Verás. Los estudiosos estiman que aproximadamente el 80% de la información que percibimos del entorno, entra por la vista.
Así que la vista nos permite percibir el mundo, tener una mayor compenetración con los objetos y las personas.
La vista abre las puertas a lo que nos rodea y nos permite conocer lo que nos resulta afín y lo que no.
Pero, sobre todo, nos permite experimentar nuestra capacidad de aceptar la diversidad y convivir con ella.
Podemos decir que toda esa información que obtenemos pasará por los filtros de lo que nos gusta y de lo que no.
Eso convierte a la vista en el primer filtro para la crítica y el juicio.
Lo que nos resulta próximo, lo que no es ajeno, y la capacidad de convivir con ello.
Pero sobre todo la vista es la que define el entorno en el que nos movemos.
Es la puerta que se abre o se cierra al presente porque nos recuerda un pasado de cuyas imágenes nos nutrimos para dar rienda suelta a las nuevas vivencias.
La vista está conectada a la templanza.
Esa la virtud moral que regula la atracción por los placeres, y procura el equilibrio en el uso y disfrute de los bienes creados.
La templanza asegura el dominio de la voluntad sobre los instintos y mantiene los deseos en los límites de la honestidad.
Como todo, la vista también tiene su lado oscuro, en forma del rechazo y la cólera.
En la medida en que no nos miramos dentro, vamos perdiendo la vista hacia fuera.
Si hay oscuridad interior la luz no pasa, y vamos perdiendo la vista hacia fuera precisamente para poder concentrarnos en la mirada interior.
La vista te permite decidir cómo hacer las cosas.
Cuanto más limitada, habrá menos innovación y creatividad.
(escrito y dibujado por un humano)
