Verás. Cuando algo sale mal o, mejor dicho, no sale de acuerdo con nuestras expectativas, buscamos un culpable.
A veces es el tiempo, el calentamiento global, el tráfico…
Pero casi siempre nuestro dedo acusador apunta a una persona: el presidente del gobierno, el compañero de trabajo, uno de los padres…
Y si nos enfadamos con frecuencia, empezamos a odiar a los seres humanos en general.
Porque no piensan como nosotros, porque no sienten lo que nosotros sentimos, o porque hacen cosas que no nos gustan.
Y entramos en un injusto desamor.
Injusto porque solo las personas pueden apaciguar tu alma.
Solo las personas tienen la capacidad de verte como eres y, aun así, amarte.
Solo las personas sienten compasión, empatía, bondad…
Solo las personas, con unas pocas líneas en un WhatsApp o un correo, pueden decirte muchas cosas:
Que están a tu lado, que te quieren, que cuentes con ellos, que te sienten.
En el post de ayer plasmé lo duro de una decisión.
Y las personas, tú, me enviasteis mensajes que me consolaron, y me hicieron mirar hacia delante,
Y me dibujaron un futuro en el que quiero estar.
Porque es el que he elegido.
Y porque estás ahí.
Gracias.
(escrito y dibujado por un humano)

👏👏👏😘😘😘
Abrazo
Gracias querido Jon por ser un mentor de vida con todo el peso que eso conlleva. Te quiero infinito!
Gracias a ti Alicia, por tu entrega, constancia y fidelidad 🙂