211 La queja

Verás. Hay cosas que hacemos que, en realidad, no sirven para nada.

No me refiero a entretenimiento banal, o pasarte la tarde del domingo pegado a Netflix.

De eso puedes sacar algún tipo de aprendizaje, sobre el mundo, o sobre ti.

Me refiero a pequeños gestos o acciones que hacemos prácticamente todos pese a su probada inutilidad.

Po ejemplo, abrir el grifo para llenar la bañera y toquetear el agua con los dedos para ver si ya está caliente.

O mirar fijamente a la olla de agua donde vamos a cocer los espagueti, esperando que nuestra mirada haga hervir el agua con más rapidez.

O la que está de moda en esta época:

Quejarnos, a todas horas, del calor que hace, a sabiendas de que eso no soluciona nada.

Lo que me lleva a pensar en la inutilidad de las quejas.

Son desagradables para el que las escucha

¿Te gusta escucharlas?

Si no te gusta… ¿por qué las lanzas sobre los demás?

A ellos tampoco les gusta.

A mí me enseñaron a que, si tengo problemas de salud, hable con el médico;

Si tengo problemas de dinero, hable con el banquero;

Y si me quejo de cualquier otra cosa, que me dirija directamente a aquella persona que me puede ayudar con el tema en cuestión.

Quejarse nos hace daño físicamente al estar hundiéndonos en la dificultad, sin resolverla.

Además, corroemos el humor del que nos escucha, frustrado, porque es incapaz de sacarnos de ahí.

Lo más probable es que se una: «pues anda que yo…»

¿Entonces?

(escrito y dibujado por un humano)

Avatar de Desconocido

Autor: Jon Elejabeitia

Cofundador NNexa. Arquitecto

Deja un comentario