Verás. Mi admirada amiga Graciela me escribió ayer desde Monterrey.
Es una gran escritora y, como tal, le gustan las historias.
El caso es que su hija le llevó una bolsa de calcetines desparejados, porque a ella le gusta imaginar las historias que hay tras ellos.
Un calcetín sin pareja habla de muchas cosas.
Habla de una pérdida, habla de un camino en solitario, quizá de una búsqueda de tu hermano gemelo…
Y… ¿lo aceptamos?
¿Aceptamos que este momento que la vida nos empuja a caminar solos es bueno para nosotros?
Al no estar ya la pareja ¿pensamos que hemos perdido el sentido de la vida?
Puede ser, porque el dolor es grande.
Sin embargo, Graciela me ensaña que no.
Ella encuentra otro uso para esos calcetines. Ya no abrigarán los pies de nadie, sin embargo, ahora tienen otra función distinta.
Ahora, llenos de piedrecita sirven de tope para una puerta.
Y aprendo lo cómoda y bella que es la vida cuando tienes una pareja como tú.
Y aprendo que, en realidad, la vida es para que la vivas tú, para que encuentres tu camino, aunque tu compañero de vida se lo hay tragado la lavadora.
Sigues siendo útil, sigue teniendo sentido tu vida, sigues teniendo un propósito para seguir aquí.
Solo hay que buscarlo.
Gracias Graciela.
(escrito y dibujado por un humano)
