163 Lo sencillo

Verás. La primera vez que volé con mi hija, ella debería tener 4 o 5 años (a lo mejor exagero y tenía alguno más)

El caso es que estábamos en el aeropuerto rumbo a Barcelona.

Ella estaba muy emocionada con toda esta nueva experiencia de ruidos, personas que van y vienen, maletas y despedidas.

Pasamos seguridad y con las tarjetas de embarque en la mano le encomendé una misión.

Tenía que encontrar ella sola la puerta de embarque número 27.

Me mira con extrañeza y se le repito.

Sí, tenemos que ir a donde está el avión. Mira los números y llévanos a la puerta 27.

Se quedó paralizada unos minutos.

Miraba las señales, las flechas y a mí, alternativamente.

Yo no me movía, dispuesto a perder el avión si era necesario. Lo primero el aprendizaje (me repetía mirando de reojo el reloj)

Quería que mi hija fuera autosuficiente, que buscara la lógica de los números y las señales. Que dedujera el camino intelectualmente. Que pensara cómo solucionar este problema.

Y, sí, lo solucionó.

Pero no como yo pensaba (o habría hecho)

Se acercó a una persona vestida con el uniforme del aeropuerto y, con su mejor sonrisa, le preguntó cómo se llegaba a la puerta 27.

Volteó la cabeza triunfante y aleteando impaciente la mano gritó: ¡Vamos, vamos!

A veces (muchas) la solución de los problemas es mucho más fácil de lo que parece.

Y, a veces (muchas) está relacionada con personas.

(escrito por un humano)

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Autor: Jon Elejabeitia

Cofundador NNexa. Arquitecto

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