210 Decisiones

Verás. Hoy has tomado un montón de decisiones.

Pero no voy a hablar de esas, de las de decidir si saco el perro a pasear, o que espere hasta mediodía. (¡sácale!)

Hay otras decisiones, las trascendentes, las que te llevan a cambiar la vida.

Y nos atascamos en ellas, y nos crean ansiedad y ocupan nuestros pensamientos un montón de tiempo.

Y ahí veo dos tipos de personas:

Las que toman este tipo de decisiones, pero luego no las llevan a término;

y personas que tienen un gran potencial, pero no toman la decisión.

Todo se puede resumir en un miedo a ganar o a perder.

No tomar decisiones importantes es un problema de no querer comprometerse con la vida.

Una decisión es simplemente soltar algo y coger otro algo con consecuencias que no conocemos y el riesgo de no saber manejarlo.

Todas las decisiones tienen en común tres cosas:

Tener la capacidad real para optar.

Reconocer que siempre hay varias alternativas.

Aceptar las posibles consecuencias que nuestra decisión pueda acarrear.

Es fácil intelectualizar las decisiones y usar la razón.

Pero es la emoción la que puede hacer que la abandones, que te de miedo o que optes por la alternativa menos lógica.

En un primer momento pensamos que las decisiones se basan en qué quiero y cómo lo voy a conseguir…

Sin embargo, las grandes decisiones la pregunta es ¿para qué lo quiero?

El problema es que no se define el qué quiero de una forma concreta  y concisa, y no se conecta con el para qué.

Decidir es ir hacia algo.

(escrito y dibujado por un humano)

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Autor: Jon Elejabeitia

Cofundador NNexa. Arquitecto

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