Verás. Hoy has tomado un montón de decisiones.
Pero no voy a hablar de esas, de las de decidir si saco el perro a pasear, o que espere hasta mediodía. (¡sácale!)
Hay otras decisiones, las trascendentes, las que te llevan a cambiar la vida.
Y nos atascamos en ellas, y nos crean ansiedad y ocupan nuestros pensamientos un montón de tiempo.
Y ahí veo dos tipos de personas:
Las que toman este tipo de decisiones, pero luego no las llevan a término;
y personas que tienen un gran potencial, pero no toman la decisión.
Todo se puede resumir en un miedo a ganar o a perder.
No tomar decisiones importantes es un problema de no querer comprometerse con la vida.
Una decisión es simplemente soltar algo y coger otro algo con consecuencias que no conocemos y el riesgo de no saber manejarlo.
Todas las decisiones tienen en común tres cosas:
Tener la capacidad real para optar.
Reconocer que siempre hay varias alternativas.
Aceptar las posibles consecuencias que nuestra decisión pueda acarrear.
Es fácil intelectualizar las decisiones y usar la razón.
Pero es la emoción la que puede hacer que la abandones, que te de miedo o que optes por la alternativa menos lógica.
En un primer momento pensamos que las decisiones se basan en qué quiero y cómo lo voy a conseguir…
Sin embargo, las grandes decisiones la pregunta es ¿para qué lo quiero?
El problema es que no se define el qué quiero de una forma concreta y concisa, y no se conecta con el para qué.
Decidir es ir hacia algo.
(escrito y dibujado por un humano)

Sublime!! Y los dibujos la mar de conseguidos!! Qué gustazo de posts!
Abrazo
Me alegra que te gusten. Gracias por tu fidelidad