150 Gratificación inmediata

Verás. A mi perra, a veces le apetece salir a pasear, y otras no.

Salimos de todas formas.

Sin embargo, siempre, siempre, siempre, le apetece correr detrás de la pelota.

Ya sabes, ese juego absurdo de los perros que corren detrás de la pelota o el palo y te lo traen de vuelta para que se lo lances otra vez.

Eso, junto a una charla con mi amigo Luis, que tiene un negocio, que le va bien, pero que de vez en cuando se desmotiva.

Se viene abajo.

Le dije que buscara dos cosas.

La primera, motivaciones extrínsecas. Es decir, lo que te motiva es algo fuera, y más grande que tú.

Una aportación social,

la creación de puestos de trabajo para que puedan vivir familias de tu prosperidad,

una recompensa emocional cuando haces bien a otros…

Me dijo que sí, que ya lo hacía, pero, aun así, de vez en cuando caía en la desidia y la desmotivación.

Y me acordé de mi perra.

De la pelota,

De la gratificación inmediata.

Y llegué a la conclusión de que es maravilloso tener una visión.

Es ilusionante caminar hacia ella.

Nos hace sentir bien y anhelamos llegar a la meta que nosotros mismos nos hemos propuesto.

Sin embargo, también necesitamos la pelota, la recompensa menor, pero motivadora en el corto plazo.

Son como las metas volantes que nos van animando a terminar la carrera.

Eso sí, asegurémonos que de las pequeñas recompensas están alineadas con el bien mayor.

(escrito por un humano)

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Autor: Jon Elejabeitia

Cofundador NNexa. Arquitecto

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