Verás. Ayer, mi amigo Marcos Cartagena presentó su segundo libro «Las 87 palabras más bellas y sabias de Japón» (muy recomendable y un regalo perfecto) en la librería Proteo de Málaga.
Marcos es muy de contar historias, lo que ameniza sus presentaciones un montón. Si te gustan las historias, claro.
A mí me gustan, y me quedé con esta:
Un hombre va por la selva. Camina despacio, apartando la maleza.
De repente, al apartar una hoja grande, aparece la cabeza de un tigre.
Se gira a toda velocidad y hecha a correr. El tigre, detrás, pisándole los talones.
Aumenta su velocidad; el tigre también.
Milagrosamente consigue subirse a un árbol y ponerse a salvo.
Descansa en una gruesa rama y, de vez en cuando, mira hacia abajo.
Ahí sigue el tigre merodeando alrededor del árbol.
Pasan las horas. El hombre mira hacia abajo, el tigre hacia arriba, sabiendo que tarde o temprano, el hombre tendrá que bajar.
Está ya atardeciendo y el hombre se da cuenta que los últimos rayos de sol están iluminando una gran mora.
Es enorme, y al trasluz tiene un color maravilloso.
El hombre la coge con cuidado y se la mete en la boca. La jugosa fruta suelta su néctar que sacia la sed del hombre y le llena de dicha.
Fin de la historia.
¿Eh? ¿Y el tigre? ¿se lo come, no se lo come?
Nos ilumina Marcos diciendo que las historias japonesas suelen tener un, «no final». No son redondas como las occidentales, donde hay un desenlace.
Son abiertas para que pienses en la esencia de la historia. En lo que la historia dice de tu vida.
¿Cuál es el tigre que te persigue? La angustia, el mal ambiente laboral, el estrés…
¿Y qué fruta no estás viendo?
Gracias Marcos.
(escrito por un humano)
