Verás. Todos tenemos una idea, más o menos abstracta, de lo que es empatía.
Y casi todos recurrimos a la metáfora de los zapatos.
Una definición un poco más seria sería: la empatía es la capacidad de comprender y compartir los sentimientos y emociones de los demás.
Según esta definición hay dos aspectos:
la empatía cognitiva, entender lo que la persona está pensando
la empatía emocional, sentir lo que la otra persona siente, experimentar sus emociones de forma directa.
Vale, pues, a veces (creo que muchas), empatía es «falsa empatía»
Esto ocurre cuando empatizamos desde el dolor.
Me explico.
¿Qué haces cuando te encuentras en una situación en la que una persona sufre?
Sufre por lo que sea, una situación física, emocional, financiera, conyugal, pelea con su padre… la fuente del sufrimiento da igual.
Generalmente la abrazamos, lloramos con ella, compartimos su dolor, preguntamos y queremos que nos de detalles (agudizando el dolor)
Eso es lo que considero falsa empatía, estoy identificándome desde el dolor.
Y si, en vez de esa sesgada condolencia (las cosas me duelen cuando les ocurren a mis amigos, familiares, personas a las que queremos, y nos dejan más indiferentes cuando les ocurren a otros)
Pues eso, ¿y si, en vez de mimetizarnos en el dolor, le ofreciéramos a la persona un ejemplo de alguien que está en paz?
Alguien que contempla la situación por encima del campo de batalla.
Alguien que está ahí, presente, con serenidad.
Simplemente expresando bondad, de una forma que la persona pueda entender sin miedo, y aceptar.
No eres alguien que se mete en el barco y naufraga con el amigo,
Eres alguien que muestra, desde su barco, la aceptación serena de los envites de la vida.
(escrito por un humano)