Verás. Creo que soy un tipo de lector que busca. Como todos, estarás pensando.
Lo interesante es saber qué es lo que uno busca: entretenimiento, conocimiento, miedo, risa, congoja, llanto…
Yo busco en dos direcciones.
Por un lado, busco profundidad en el conocimiento humano.
Es decir, no busco tanto historias interesantes como personajes complejos, profundos, con dudas existenciales, que se enfrentan a enemigos internos y no siempre salen victoriosos.
Las historias son solo el escenario necesario, pues la acción ha de transcurrir en alguna parte.
Por otro lado, soy un lector bastante conceptual y estético.
Contemplo el texto como una obra de arte en la que me gusta que haya dos o tres “lecturas” superpuestas, cuyas capas se van descubriendo, muchas veces después de haber concluido la obra.
Me gusta que el autor me sorprenda con nuevas formas de decir algo, estructuras narrativas ingeniosas o juegos temporales que aporten al desarrollo conceptual de la obra.
Lo autobiográfico y la identificación con alguno de los protagonistas me parece irremediable.
A veces leo en tercera persona, como un observador de una obra de teatro más que como un actor de esta.
Esta visión me proporciona mucha más información literaria, sin dejarme llevar del todo por el devenir de los personajes.
Me parece fundamental que lo que leo me aporte ideas y formas distintas de abordar situaciones concretas: físicas, mentales o espirituales.
Me gusta acabar cada capítulo con preguntas, dudas y a ser posible aturdido con algo nuevo.
A estas alturas te habrás dado cuenta de que, en realidad, estoy hablando de la pareja.
De cómo es la persona que me guasta coger del brazo en el devenir de la vida.
(escrito por un humano)