre la unidad.
Y es bonita la metáfora del libro donde cada uno somos una letra, que conforma una palabra, y juntas una frase y se va escribiendo entre todos la poesía de la vida.
Sin embargo, el mundo está construido de parcelas.
Unas parcelas que nos hacen estar totalmente separados.
Parcelas donde hemos sentido la necesidad de tener.
La necesidad de tener para nosotros.
Momentos donde necesitamos gustar, que el otro nos encuentre atractivos.
Y también momentos donde vamos aprendiendo y lo que conocemos nos hace a diferentes.
Y sentimos que esa separación constituye una defensa que nos permite estar en un lugar donde nos sentimos seguros.
Parece así que somos enemigos de nuestra felicidad.
No deja de ser paradójico en este mundo globalizado e hiperconectado, donde la intimidad va perdiendo su significado.
Por un lado, se han roto unos niveles externos de separación,
Por otro lado, el troglodita interno sigue dibujando fronteras, y sigue culpando a otros por transgredirlas, y ataca,
y la delgada frontera se convierte en un foso casi imposible de cruzar.
Parece como si el restar tuviese más valor que el sumar.
Parece que la diversidad resta.
Parece que los grises se van desvaneciendo y el mundo ya solo va teniendo dos colores opuestos.
Y, me temo que, si seguimos así, solo quedará un color:
Un color rojo que va tiñendo más y más el planeta.
Y no nos damos cuenta de que el rojo de tu sangre es igual que el rojo de la mía.
(escrito y dibujado por un humano)

Qué acertado!! … como siempre 😉
Abrazo
Susana
Gracias Susana, espero que estés teniendo un gran verano¡