Verás. Me sigue sorprendiendo la vida que hay dentro de las cabezas con las que me cruzo por la calle.
Espera, déjame que me explique, que parece que somos replicantes y solo hay vida en algunas cabezas.
Lo que quiero decir es que me impresiona el universo tan grande que cabe dentro de un espacio tan pequeño, entre nuestras orejas.
Es un lugar donde habitan los recuerdos, las preocupaciones, el beso que nos dio esa niña cuando éramos pequeños…
el amor, el miedo, el rencor, la culpa, la felicidad…
Ahí están nuestros padres, nuestros dolores, alegrías y amarguras,
Todo nuestro abrupto pasado.
Y también está nuestro futuro, nuestros sueños, anhelos e incertidumbres.
Me cruzo en mi pasear con esas cabezas y miro con profundidad las pequeñas ventanas que me permiten observar dentro.
Y veo el contraste entre la forma exterior y el sentimiento interior.
Una forma exterior que puede ser banal, formal, dura, despreocupada o superficial.
Pero, dentro, a través de los ojos puedo ver la luz, en muchas ocasiones escondida, tímida, con miedo a salir.
Pero la veo. Y la veo en todos. Eso es lo que nos hace iguales.
El universo interior guarda aquello que nos aporta o que nos hace daño. El exterior, aquello que nos separa con la crítica.
Nosotros decidimos.
Más allá de ese punto está tu verdadero ser. Ese que se ve a través de los velos,
y es ahí donde reside la verdadera empatía, aquella que nos iguala,
desde dentro.
(escrito y dibujado por un humano)
