Verás. Vivimos en un mundo de 3 dimensiones.
Pero, como mínimo, deberíamos ser capaces de ver dos.
Me explico.
De la misma manera que los vinilos tenían su cara A y su cara B, cualquier situación en la vida tiene, al menos, esas dos dimensiones.
Por ejemplo,
Mi amiga Virginia se va de viaje a Sevilla con otra persona y, pierden el AVE de regreso a Madrid.
Primera dimensión (suele ser por la que optamos casi siempre) «Hemos perdido el tren porque hemos salido tarde del hotel. Si hubiera venido sola habría salido 1 hora antes, como a mí me gusta»
Segunda dimensión: «Debería haber salido cuando yo pensaba salir y que me da paz. Mi amiga lleva su ritmo y yo el mío»
Tercera dimensión: «Acepto que estas cosas pasan, la vida está llena de incertidumbres y hay que adaptarse a lo que ocurre»
Y podría seguir escribiendo dimensiones.
La diferencia entre ellas es el aprendizaje.
En la primera culpo a mi acompañante y no aprendo nada.
En la segunda aprendo a comunicar lo que me da paz y está alineado con mi forma de ser y lo aprendo para la siguiente ocasión. (No juzgo a mi amiga)
En la tercera no pierdo la paz y acepto.
La pregunta es ¿Para qué elijo la primera dimensión y la valido como si fuera la única?
Respuesta: Hay un culpable fuera (que no soy yo) responsable de los males del mundo.
Si miras a un elefante solo por atrás, es un culo redondo con un rabo colgando.
Si lo miras por delante son unas orejas grandes, unos colmillos blancos y unos ojos divertidos.
El elefante es el mismo.
Tú eliges.
(escrito y dibujado por un humano)
