Verás. Ayer estuve en la feria del libro de Madrid.
Compré 3 libros (Seguridad psicológica de mi querida amiga Bea Makovka; Contra el progreso, de Slavoj Zizek; y Contra la religión, de Mark Twain)
Viéndolos juntos me doy cuenta de que estaba yo un poco rebelde ayer con tanto «a la contra»
El caso es que de regreso a casa no me pude contener y me senté a la sombra de un castaño y empecé a leer.
Me sacaba de la lectura el continuo ir y venir de corredores.
¿A dónde vais almas de cántaro?
Nunca entendí eso de correr. Los deportes de equipo tienen su aquel, son entretenidos, hay estrategia, competición… y las cervezas de cuando se acaba el partido.
Entiendo que haya personas a las que les guste.
Pero ¿correr? ¿En serio?
¿Partir de un lugar para dar una vuelta enorme y regresar al mismo sitio de donde saliste, sudado, congestionado y dolorido?
Buff, se parece demasiado a la vida.
¿A quién se le ocurriría eso de que correr es sano?
Que no, que eso de correr es malísimo.
Que si machacas las rodillas, que si el correr evolutivamente es para huir del peligro, no para dar vueltas y vueltas al parque, que si el corazón no aguanta 8 horas diarias marmoteando frente al ordenador y luego ponerse un buen rato a 100…
Yo no lo pienso hacer. Y el señor entrado en los 50 que se acaba de parar delante y se dobla cogiéndose con fuerza el costado derecho, tampoco debería.
En los niveles más espirituales, el cuerpo no existe. Pero aquí estamos. ¿Es eso contradictorio?
No necesariamente, son distintos niveles de conciencia que no debemos mezclar.
El cuerpo no deberíamos usarlo como un fin en sí mismo, sino como un medio.
Un medio para poder realizar los aprendizajes de la vida, y darnos cuenta de que no es importante, de tal manera que no deberíamos prestarle tanta atención.
Solo la necesaria para que no de problemas en este tránsito.
(escrito y dibujado por un humano)

si tuviera aquí emoticonos te pondría unos aplausos como una casa! Jeje
abrazo